EN LA MIRA DE NOTICIAS | 18-10-2019 09:53

Cristina y Macri se aferran a la regla del tres

Aunque hablan en nombre de ideologías opuestas, comparten una curiosa obsesión numérica.

Si quisiéramos sintetizar al extremo el confuso momento histórico que atraviesa la Argentina, podríamos resumir tanta complejidad con una simple cifra: el número tres. Lleno de simbolismos religiosos y matemáticos en la historia universal, la regla del tres también rige las pujas terrenales que protagonizan Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri.

Veamos en qué ciclo histórico se apoya cada uno para atravesar con éxito el desafío electoral que definirá el futuro de sus respectivas carreras. Cristina adoptó el modelo 1973 de la puja política: regreso turbulento del líder “proscripto”, de la mano de un candidato presidencial tan parecido a un testaferro político que algunos temen que sea apenas un títere. El neocamporismo de hoy se inspira en aquella picardía electoral del ´73.

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También Macri apuesta su última carta proselitista a un año terminado en tres. Necesitado de un gran envión popular para dar vuelta una elección casi perdida, el Gobierno invocará mañana el triunfo alfonsinista de 1983, con una multitudinaria marcha oficialista hacia el Obelisco, donde el Presidente hará lo posible por emocionar al público anti K con una arenga inspirada en el histórico discurso de Raúl Alfonsín.

Desde el regreso de la democracia, el peronismo perdió tres veces las elecciones presidenciales, calcula el macrismo. Ayer Cristina hizo otro recuento parecido: con Macri, dice la expresidenta, termina el tercer experimento neoliberal fracasado del país. Ambos le rezan a la magia del tres.

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Pero la triangulación también puede ser una trampa. El Frente de Todos tendrá que resolver el complejo equilibrio de gobernabilidad interna que le espera si gana las elecciones. Ese gobierno tendrá tres patas en tensión: 1) Cristina con La Cámpora; 2) el peronismo duro, históricamente compuesto por sindicalistas y caudillos territoriales; 3) Alberto Fernández y sus amigos, que no son el poder real del PJ sino una subclase de gerentes bien pagos de la política con carnet peronista, que se exhibe y se esconde según la ocasión.

Por su parte, la experiencia PRO tampoco escapa a la maldición tripartita. Como las anteriores gestiones antiperonistas, el macrismo intentó armar su base de sustentación en un triángulo cuyos vértices fueron: la clase media poco politizada, el establishment económico y el radicalismo. Ese dibujo racional parece menos inflamable que la geometría justicialista, pero al final resulta tanto o más explosivo.

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Hay un hechizo más oscuro que condena a estas experiencias tripartitas por igual, cada una con su estilo: la triangulación corrupta. En la Argentina siempre aparece el negocio estatal, propiciado por el funcionario y ejecutado por el socio o el testaferro privado. Y en ese Triángulo de las Bermudas, se pierde cualquier proyecto de país.

*Editor ejecutivo de NOTICIAS.

por Silvio Santamarina*

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