Jueves 18 de agosto, 2022

EMPRESAS Y PROTAGONISTAS | 20-06-2022 12:31

Justicia insumisa independiente e imparcial. Los presupuestos indispensables que sincelan el futuro de una gran nación.

La opinión calificada sobre la justicia, su relación con la sociedad y el flagelo de la corrupción.

Carlos Nayi de 63 años, es casado y tiene siete hijos. Es fundador de uno de los Estudios Jurídicos más importantes del país, con cuatro libros en su haber y cientos de trabajos publicados vinculados a su especialidad como penalista, es hombre de consulta en las causas judiciales más relevantes en su Córdoba natal y en distintas provincias. En esta ocasión da su opinión y analiza distintos temas vinculados a su profesión.

 

¿Tenemos en Argentina un Poder Judicial independiente, con la fortaleza necesaria para combatir la corrupción?

En nuestro país muchas veces se ha construido poder desde la corrupción y el peligroso juego de acumulación de poder es el eje central de la corrupción, un flagelo que viola las leyes de una nación, compromete el futuro de una república y ofende a Dios. Argentina es lamentablemente un péndulo, todo cambia rápido, incluso la moral colectiva dominante y si la Justicia es el eje en rededor del cuál gira todo el sistema social, la consigna innegociable que debe enarbolarse para combatirlo es “Umbral de tolerancia cero para con este enemigo que representa un atentado al orden democrático”.

 

¿Se puede democratizar la Justicia?  

La democratización de la justicia es inconstitucional. Desde el momento en que en nuestro país se ha adoptado la forma republicana de gobierno, se le ha asignado al Poder Judicial el carácter de poder estatal independiente, ingrediente sin el cual no se puede construir derecho, república o democracia. A partir de la augusta misión que desarrolla cada operador judicial, se debe construir día a día no popularidad, sino prestigio, protegiendo a los jueces y fiscales honestos y legalistas conforme la manda del art. 8.1 de la Convención Americana. Si nos apartamos de este camino se termina astillando la transparencia de los procesos judiciales.

 

¿Cuál es el concepto que tiene la sociedad de la Justicia?

Después de 38 años de democracia, actualmente el sentimiento dominante es el de desconfianza social respecto de la tarea del Poder judicial en la resolución de los conflictos cotidianos, razón más que suficiente para trabajar incansablemente para revertir el desprestigio social en la justicia. Es que el hombre de a pié cuando observa la dinámica de los procesos vinculados a hechos de corrupción y el tratamiento que se le brinda, termina invadido por un sentimiento de desrealización que se debate entre creencias, increencias y contracreencias.

 

¿Cuál es su opinión respecto de magistrados que sospechados de cometer graves delitos, siguen en funciones administrando justicia, enfundados en estrategias recursivas que se dilatan a lo largo de años?

La buena conducta de todo magistrado desde lo empírico es condición esencial para desempeñar su cargo. Desde la Constitución de 1853 a través del art. 96, se ha  adoptado un concepto que se ha transformado en un nuevo paradigma que se mantiene intacto en el art. 91 de la Constitución de 1949 y finalmente en la reforma del año 1994 a través de su art. 110: “Los jueces de la Corte Suprema y de los tribunales inferiores de la Nación conservarán sus empleos mientras dure buena conducta…” La buena conducta forma parte del deber moral que debe conservar todo integrante del Poder Judicial para hacerse acreedor de la garantía de inamovilidad. A cada magistrado a diferencia de cualquier otro ciudadano, se le debe exigir un plus en la observancia de un buen comportamiento tanto en lo público como en lo privado. No basta con ser idóneo, además debe ser honesto para  fundar credibilidad.

 

¿Tenemos una Justicia obediente y temerosa  del Poder de turno?

En mi Córdoba mediterránea no existe una estructura judicial endogámica que se nutre de familiares, amigos y complicidades para definir los conflictos. Debemos alejarnos de la idea de que la justicia como alguna vez se dijo, es como una mujer casquivana que corre detrás de quien hace sonar sus espuelas.

La justicia debe sobrevivir a los cambios políticos conservando independencia funcional y de criterio, manteniendo una relación consustancial con los nobles principios que inspiran el derecho vinculados a la necesidad de proteger la vida, libertad y patrimonio de cada ciudadano.

 

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