Martes 27 de octubre, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 21-09-2020 10:49

Los peligros del Plan Aguantar

Alberto Fernández trata de activar un nuevo arranque de la gestión, aunque sigue apegado a su estilo de ganar tiempo.

Con el florecimiento de la temporada primaveral, el Gobierno trata de dar la sensación de un renacimiento de la gestión, dejando atrás, al menos simbólicamente, los obstáculos de los últimos meses. Pero ese aparente arranque que Alberto Fernández quiere transmitir a su equipo y a la sociedad está montado en un mecanismo conservador que consiste en mantener todo como está hasta que los vientos económicos y sanitarios mejoren. Ese Plan Aguantar suena lógico para un Presidente que viene haciendo tiempo desde que fue nominado candidato por su jefa, e incluso podría resultar eficaz, aunque tiene sus riesgos.

Mientras los bancos, financieras y ahorristas se acomodan a la letra chica del cepo reforzado al dólar, la Argentina flota en una especie de feriado cambiario encubierto. La intención oficial es aguantar con las pocas reservas que quedan en el Banco Central hasta que, pasada la primavera y el verano, las liquidaciones de la soja con precios en alza hagan el milagro del viejo “viento de cola” que hizo grande a Néstor Kirchner. Eso, más los ingresos extra que se esperan del nuevo sobreimpuesto a la riqueza que esta semana se sigue empujando en el Congreso, permiten soñar con un 2021 más “peronista” en términos de reparto de alegrías populistas de corto plazo.

La mismo tiempo que el Gobierno sigue haciendo de cuenta de que está a punto de concebir ese plan económico tan esperado por todos, la agónica cuarentena sigue sometiendo la cotidianeidad de los argentinos. Acaso para ir despegándose de un resultado sanitario no muy festejable, la estrategia de comunicación pandémica empieza a esconder al Presidente, que tanto se había expuesto con sus filminas cuando el virus todavía no pegaba fuerte en estas costas. Por esas paradojas del discurso K, Alberto Fernández se esfuma justo cuando los contagios y muertes crecen más en el interior del país: precisamente él, un porteño culposo que jura estar empeñado en construir un país más federalista. En la cuestión sanitaria también se trata de aguantar, esperando vacunas, remedios o cualquier viento milagroso.

Si la doble tormenta económica y viral no hace estragos políticos en los próximos seis meses, el oficialismo aspira a empezar el año escolar en marzo, con más producción y empleo, con paz cambiaria, y con Cristina Kirchner más satisfecha con su situación procesal. En ese idílico escenario, el albertismo piensa organizarse para salir bien parado en las elecciones legislativas, y con esa renovación de contrato, encarar nuevamente empoderado la segunda parte de su mandato. En los papeles, el Plan Aguantar luce esperanzador. La cuestión es llegar a marzo de pie y sin nuevos cisnes negros que empañen el panorama. De lo contrario, un efecto electoral adverso en la renovación parlamentaria del 2021 podría abrir un período de turbulencia inimaginable, que obligará a Alberto Fernández a asumir un desafío histórico donde no quedará más margen para ningún aguante.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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