Lunes 28 de septiembre, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 07-09-2020 12:20

Qué hacer con Mauricio Macri

El regreso del expresidente plantea un falso dilema para la oposición, que el Gobierno alimenta. Las lecciones del caso CFK que nadie quiere ver.

Por más que la glamorosa gira europea haya incomodado a muchos referentes de Juntos por el Cambio, ahora que Mauricio Macri volvió a la Argentina, su presencia resulta todavía más incómoda para la oposición. Recién llegado, el expresidente ya cometió su primer tropiezo: el intento fallido de acercarse a la madre de Facundo Astudillo Castro, que fue rechazado por el abogado de la familia con un tuit lapidario. El bochornoso episodio muestra la limitada movilidad política que le queda hoy a Macri en la opinión pública. Sin embargo, sería un error de cálculo decretar el fin de su carrera antes de tiempo.

 

A quienes señalan el descontento PRO con las frivolidades y la falta de autocrítica de su líder en capilla hay que recordarles la paradójica memoria de los políticos locales, a uno y otro lado de la grieta. Todos los días aparecen en las redes sociales videos de Sergio Massa y de Alberto Fernández hablando pestes de Cristina Kirchner y La Cámpora, lo cual demuestra que de todo se vuelve en la Argentina. Solo es requisito que la figura en cuestión siga representando el imaginario visceral e inconfesable del núcleo duro de sus votantes. Fue el caso de Cristina, y quizá sea el caso de Mauricio.

 

Puede que a muchos les resulte chocante las escenas de macrismo explícito que despliega el expresidente, liderando como un fantasma VIP desde la quinta Los Abrojos, y recuperando energías tras un mes de pasear por los mejores hoteles franceses y suizos de la mano de su esposa-trofeo nivel Instagram. Pero escandalizarse por eso y condenar su vigencia política es entender poco y nada la mentalidad de un sector grande y fuerte de su electorado, al que si no le alcanza el mango para escapar del encierro pandémico en la Argentina K, seguramente defiende -aunque sea en silencio- el derecho de Mauricio al aspiracional primermundista de la libertad y el confort de alta gama.

 

Con razonamientos parecidos aunque opuestos por el vértice, mucho filósofo peronista explicó que las carteras carísimas de Cristina o los vestidos de princesa de Evita no interfieren con la ideología populista, sino que, muy por el contrario, la alimentan, por un fenómeno de identificación fantasiosa de la masa con sus íconos. Hoy más que nunca, y no solo en la Argentina, los liderazgos fuertes desafían los modales políticamente correctos, con una gestualidad de la que Carlos Menem fue pionero.

 

Después de todo, otros referentes presuntamente más ubicados y circunspectos que Macri no destacan en los medios por escenas mucho más comprometidas socialmente: basta citar la reciente declaración de amor de María Eugenia Vidal en la tele, o el besuqueo de Isabel Macedo de Urtubey en Instagram, o la revelación de Jésica Cirio sobre los superpoderes amatorios de Martín Insaurralde, ya recuperado del Coronavirus. La frivolidad de Mauricio suena a discurso de estadista al lado de tanta imagen política inspirada en los viejos libretos de la serie vintage “Matrimonios... y algo más”.

 

Por supuesto que nada de esto podrá pronunciarse en las videoconferencias que mantendrá la oposición a partir del regreso de su expresidente. Todas las fichas estarán puestas en los desaciertos y errores no forzados del Gobierno, que todavía no tiene claro cómo lanzar de manera inteligente sus dardos contra los globos PRO que, sin prisa y sin pausa, empiezan a inflarse de nuevo, al calor del año menos predecible de nuestras vidas.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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