Thursday 29 de February, 2024

ECONOMíA | 30-06-2023 00:10

Doble o nada: la apuesta de Sergio Massa

Con el ministerio de Economía en campaña electoral, el Gobierno se juega sus fichas para sortear dificultades y ganar más tiempo.

Hasta ahora, la combinación ministro de Economía-candidato presidencial con chances había funcionado en la región en pocas ocasiones y como resultado de un exitoso proceso de estabilización y crecimiento. El más renombrado fue el de Fernando Henrique Cardoso que aplacó la altísima inflación en Brasil y la condujo por una senda de módico crecimiento, pero sin alza de precios. Eso le valió la candidatura y la reelección presidencial.

La ambición

Sergio Massa, en cambio, llego al Palacio de Hacienda como último recurso en medio del “ruido de helicóptero” como confesó tiempo después el exministro de Vivienda Sergio Ferraresi. La promesa implícita de tranquilizar los mercados, bajar la tensión cambiaria e ir bajando la inflación la cumplió para ganar el espacio necesario para unificar la conducción económica (se eliminaron ministerios y hubo una sola voz en este campo) y generar un paragua protector frente a las críticas del sector K más duro. Pero una cosa fue parar la pelota y otra, generar juego.

Allí, en una entrevista a fin de noviembre con Jorge Fontevecchia expresó que su objetivo era llegar al segundo trimestre de ese año (que terminó este viernes) con una inflación debajo de entre 3% y 4% mensual. Sin mencionarlo, la contracara de este desafío era lograrlo sin afectar la actividad económica ni el empleo. Pero lograrlo también acrecentó el desequilibrio macroeconómico que Argentina viene arrastrando desde hace varios meses. “Forzar la actividad y el empleo tuvo un costo que se vio reflejado en el desplome de las reservas del BCRA. Desde inicios de año las reservas brutas cayeron en US$13.144 millones, al pasar de US$44.597 millones a US$31.453 millones”, es la conclusión del último informe de la consultora Eco Go, que además de monitorear precios realiza una indagación permanente de la interacción de la dinámica electoral con las variables macro.

Desde el inicio, la urgencia fue que el gran termómetro de la crisis argentina, el dólar, no se escapara. En realidad, la instrumentación de la política cambiaria desde 2019 y los sucesivos retoques lo transformaron en un tablero de control, en el que se observan con atención el “clásico” dólar libre, pero se agregan el dólar financiero (MEP o contado con liquidación), el “oficial”, los varios tipos de derivados según la retención o castigo tributario y la brecha cambiaria consecuente.

Y dos nuevas obsesiones: el saldo comercial de cada mes y el nivel de las reservas netas internacionales. No es fortuito: el ingreso de exportaciones récord histórico de 2022 ya se esfumó, víctima de la arbitraria política que el fijar el tipo de cambio en un valor por debajo del de mercado fomentó el adelanto de importaciones y no empujó las exportaciones. Conclusión: más cepo a las importaciones, problemas en la cadena de suministros a la industria y la riesgosa decisión de seguir operando con reservas negativas.

Actualmente, las Reservas Netas (excluyendo DEG -la unidad de cuenta del FMI-) se encuentran en mínimos históricos: son negativas en cerca de US$2.200 millones” anticipaba el último informe de Ecolatina. En este escenario, agrega, el Gobierno debía cancelar vencimientos con el FMI por US$2.700 millones esta semana (el 21 y 22 de junio) pero las autoridades decidieron postergar dichos pagos para fin de mes (un movimiento permitido dentro del reglamento del FMI) esperando algún desembolso que correspondería al cumplimiento de las metas del primer trimestre. En los libros, un ingreso, en la cuenta de reservas, nada.

Precisamente este descalce terminó poniendo un freno a la desaceleración inflacionaria y a partir de enero ya se estableció un piso del 6% mensual para pasar al 7% a partir de marzo. Con el primer semestre cerrado, las estimaciones privadas sobre junio alcanzan para proyectar una inflación del 135% para todo 2023.

Lo que viene

La brecha tradicional entre lo que se promete en campaña y el espejo de lo que ya se viene gestionando es un costado vulnerable evidente para Massa, pero también puede convertirse en el punto para apalancar su campaña. “La presencia de Massa entre las alternativas asegura una transición más tranquila hasta octubre. Pero, además, en este nuevo escenario, e independientemente de quien gane, el 2024 puede ser un punto de inflexión para Argentina porque las alternativas disponibles apuntan a normalizar la economía” pronostica Javier Timerman, socio gerente de Adcap. En esa línea, sugiere que será interesante ver si el Massa candidato empieza a desplegar medidas que requieran algún tipo de continuidad en 2024. “Ahora el acuerdo con el Fondo podría aportar algo de financiamiento fresco y ya se empieza a hablar de una nueva etapa del dólar soja”, sentencia.

Para la economista María Castiglioni, socia de la consultora C&T Asesores Económicos la situación es inédita porque queda claro que hay ministro de Economía que es el único que realmente gobierna (con el permiso de Cristina Kirchner algo por detrás) pero en medio de un panorama difícil. “Son meses difíciles para renovar vencimientos, la relación con el FMI y las reservas exhaustas, que si bien se usa el swap de China no alcanza para todo”, enfatiza. El desafío para el Massa-candidato, a su juicio, será entonces el de “mostrar algún resultado inmediato, financiando lo que tiene por delante y para eso deberá tener cuidado y acudir a su creatividad”, concluye.

La misión. En cierta medida, Castiglioni apunta a que como el actual ministro de Economía también acumuló desequilibrios y distorsiones para minimizar el efecto político (a través de los precios controlados, el congelamiento de tarifas, el retraso cambiario y el cepo) le quedan pocas herramientas para utilizar sin sacar del eje al precario equilibrio macroeconómico. “Lo único que está ajustando son los ingresos de los jubilados y las AUH que se compensan parcialmente con bonos.  Pero los otros gastos sí están aumentando (sueldos públicos y transferencias a pcias). Así que hasta las PASO creo que el objetivo será el de mantenerse a flote y luego verán”, concluye.

La consultora INVEQ subraya que los mencionados desbalances económicos persisten y se agudizaron en mayo (el último mes con cifras completas). “Por un lado, el resultado primario volvió a ser deficitario y así el rojo fiscal se profundiza, pese al ajuste que ya viene realizando el Gobierno y la balanza comercial presentó el mayor déficit de los últimos cinco años, dado el deterioro de las exportaciones afectadas por la sequía” destaca. Esto implica que la administración se despide -otra vez- de la meta fiscal acordada el año pasado con el FMI.

La dinámica electoral estará marcando la agenda del Massa-candidato, pero el monitoreo de las variables más sensibles para evitar un descarrilamiento tendrá ocupada su otro yo, el que habita el quinto piso del Ministerio de Economía. Mientras tanto, hay dos cifras que hablan con elocuencia de la crisis. La inflación persistente en la última década fue erosionando la demanda de dinero: el IERAL lo calculaba para fin de 2022 en 3% del PBI, un valor que es menos de la mitad que el módico 6,5% de 2015. Un dato clave para entender porque el tema de la dolarización se instaló con facilidad en la campaña. Pero también, detrás de las excusas y chivos expiatorios, queda claro que toda la turbulencia del escenario internacional no alcanza para explicar la pérdida de terreno de la economía argentina en comparación con sus vecinos: 5% de caída en comparación con 2017 mientras Brasil y Chile subieron 11% y 15% respectivamente. Un desafío mayúsculo a pura adrenalina.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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