Domingo 12 de julio, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 11-04-2020 15:33

Todos unidos trotaremos

El Presidente cometió otro error no forzado en lo que va de la cuarentena. Cómo manejar el estrés sin estresarse aún más.

Venía bastante bien. Alberto Fernández y su equipo armaron una presentación clara y astuta, corriendo el foco de la polémica sobre los tests de Covid-19 y las medidas que no llegan al grueso de los golpeados por la economía cuarentenada. En cambio, se centraron en el aplanamiento de la curva de infectados y muertos, respecto de otros países, y en medidas puntuales de flexibilización geográfica y comercial del aislamiento preventivo obligatorio. Pero cuando el discurso profesoral parecía tener todo controlado, el Presidente habló demasiado y se apuró a poner sobre la mesa la innecesaria discusión sobre el permiso para salir a hacer running en plena cuarentena obligatoria. Uno de los errores no forzados más peligrosos en lo que va del encierro colectivo forzoso.

Se puede relativizar la gravedad del desliz presidencial calificándolo como un simple malentendido, apenas un blooper comunicacional. De hecho, inmediatamente salió toda la tribuna tuitera kirchnerista a tratar de boludos, forros y tarados a quienes creyeron escuchar que Alberto Fernández acababa de habilitar las salidas recreativas a correr alrededor del barrio. Es cierto que el Presidente no dijo eso, pero tampoco quedó claro todo lo contrario: habiendo tantas urgencias de sectores laborales y empresarios por volver a facturar, ¿qué sentido tuvo darle espacio en su mensaje a una actividad de relajamiento circulatorio que, por ahora, no sería autorizada?

Si el error de comunicación lo hubiese cometido Mauricio Macri, hoy estaría lleno de sabelotodos nac&pop explicándonos semiología, teoría de la comunicación y el poder de los medios para formatear la opinión pública: que el “framing” y el “anclaje” y bla bla bla, todo para concluir que, aunque en la letra chica oficial no diga que algo está permitido, el mero hecho de instalar el tema en casi cadena nacional a una audiencia desesperada por oír solo lo que quiere, ya se convierte en una promesa presidencial que se suma a las expectativas de liberación que arden en todos los hogares argentinos.

¿Qué tiene de malo que los runners puedan salir a correr al aire libre, respetando el distanciamiento social? Nada, al contrario, trotar hace bien. Salvo que millones de argentinos desde hoy se autoperciban runners, con todo el derecho constitucional a favor. ¿Qué es un runner? Más allá de la definición de los deportólogos, se trata de cualquiera que corra, y a los fines de la normativa vigente por la cuarentena, lo será cualquiera que quiera salir a la calle, siempre y cuando lo haga con equipo de gimnasia o algún outfit verosímil para sortear el chequeo policial. ¿Cómo evitará el Gobierno aglomeraciones de paseantes en jogging por las veredas de barrios populosos como Caballito, Almagro o cualquier centro urbano del país?

A quien estas escenas les resulten alarmistas, les recomiendo el video viral del intendente italiano que se queja de sus vecinos, a quienes nunca había visto salir a correr, aunque ahora todos se contagiaron súbitamente de la fiebre runner, disfrazados para sus falsas rutinas de gym callejero con los viejos trapos y zapatillas que hallaron mientras hacían limpieza de placares en cuarentena.

Es cierto que el Gobierno puede habilitar turnos, crear nuevos certificados de autorización, lanzar más apps de monitoreo ciudadano en la pandemia, y descentralizar todo el control de runners responsables en las autoridades municipales. Pero el propio Presidente reconoció, luego de su clase magistral en PowerPoint, que él puede dictar todos los decretos que se le ocurran para administrar la cuarentena, pero de nada sirven si muchos argentinos no lo obedecen.

Y de eso se trata todo este problema: de la autoridad presidencial. No para calcular el futuro político del dúo Les Fernández, sino para garantizar el éxito de la lucha argentina contra la pandemia. Aunque el acatamiento de la orden de aislarse viene siendo alto y con buenos resultados provisorios, todos los días nos aterran escenas de violaciones masivas de la cuarentena en varios distritos populosos del país.

Por eso es tan delicado el mecanismo de pasar a una fase de cuarentena “administrada”. El Presidente lo sabe. Superar la incultura cívica de ricos y pobres en unas semanas es utópico, pero ya lo era cuando asumió el mandato en medio de una crisis socioeconómica que precisamente requería un cambio profundo de compromiso ciudadano de todos los sectores sociales. Para lograr lo imposible, Alberto Fernández propuso un pacto, o como decía Cristina Kirchner en campaña, un nuevo contrato social.

Hasta ahora, ese llamado al acuerdo de empresarios, sindicatos, Iglesia y movimientos sociales no arranca. Bajo la presión del Coronavirus, el Presidente vuelve a insistir con un pacto de convivencia: ahora dirigido a los runners y aprendices del trote, en una cruzada patriótica que nos volvería a todos héroes accidentales, maratonistas de la paciencia y los buenos modales. Cada argentino convertido en Forrest Gump, el célebre personaje encarnado por Tom Hanks, quien sigue en recuperándose de su infección por Covid-19.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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