Jueves 21 de octubre, 2021

EMPRESAS | 09-10-2021 00:11

Argentina: tierra de contradicción

La capacidad de aprender y desaprender constantemente en un entorno que, como el local, nos desafía a diario con marcha y contramarchas.

Ya no debería sorprendernos cuando los eruditos del mundo empresarial recalcan que la facultad más valiosa del futuro será la capacidad de aprender y desaprender. O mismo cuando nos invitan a construir adaptabilidad por sobre planes rígidos como el método más correcto. En lo personal creo que es la suma de ambas: Hay que aprender a adaptarse. Esta afirmación, aunque muy de moda, no es nada novedosa. Desde antaño estudiosos de diversas ramas de la filosofía china destacan que la rigidez es sinónimo de muerte, y por su parte la blandeza y la vulnerabilidad es símbolo de vida y creación. El más acertado de los caminos es el camino en sí mismo. Menos causal y mucho más casual.  

¿Pero qué pasa cuando las tierras dónde uno se yergue los vientos soplan más fuerte y de manera cambiante que en cualquier otro lugar?

Argentina es en sí misma una tierra de contradicciones, el único lugar donde podemos mortificar al mejor jugador del planeta por no ganar nada y luego castigar a un entrenador por sacarlo a pocos minutos del final. Pueblo turbulento dónde los de acá sueñan con estar allá y los de allá mueren por volver acá.  País donde la ciclotimia es reina y el que circula por la banquina tiene las credenciales para criticar al que no lo hace. Tierra dónde ser “blando” es defecto y cuestión de supervivencia.

Ahora, ¿cómo afecta esto a profesionales del marketing? Aquellos que batallan por la atención en un terreno dónde la relevancia es por demás adversa y en un contexto la “no-publicidad” es un valor en sí mismo (por el cual la gente paga). ¿Qué pasa cuando poner al consumidor en el centro de todas las decisiones te puede jugar una mala pasada? Si este consumidor mañana piensa exactamente lo contrario a lo que pensaba ayer.

Tal vez no sea tan malo. Es paradójico que lo que el mundo recalca como la habilidad y el método del futuro para nosotros es una enseñanza que nos parece odiosa y casi cotidiana. Argentina será una mañana y volverá a ser otra distinta al día siguiente.  Aprendimos a atar con alambre en base a las circunstancias y suplicamos estabilidad.

¿Será por eso por lo que nuestro talento es tan valorado en otros entornos más estables?

Y entonces: ¿por qué seguimos quejándonos de las dificultades del ayer si nos preparan para el futuro? Quizás no sea más que otra de las contradicciones propias de nuestra tierra. Quizás aquello que odiamos de nosotros mismos, sea un verdadero valor que debiéramos abrazar. Así lo creo, así lo espero.

 

*Guido Lofiego es director de draftLine Argentina, el estudio creativo inhouse de Cervecería y Maltería Quilmes.

 

 

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por Guido Lofiego*

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