Lunes 10 de mayo, 2021

ECONOMíA | 31-01-2021 12:35

Davos y el reseteo del sistema económico

Desde el Foro Económico Mundial se alienta construir un nuevo capitalismo. ¿Es la versión que propone el Presidente?

Samuel Huntington (1927-2008), el polémico politólogo de Harvard, en su célebre libro “Choque de Civilizaciones” acuñó el término “hombre de Davos” como el modelo cultural globalizado que se ejemplificaba en la reunión que el World Economic Forum realiza todos los años, en enero. Los que allí concurren, en su mayoría personas que dirigen empresas y fondos de inversión, tienen, siguiendo el original término, mucho en común entre sí, a pesar de las diferentes nacionalidades y culturas de origen. El producto y también la palanca de un capitalismo global que, también, la pandemia del coronavirus puso en jaque.

El fundador del Foro Económico Mundial, el economista alemán Klaus Schwab, dirige desde 1971 esta organización sin fines de lucro que consiguió convertirse en el referente de una economía cada vez más interrelacionada. También fue incorporando nuevas tendencias y revalorizaciones que le marcan la cancha al mundo de los negocios. De hecho, el “hombre de Davos” ya no es una cuestión de género por la presencia de mujeres empresarias, y también líderes políticos, sociales. Las temáticas fueron excediendo el clásico intercambio entre los ejes políticos y económicos para ingresar en otros cuadrantes que cada vez pesan más a la hora de tomar una decisión en una compañía multinacional: la sustentabilidad, la lucha contra la pobreza extrema y ahora, la necesaria colaboración internacional para una estrategia sanitaria por la pandemia. Schwab lo sintetizaba, en la presentación de esa edición virtual, como “el gran reseteo” del capitalismo y más aún: del sistema global en su conjunto: “Hay una necesidad urgente para los participantes globales de cooperar en una gestión simultánea de las consecuencias directas de la crisis del Covid-19”.

Al asumir, Mauricio Macri aprovechó la invitación para asistir al cónclave suizo de la mano de quién se presentaba como su opositor-aliado: Sergio Massa. El año pasado, Alberto Fernández delegó la presencia al presidente de YPF, Guillermo Nielsen, un viejo conocido en el sistema financiero internacional. Este año, el propio Presidente aprovechó en el Foro la idea del reseteo mundial para retomar su posición crítica acerca del funcionamiento de los mercados globalizados. Lo había mencionado en el Encuentro Anual de ACDE del año pasado: “Hay que revisar el capitalismo”, sentenció. Y llovieron las interpretaciones de la forma y la orientación de tal iniciativa.

El sentido de un nuevo capitalismo

Esta visión no es novedosa, pero como otras voces críticas que apuntaban a desfases y desajustes propios de cualquier economía, la pandemia aceleró estos cambios. La élite mundial sólo se monta en estas corrientes que van formando un consenso mayoritario de a poco. Pero si bien hay unanimidad con los aires de cambio, las divergencias empiezan con la bajada a la realidad de los conceptos. Para Eduardo Levy Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella y fellow de la Brookings Institution “La idea de revisar el capitalismo es un significante vacío: cambia su significado según quién lo use”. Y explica su desconfianza en que a diferencia de lo impulsado desde Davos, “en el caso argentino es una excusa para justificar la intervención del Estado”.

Por su parte, el empresario Horacio Reyser, ex secretario de Relaciones Económicas Internacionales durante la administración anterior, ve inevitable que se cuestione un sistema que adolece de fallas y que demostró carencias a la hora de enfrentar la pandemia, que requiere más y no menos coordinación global. “El mundo marcha hacia un sistema basado en la integración y cooperación para resolver problemas que sólo se superan con una acción común”, subraya. Por eso no ve con claridad que la decisión argentina vaya en la dirección de integrarse más y no apartarse de las grandes corrientes de comercio y cooperación internacional.

Argentina no es la única en sufrir el impacto de la crisis. Incluso antes de declararse la pandemia, Chile vio como un (para nuestra visión) irrisorio aumento en el precio del boleto de transporte encendió la mecha de protestas masivas con una visión muy crítica de todo el sistema. Y en el eje de las discusiones estaba el “modelo económico” trasandino que tan buenos resultados había dado durante los 30 años de vigencia de la democracia, incluso con un fuerte retroceso en los niveles de pobreza. Pero la agenda se instaló en otra dimensión. “En dos economías exitosas, como Chile y Perú, se está dando un proceso de reconfiguración del modelo económico y una validación de nuevos parámetros políticos”, explica desde Chile Raúl Ferro, economista argentino-peruano y consejero de CADAL. A su juicio, hay luces amarillas en el tablero de control que tantas satisfacciones dio a los dos países en el último cuarto de siglo. Crece la demanda de beneficios sociales y más igualdad. En Santiago, incluso parte de la derecha gobernante aboga por institucionalizar el ingreso básico universal (IBU) en su eficaz pero cuestionado sistema previsional.

Efectos de la propuesta de Davos

En un reciente informe previo al Foro del World Economic Forum, se publicó un estudio de los países que más impacto habían acusado por la pandemia, tanto en su ingreso como en su condición sanitaria. El “Reporte de Riesgo Global 2021” indicó que Argentina está en una situación comprometida. Por un lado, muestra la caída del ingreso vs. la ayuda fiscal, ambos medidos en términos del PBI: mientras estima una baja de casi 12% en su producción, las asistencias están algo por encima del 5%. Una rara combinación de fuerte recesión con una módica ayuda. Una debilidad intrínseca de la economía argentina, exhausta en su financiamiento público, que la deja sin más posibilidades a la hora de atender una urgencia de largo aliento como la pandemia. En otro análisis, el informe relaciona dicha caída en el PBI con la cantidad de muertos por el Covid cada 100.000 habitantes, ubicando al país en el cuadrante de los que más sufrieron (en un lote compartido con España, Italia, México, Reino Unido y Estados Unidos y algo debajo de Perú y Bélgica) pero con un costo económico importante.

Los desafíos están a la vista. Por primera vez en mucho tiempo se va forjando un consenso acerca de las amenazas del presente y un escenario futuro deseado, quedando para la discusión las políticas particulares que se adoptarán en ese camino. Aunque en algunos casos el camino a recorrer sea más arduo. O como advertía en una conferencia del Foro Angelique Kidjo, cantautora de Benin y embajadora de buena voluntad de UNICEF para África, muchas de las discusiones asumen supuestos inexistentes en muchos países: moneda, democracias participativas o una clase empresarial. Falencias que vuelven al pilar de este proceso: lo que Levy Yeyati llama un “consenso disruptivo” sobre un programa para recuperar la inversión y el crecimiento, con inclusión laboral para reemplazar la administración de la pobreza a través de subsidios y transferencias.

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Tristán Rodríguez Loredo

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