Martes 7 de abril, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 17-02-2020 01:31

El doble comando goza de buena salud

Por ahora, cristinistas y albertistas siguen la fórmula de la bolsa de gatos peronista: mientras parecen pelear, se reproducen.

Resulta inquietante que parte del oficialismo, tanto militancia tuitera como funcionarios de alto rango, polemice abiertamente con el Presidente sobre un tema sensible en plena “luna de miel” de gobierno nuevo. Es cierto. Mucho más cuando esa parte oficialista gira en torno a Cristina Fernández y/o al kirchnerismo incondicional, de donde vino el grueso de los votos que sacó a Mauricio Macri de la Casa Rosada. Muchísimo más en plena pulseada a todo o nada por la colosal deuda argentina con sus acreedores financieros. Y sin embargo, el Gobierno parece asimilar y hasta aprovechar el humo y el estruendo del fuego amigo.

Alberto Fernández se sintió forzado en los últimos días a marcar sus diferencias con los que sostienen que en su gestión hay “presos políticos” que deben ser liberados. También volvió a recordar –como lo hizo durante toda la campaña electoral- que ni se pelearía con Cristina ni la obedecería como un pusilánime. En los manuales escritos y no escritos del saber político, semejante esfuerzo discursivo por parte de un líder para afirmar su liderazgo respecto de sus presuntos subordinados se lee como una debilidad alarmante. Pero si se analizan los efectos concretos de esta puesta en abismo de la autoridad presidencial, tal vez la lectura sea la inversa.

Con respecto a la discusión sobre los “presos políticos” que denuncia el kirchnerismo, el recalentamiento del debate interno ventilado en público puso al resto de la sociedad a pensar, forzada por la agenda paraoficial, en nuevos términos la situación judicial K: de cleptocracia procesada a dirigencia víctima del Lawfare. Ahora hasta los medios y formadores de opinión más antikirchneristas aceptan separar la paja del trigo, y calcular quién está más injustamente detenido o condenado. Y ya es tema instalado de conversación si sería más prolijo un indulto presidencial o una ley de amnistía, o si existen otros modos de presión institucional legítimos sobre el Poder Judicial para revisar fallos aparentemente arbitrarios.

En cuanto a las expresiones de Cristina sobre la herencia macrista y las ilegitimidades de la deuda nacional y sus grandes acreedores (porque los pequeños simplemente no son considerados víctimas ni victimarios), el resultado final de las aclaraciones presidenciales sobre su sintonía fina con la opinión de su vice no hizo más que reforzar la idea fuerza con que nació y triunfó la atípica coalición Fernández-Fernández: Alberto es el señor de rostro amigable que avanza tironeado por una rottweiler encadenada pero sin bozal. Quién es el amo y quién la mascota es la apuesta incierta que, a cada paso, debe asumir cualquiera que se anime a acercarse a la dupla. Temor y amor, dos caras maquiavélicas de la misma moneda con la que el Gobierno pretende saldar sus deudas en tiempos de vacas flacas.

Esa heterogeneidad de intereses e idearios que conviven en el poder, contra toda racionalidad, es, fue y será el peronismo: la bolsa de gatos que emite ruidos confusos, de riña y de multiplicación a la vez.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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