Viernes 14 de agosto, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 16-07-2020 14:48

El oportuno olfato de Elisa Carrió

Mientras oficialistas y opositores ensayan escenas de diálogo antigrieta, la exdiputada alza la voz para tomar distancia.

Se pueden decir muchas cosas sobre la eficacia y la consistencia de las estrategias de Elisa Carrió, pero lo que no se le puede negar es su extraordinario olfato para detectar, en tiempo real, los vaivenes del tablero político nacional, lo que le permite moverse cómoda por sus bordes, esquivando obstáculos, sin caer al vacío. Este es uno de esos “momentos Lilita”.

Mientras buena parte de la oposición institucional se distrae con las convocatorias espasmódicas del Gobierno al diálogo, Carrió se planta en la desconfianza esencial hacia todo lo que huela a kirchnerismo. Precalentando sus dedos tuiteros con la mira puesta en la etapa de duro sinceramiento económico y sanitario que se abre con la nueva fase antipandemia, la fundadora de la Coalición Cívica felicita públicamente a sus discípulos, elogiando su decisión de no sumarse al llamado presidencial para conversar en los términos ambiguos que el oficialismo entiende por unidad nacional.

Carrió también sugiere a su tropa en las redes sociales la necesidad de no abandonar el viejo caballito de batalla de la corrupción K, justo ahora que los “presos políticos” no solo disfrutan de buena suerte en Tribunales, sino que reivindican sus derechos a volver a los grandes negocios e incluso -como el caso de Julio De Vido- hasta se permiten marcarle la cancha al mismísmo Alberto Fernández. La reticencia de Lilita al acercamiento incondicional al Gobierno es lógica, en plena confusión interna de la coalición gobernante: no queda claro qué garantías podría ofrecer el Presidente para un acuerdo intersectorial cuando no se muestra capaz de disciplinar el relato de su propio bando. 

Por ejemplo, la mesa de encuentro de ONGs en la Casa Rosada, armada por el dirigente Fernando “Chino” Navarro bajo el lema “Argentina Armónica”, había logrado entusiasmar a medio centenar de organizaciones variopintas, pero al cabo de un proceso de depuración de la lista inicial, parece que apenas quedó en pie la invitación a menos de la mitad de los convocados. Este clima de incertidumbre creciente marea a muchos: el caos no es para cualquiera. Fiel a su olfato maquiavélico, la exdiputada “retirada” se enfoca en aquellos que nunca se distraen de lo que les conviene: Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Por eso Carrió no abandona la lógica de la grieta, aunque suene políticamente incorrecta.

Pero más allá de la experiencia y la formación intelectual de Lilita, que otros colegas también tienen, su capacidad olfativa responde más bien a la percepción hogareña del clima social, radar que se nutre de las coordenadas de la fe y de los contactos de ella con la red eclesiástica. En ese ámbito, también se percibe la necesidad de alzar la voz para llenar el vacío que la dirigencia política está dejando, al no responder con empatía a los miedos derivados de la tormenta perfecta que se cierne sobre los argentinos reales, no los de los relatos partidistas. Con esta inquietud, las cabezas de los principales credos religiosos acaba de emitir un documento conjunto a favor de “los derechos del pueblo argentino a relacionarse con Dios”, sumando así un reclamo más contra una modalidad de cuarentena que los gobiernos ya no se sienten seguros de poder sostener, aunque no se les ocurra nada más eficaz.

Mientras la política se muestra asqueada por el tufillo a Lawfare de las “cloacas y los sótanos” de la Inteligencia, los tribunales y la prensa, la clase media huele cada vez más a 2001, por eso se revalorizan olfatos como el de Carrió. A personajes estrambóticos como ella (o como Sergio Berni, entre otros), les toca interpretar a los millones de argentinos que, de tanto acostumbrarse al aroma a estiércol, temen que los convenzan de saborearlo.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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