jueves, noviembre 14, 2019

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 05-11-2019 11:58

¿Seguro que Alberto tiene un plan?

Los tiempos de definiciones se aceleran para el presidente electo, pero hay motivos que estiran la transición.

Cuando lo indagaron sobre su plan de gobierno durante la gira mexicana, Alberto Fernández contestó con una frase cortante: “El 10 de diciembre no es una fecha mágica”, dijo. La respuesta seguramente hace referencia al relato PRO, bastante soberbio e inmaduro, que se instaló en 2015 cuando Mauricio Macri aseguraba que con su sola llegada al poder se acabaría la inflación y lloverían dólares desde el Primer Mundo. Pero la frase de Alberto también pone el dedo en la llaga respecto de la duda que lo rodea, cada vez con mayor insistencia, a medida que se acerca el traspaso efectivo del mando.

¿Habrá un plan? Por ahora, la insistente convocatoria fernandista a Roberto Lavagna -el único que sí lo tenía y lo explicitó en campaña-, sugiere lo contrario. Tampoco ayuda a generar certezas la dilatada reacción de Alberto desde que triunfó en las PASO. Primero aclaró que todavía no lo habían elegido, pero cuando efectivamente lo eligieron, lanzó a los medios un variado elenco para coordinar la transición con el Ejecutivo saliente que todavía no puso manos a la obra. El albertismo aclara que no quiere apurar la transición porque la idea no es cogobernar hasta el 10 de diciembre. Pero ahora el presidente electo avisa, mientras se reúne con referentes regionales afines al sentimiento kirchnerista, que tampoco debe esperarse un arranque mágico a partir del 10 de diciembre. Todo indica que está tratando de ganar tiempo.

Esta necesidad de acomodamiento es lógica en el caso de Alberto Fernández, teniendo en cuenta que, hasta hace unos meses, ni soñaba con la posibilidad de convertirse en presidente de la nación. Cristina Kirchner no eligió a un estadista, con un plan transformador para la Argentina: a decir verdad, ella optó por una opción sorpresiva y confiable que le permitiera dar un paso al costado, sin bajarse del todo. Y encontró a Alberto, que hacía muy poco se había acercado a ella desde el llano de la política porteña.

Pero sería injusto tildar al presidente electo de improvisado, sin ponerlo en contexto con los últimos gobiernos de la democracia argentina, y en muchos casos, del mundo. Es casi un mal de época no tener un plan positivo para asumir el mando de un país: más que nada, prevalecen los objetivos reactivos de remplazar al gobierno anterior a cualquier precio, sentarse en el sillón, después ver qué tan sólida es la coalición improvisada para ganar las elecciones, y recién entonces, ir buscando con el método de prueba y error, algo parecido a un rumbo económico e institucional sustentable.

Por eso se demoran los nombres de un futuro gabinete, y se dilatan los anuncios de medidas de fondo que el país necesita tener claras con carácter urgente para relanzar expectativas. Alberto necesita más tiempo para que le termine de caer la ficha: pero ya es el nuevo líder de un país que, como viene sucediendo desde 1810, está impaciente por saber de qué se trata.

 

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Editor Ejecutivo y columnista de Radio Perfil.

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