Jueves 25 de febrero, 2021

ECONOMíA | 04-02-2021 13:46

Vaca Muerta y la receta para dejar de ser la eterna promesa

El aumento en su productividad renueva las expectativas para que se convierta en un motor de la economía, si la energía deja de ser un botín político.

Nadie es profeta en su tierra. La información que sacudió el mercado petrolero en las últimas horas por la agencia independiente de investigación Rystad Energy, de Oslo, Noruega, daba cuenta de que YPF tenía en su haber un activo aún más valioso del que contaba hasta ahora. El informe, que ya anticipara el informe de la consultora local G&G Energy Consultants hace dos semanas y que alimentó los portales de noticias y los principales medios del país, pasaba revista a los cambios que hubo en las reservas de petróleo y gas y adjudicaba a Vaca Muerta un potencial de producción mayor de lo que se proyectaba.

Algunos adjudicaron las buenas nuevas de este reporte la suba que la acción de YPF tuvo en Wall Street: ayer, un 10% cortando la racha irregular de las últimas semanas. En lo que va del año, la acción que arrancó en US$ 4,52, todavía no alcanzó ese valor, por lo que la ganancia de ayer y los serruchos (alzas y bajas) en medio de los avatares de la reestructuración de la deuda de corto y largo plazo, se podría inscribir en el inicio de una senda ascendente o un chaparrón aislado. Al momento de decretarse la primera cuarentena (19 de marzo) la acción llegó a estar en US$ 2,57 pero hace un año había alcanzado US$ 9,70. El informe en cuestión, que recalculaba la productividad de la explotación de Vaca Muerta, atribuye la capacidad de producción a 140.000 / 150.000 barriles de petróleo diarios, casi 15% más que el pico de 120.000 que alcanzó en diciembre pasado. Pero lo que llama la atención acá no es la producción final sino el incremento alcanzado en la productividad: cuántas unidades por unidad de inversión. Y acá, Argentina picó en punta y alcanzó los mejores estándares globales.

El único problema que debería afrontar la empresa petrolera mixta es la inversión sostenida que debería hacer para poder ejecutar un ambicioso plan de inversiones prometido cuando su financiamiento externo está prácticamente bloqueado. La mentada reestructuración de su deuda, básicamente patear para mejor oportunidad más de US$ 800 millones que, entre capital e intereses, debería pagar este año, es sólo la tercera parte del total de inversiones que la compañía se comprometió a realizar frente a sus accionistas e inversores. La salida estaría en los contratos con socios estratégicos que, a cambio de ceder parte de lo producido, pudiera sellar con las firmas que ya estás operando en la zona. Un porcentaje menor es siempre mejor que la totalidad de nada.

Los analistas miran acá con dos aspectos que podrían torcer, para mejor, la tendencia de la salud financiera de la compañía, que hoy parece ahogarse en vencimientos que para cualquier otra empresa de su dimensión resultaría una cuestión natural. La primera es el potencial que tiene Vaca Muerta en gas que, a diferencia del petróleo, tiene un recorrido de largo plazo exento de las amenazas ambientales para su uso. El tiempo acá corre también su propia carrera: muchos economistas valuaron el yacimiento de la cuenta neuquina en cantidad de cosechas de la Pampa Húmeda. Claro, mientras no exista un cambio disruptivo en la utilización en toda la industria que lo haga inviable.

La segunda es la comparación con otras empresas petroleras que permiten afirmar que la valuación actual de la empresa es muy inferior a sus “fundamentals”. Tomando como referencia a otra gran compañía con preeminencia estatal, Petrobras, vemos que, en los últimos años, se generó una brecha a favor de la empresa brasileña que, en realidad, desnudó la fragilidad institucional de YPF: hoy por la reticencia del Banco Central a liberar divisas para cancelar sus obligaciones sino también por la dificultad para actualizar los precios del gas en boca de pozo o para asegurar las exportaciones de gas, por ejemplo, para los contratos a futuro que pueda celebrar.

La revalorización del activo estrella de YPF y del sector petrolero en la Argentina sólo será realizable si cambiar el chip de la política, de naturaleza “extractiva” a “generadora” de riqueza. Sobre todo, necesita un blindaje frente a las exigencias a las que se ve sometida, sin el cual, la promesa se quedará en eso.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

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