ECONOMíA | 12-04-2021 10:39

La carrera electoral: claves económicas para llegar a octubre

Las principales variables bajo control y la incógnita sobre el futuro.

Este año, como todos los impares desde 1983, una sana costumbre, algo que se tornó tan poco novedoso como que es un factor que entabla un juego de mutua influencia sobre la economía. Hay opciones en materia de política económica que se hacen mirando el calendario para llegar al momento crítico de la decisión cívica con la sensación de calma, alejado del tradicional sube y baja de la economía argentina, este año agravado por los imponderables de la pandemia. Pero también es un camino de vuelta: el timing electoral posterga o anticipa decisiones, acelera dictados de leyes amigables (como la de subir el piso de Ganancias o instaurar un impuesto a la riqueza) y patea otras para cuando se disipe el calor electoral (como un eventual acuerdo con el FMI).

La receta para transitar de la mejor manera estos seis meses preelectorales (aun considerando una eventual postergación de un mes en las generales) obligó al Gobierno a delinear una hoja de ruta fijando las variables clave que inciden decididamente en generar dicho clima: nivel de actividad, inflación, dólar, emisión monetaria, déficit fiscal, poder adquisitivo y empleo. Un combo que, como toda la dimensión económica, no sólo depende de la buena praxis de ministerio a cargo, intervienen muchas manos y bolsillos y, de yapa, la evolución del COVID en Argentina.

Nivel de actividad. Luego de la caída de 10% del fatídico 2020, las proyecciones indicaban un rebote del 7% para este año. Si bien dejaría todavía un resto para terminar de recuperar el PBI pre-pandemia que ya estaba estancado luego de dos años de recesión, la clave estará en el grado de apertura que tendrá el comercio y la actividad económica en general, con especial énfasis en el sector informal y de servicios. La segunda ola y la lentitud en el proceso de vacunación juegan en contra, claro.

Inflación. La bestia negra del programa económico “de otoño”. Luego de ir ascendiendo desde julio pasado, parece estacionarse entre 3,5 y 4% anual. Pese a los esfuerzos en cortar el circuito de alimentación de los precios, siguen subiendo. Aun con congelamientos de tarifas, regulaciones y valores sugeridos, este promedio (que anualizado está entre 50% y 60%) marca el desborde monetario que se refleja en los bienes dolarizados y los de alimentos frescos, fuera del radar de la Secretaría de Comercio. La apuesta es que los precios se vayan alineando, según pronosticó el ministro Guzmán

Dólar. Como siempre, el talón de Aquiles de cualquier plan, por la dificultad de controlar lo que se carece. Luego del pico de octubre, en el que el tipo de cambio “libre” rozó los $190, las operaciones con bonos y el ingreso de divisas por mayores precios para las exportaciones fueron achicando la brecha, que actualmente está por debajo del 50% (contra 120% de su máximo histórico). Pero el nivel de reservas no aumenta en consecuencia y en cambio sí las operaciones de bonos que mantuvieron el contado con liquidación bajo cuerda. La duda se da por la sostenibilidad del programa a corto y mediano plazo. Por los próximos seis meses, si continuar administrando las importaciones no dificultaría la cadena de productiva y la actividad. Y luego de las elecciones, si no enfrentará una corrida contra reservas ya que sin ingresos extras de divisas el tipo de cambio oficial será difícil de mantener.

Salario real y empleo. Luego de la fuerte caída del año pasado, la recuperación del salario real fue una promesa casi electoral. Pero las paritarias se van cerrando en los términos esperados por Economía por lo que sólo aumentarían si la inflación queda cerca del 29% anual incluido en el Presupuesto aprobado para este año. Una tarea titánica que seguramente desembocará en la ejecución de cláusulas gatillo o en aumentos adicionales si el IPC no consigue bajar del 3,5% mensual promedio. El empleo seguiría cautivo de las restricciones (prórroga de la virtual prohibición de despidos y la doble indemnización) en el segmento formal. En el informal, tanto el empleo como el nivel de ingresos quedará sujeto a la profundización de la recuperación económica.

Tarifas. El retraso tarifario para el segmento domiciliario en el área metropolitano se agravó con la inflación, el aumento de la energía a escala internacional y la devaluación ocurrida en el último año. La proclamada actualización para recortar la diferencia quedó en medio de una discusión dentro de sectores de la coalición gobernante. Las provincias fueron actualizando los valores, pero la magnitud de subsidios

COVID. La llegada de la segunda ola de contagios y la aparición de otras variantes del coronavirus aceleró la decisión de volver a los aislamientos y amenaza con abortar el rebote de la actividad económica desde los niveles mínimos de mitad del año pasado. La tensión entre salud y economía ahora tiene otros nombres, pero muestra sus urgencias: si hay que “cerrar” ahora es mejor que más adelante, pero nadie asegura que sea temporal y, peor aún, que sea suficiente para frenar el rebrote.

Ahora.  Alentar la demanda mediante anabólicos como los planes de compra Ahora 12 y 18, entre otros, fue una forma de canalizar el poder de compra en sectores castigados. Sin embargo, es otra medida con algún costo fiscal y que podría encontrar también un freno en el cuello de botella en la producción, especialmente en bienes dependientes de la cadena de insumos importados, hoy jaqueados por la administración de divisas a cuentagotas.

Como se ve, un rompecabezas con piezas con vida propia y con restricciones de tipo fiscal, monetario y productivo, pero también gremiales y sociales. El economista Camilo Tiscornia, Socio de C&T Asesores anticipa la incertidumbre que trae este proceso: “los riesgos son que la inflación no baje porque se debe emitir mucho y porque hay desconfianza, que las restricciones por COVID sean muy fuertes y que el dólar suba más rápido porque no hay liquidación por parte de los exportadores”. Es el costo por apostar a la normalidad en un contexto anómalo. Pero el premio sigue siendo el de postergar un replanteo de todo el esquema económico sin la presión electoral encima.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

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