Thursday 25 de April, 2024

ECONOMíA | 09-08-2023 09:06

Dólar imparable: una sangría administrada

La devaluación parcial retrasa el sinceramiento cambiario, pero gana tiempo electoral.

Hace algunos años durante una entrevista con el director del IESE de Barcelona, prestigiosa escuela de negocios situada en el top 5 europeo, dijo que lo que más sobresalían los alumnos argentinos era en su capacidad para improvisar ante un cambio de rumbo y su familiaridad con las herramientas financieras. Un elogio que se parece más al efecto no deseado de años de crisis permanentes y mantener el circuito de supervivencia en funcionamiento.

Los datos. Cuando esta revista esté en los kioscos, es probable que el Banco Central todavía esté juntando los dólares, yuanes, DEGs y todo aquello que sirva para cancelaciones por US$3.500 millones que culmina el 1° de agosto con un pago de intereses de US$830 millones. El agobio no sería diferente a otros años si no fuera por el derrumbe de los ingresos por exportaciones que dejó la sequía: -US$22.000 millones en la última estimación. Esa merma se ensañó con una economía vulnerable: no acumuló las divisas suficientes para afrontar la eventualidad y obligó a hacer la reconfiguración de la política económica justo en medio de la dinámica electoral. Por eso es lógico que la prioridad del Gobierno haya sido mantener la actividad económica, un logro que ya pasó la prueba de fuego: el peor trimestre fue el segundo y a partir de julio ya empieza a contar la recuperación de la campaña próxima y el interanual ya va comparando contra los bajos registros de 2022. El FMI recalculó los indicadores proyectados para este año: en Argentina el PBI caería 2,5% y una inflación de 120%, una cifra que parece conservadora.

Los precios. Hasta la tercera semana de julio, la proyección de Eco Go del IPC daba unas décimas menos que el 7%, casi una meta fijada por la política oficial luego del descontrol de abril y mayo. El cronograma electoral toma protagonismo e incide en el timing de las decisiones. Algo así fue lo que se dejó entrever con las idas y vueltas en la negociación con el FMI. Para evitar una reacción en cadena sobre una inflación ya demasiado alta, el Gobierno resistió la idea devaluatoria de los técnicos del Fondo para detener la sangría de dólares que vació las reservas del Banco Central y sigue acumulando deuda para financiarla. La solución ofrecida en lo que se quiso mostrar como un “acuerdo” del que todavía no había formalización, fue el de realizar una devaluación parcial y sectorizada. Una auténtica rara avis en la política cambiaria que llevó a más de una docena la cantidad de dólares vigentes, pero, sobre todo, afecta de manera todavía difusa a los productos que, como el maíz, tendrán otro valor temporal. Sebastián Menescaldi, director asociado de la consultora, cree que el mayor efecto impactará en agosto porque el dólar agro con el maíz no tanto en la carne y vacuna, (que pueden sustituirlo parcialmente), sino en aves porcinos y lácteos, aunque también dependiendo del clima: si tienen o no pasto, etc. “Además -subraya- en el resto de los servicios y bienes, estará afectado por el costo de reposición y las expectativas”. También apunta a que la forma en que, finalmente, se pueda cerrar el acuerdo con el FMI y cómo se tiene que pagar, es lo que te puede impactar en la brecha y en las elecciones.

El especialista Dante Romano, profesor del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral, apunta a que el dólar agro inyecta algo más de rentabilidad vía precios en una campaña 22/23 con rindes que cayeron casi a la mitad de lo esperado, pero generan una distorsión de precios que manda señales equivocadas. “El efecto principal es en el resultado del ciclo que termina. Para la siembra 23/24 es difícil anticipar si este ‘beneficio’ seguirá presente porque en la medida que se genere un nuevo plan económico y que sea sustentable, no será necesario un dólar agro”, aclara. En cuanto al impacto en los precios, sostiene que las medidas aumentan un ítem importante de los costos, pero la incógnita es la capacidad de trasladar eso a precios a través del aumento de los productos alimenticios, “algo muy difícil de hacer en un contexto recesivo”, explica.

Pérdida neta. Por su parte, el economista Salvador Vitelli, jefe de Research de Romano Group entiende que la devaluación parcial terminará siendo un mecanismo que le permita al BCRA morigerar ventas, pero no consolidar una tendencia positiva en términos de acumulación de divisas. “Una vez que se termine, volveremos a lo habitual, sin generar saldos contundentes que podrán oficiar de compradores netos y así revertir la tendencia del año”, señala. A su juicio, las reservas disponibles hasta noviembre dependerán de lo que finalmente suceda con el Fondo Monetario, “pero como está planteada la situación no me sorprendería llegar a tener -US$10.000 millones, que también puede acelerarse el drenaje de dólares en función de algún resultado de las PASO”, proyectó.

Mientas las “conversaciones” estiraban su final, el Gobierno decidía no sacar los pies del plato, utilizando lo que tuviera a mano para ir pagando servicios de la deuda con los recursos propios que ya no contaba. Esteban Domecq, presidente de Invecq Consulting, calificaba al segundo trimestre de 2023 como “para el olvido” porque no se cumplió ninguna de las metas acordadas con el Fondo para ese período (en gran parte por la sequía), pero con un margen mucho mayor al previsto. “Además, la situación siguió deteriorándose en julio y las reservas netas ya son negativas en US$7.500 millones; el nuevo acuerdo no se cierra. La situación es crítica y el tiempo apremia” enfatiza. La urgencia no es caprichosa. Los intentos por contener el dólar blue primero y luego el “contado con liquidación” (CCL) absorben energías y divisas. Según el cálculo de Vitelli, el desvío en el déficit fiscal (se propuso un -1,9% del PBI en el acuerdo con el FMI) ya había acumulado -1,1% en el primer semestre en lugar del -0,7% si no hubiera habido sequía. El año pasado había sido -1% y terminó en -2,3%, con lo cual se proyectaría un incumplimiento de la meta de 2023. Claro, en el segundo semestre las cuentas siempre se deterioran y, además, hay un raid de elecciones que auscultan cada medida del ministro-candidato que sigue gestionando el tiempo como su gran activo.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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