El 2025 dejó una definición categórica: la inteligencia artificial dejó de ser una promesa de futuro para convertirse en un requisito de existencia. Para las empresas, la disyuntiva fue tan simple como brutal: adaptarse o perder competitividad. En la Argentina, atravesada por un reordenamiento político y económico profundo, cada inversión exigió una revisión minuciosa. En ese contexto, la tecnología funcionó menos como un gesto de innovación y más como una palanca de supervivencia.
Para nosotros en The App Master, el año marcó un cambio de etapa. El debate dejó atrás la pregunta sobre si la IA era relevante y se concentró en cómo incorporarla en procesos críticos, con impacto real en el negocio. El foco pasó de la narrativa a la ejecución.
De la presentación a la producción
El balance del año permite identificar hitos concretos. El primero fue el salto definitivo de la prueba a la operación: la implementación de agentes y asistentes de IA para automatizar soporte, análisis y tareas repetitivas, tanto en proyectos de clientes como en la gestión interna. La inteligencia dejó de estar en la demo para integrarse en el día a día.
El segundo avance fue la madurez operativa, reflejada en el camino hacia la certificación ISO 27001. Este proceso no solo implicó sumar controles técnicos, sino también consolidar una cultura de seguridad alineada con estándares internacionales, un diferencial clave en un mercado cada vez más exigente.
En tercer lugar, la conexión global. La misión a Silicon Valley, con instancias de formación en Stanford y Berkeley, permitió fortalecer vínculos con actores como Salesforce y Oracle, y acceder a una mirada de frontera sobre el desarrollo y la aplicación de tecnologías emergentes. Esa experiencia confirmó una premisa central: la ventaja no está solo en conocer las herramientas, sino en traducir la visión global a la realidad regional.
Finalmente, y en esa misma línea, se desarrollaron workshops de transformación digital junto a las distintas gerencias de los clientes. El objetivo fue claro: involucrarse en los procesos internos y ayudarlos a identificar oportunidades concretas de digitalización, automatización y agentización en cada área. No se trata de imponer soluciones, sino de construir un mapa compartido de mejoras posibles.
La lección del año fue inequívoca: el valor aparece cuando la inteligencia se inserta en el flujo de trabajo —cobranzas, validaciones, reportes— y no cuando queda confinada a una presentación. El diálogo con los clientes se desplazó hacia indicadores de desempeño, retorno de inversión y gestión del riesgo. En ese terreno, el diferencial está en la capacidad de ejecución.
Proyección y desafíos para 2026
Con un calendario 2026 sin el ruido de procesos electorales, se abre una ventana propicia para la consolidación de relaciones y el crecimiento sostenido. Los desafíos pasan por mejorar la eficiencia sin resignar calidad y por retener talento en un contexto de competencia global cada vez más intensa.
Las oportunidades se concentran en la automatización de procesos, la modernización de productos digitales y la exportación de servicios hacia Estados Unidos, especialmente en verticales como energía, salud y alimentos y bebidas. En paralelo, la inversión se orientará al desarrollo de aceleradores de IA y al fortalecimiento de la seguridad.
En ese marco, la estrategia para el próximo año puede resumirse en un concepto: orquestación. Alinear personas, datos y procesos para reducir fricción operativa y dejar atrás proyectos aislados en favor de una integración de capacidades con impacto tangible en el negocio. Porque, en la etapa que se abre, la ventaja competitiva ya no estará en adoptar tecnología, sino en hacerla funcionar.
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por Matías Hilaire


















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