jueves, noviembre 14, 2019

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 06-11-2019 15:59

El truco que Alberto Fernández aprendió en México

Las lecciones de marketing del presidente Andrés Manuel López Obrador para hacer pie en la difícil gobernabilidad mexicana.

En su primer viaje internacional como presidente electo, Alberto Fernández fue a buscar señas de identidad a México. Mientras se reacomoda institucionalmente el eje bolivariano que los Kirchner encontraron en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Brasil, a Alberto le queda la opción de referenciarse con el progresismo de Andrés Manuel López Obrador, más conocido como AMLO.

Más allá de las lecciones de marketing de la austeridad que el mandatario mexicano le confió a su colega argentino, también pudo apreciar el equipo albertista cómo se construye relato de gobierno apoyándose en la geopolítica. Una de las primeras medidas que tomó AMLO cuando asumió fue puramente simbólica: le mandó una carta al Rey de España y al Papa exigiendo que sus respectivos estados se disculparan por los atropellos humanos y materiales cometidos durante la conquista del territorio mexicano. La misiva no tuvo efectos concretos, como era de esperar, pero sí le sirvió a AMLO para posicionarse en la escena mediática global como un líder de peso, aunque no dejara muy claro cómo pensaba encarar los grandes problemas de su país en el siglo XXI, y no los del siglo XVI.

Eso se llama construir al enemigo, una estrategia que el kirchnerismo conoce bien. Pero en el caso de México, el enemigo perfecto para el relato progresista ya estaba construido, vivito y tuiteando desde el Salón Oval de la Casa Blanca. La relación de AMLO con Donald Trump le sirve a Alberto como un caso testigo de hasta dónde tensar el vínculo con el gigante del Norte, con quien el futuro presidente argentino promete preservar el diálogo.

El equivalente de la tensión entre Washington y Ciudad de México quizá sea, en el caso de Alberto, la tirante relación que propone Jair Bolsonaro desde el minuto cero del gobierno K. Aunque no se le hubiese ocurrido al albertismo construir su enemigo apuntando a Brasil, Bolsonaro parece no dejarle mucho margen para la convivencia pacífica. Aquí la situación está invertida: para sus propios intereses políticos internos, a Bolsonaro le resulta útil construir al kirchnerismo como su perfecto enemigo de marketing. El regreso de Cristina es el fantasma que agita Bolsonaro para asustar a los brasileños con la resurrección de Lula.

¿Cuál podría ser, entonces, el enemigo estratégico que podría elegir Alberto para apuntalar simbólicamente su gestión, mientras le busca la vuelta a la complicada economía nacional? No se sabe, pero siempre queda “la cuestión Malvinas” a mano, ahora que Londres flota a la deriva alejándose de Europa, ese viejo continente con el que el presidente electo argentino parece no desear una pelea. Por ahora es otra de las incógnitas que esperan el 10 de diciembre para empezar a despejarse. Para bien o para mal.

 

 

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Editor Ejecutivo y columnista de Radio Perfil.

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