Una mirada contemporánea desde la lentitud
En un mundo donde la mayoría de las fotos existen solo como archivos en una pantalla, trabajar con procesos antiguos y materiales sensibles es para mí un gesto político y poético: recupera la dimensión táctil de la imagen y asume que el tiempo y el desgaste también forman parte de la obra.
Las técnicas experimentales que utilizo no son un regreso romántico al pasado, sino una forma de mirarlo desde el presente: revisar la memoria, honrar oficiosy decidir qué transformar.
Mi trabajo se construye en ese cruce entre lo analógico y lo contemporáneo, entre la imagen y el hilo, entre el archivo y el cuerpo. En esa tensión cuidada es donde mi obra encuentra su voz.
Proyectos como laboratorio
Mis proyectos funcionan como laboratorios en los que estas técnicas se entrelazan: no las pienso como recursos aislados, sino como un lenguaje que se construye obra a obra.
Combino cianotipos y bordados, libros de artista, fotografías intervenidas, piezas únicas e instalaciones. A veces el foco está en la memoria familiar y la herencia —material y afectiva—; otras, en el cuerpo que habita el territorio, sus marcas y desplazamientos.
Para mí, lo experimental es dejar que el proceso transforme la idea inicial: que la química, la luz, el tiempo y el error también hablen, asumiendo que no controlo todo.

Fotografía experimental: entre la memoria, el cuerpo y la luz
Mi práctica artística se sitúa en una conversación entre la fotografía experimental y los oficios textiles. Me interesa cómo los procesos fotográficos antiguos pueden convertirse en una mirada profundamente contemporánea.
Trabajo con cianotipia, fotografía estenopeica, solarigrafía, transferencias y bordado sobre papel y aéreo. En diálogo con un contexto saturado de imágenes digitales rápidas y descartables, elijo la lentitud y el contacto directo con los materiales
En mi obra, la fotografía deja de ser solo registro para convertirse en objeto: la copia no es un final, sino un punto de partida.

Técnicas antiguas, preguntas actuales
Me atrae de estas técnicas su dimensión física y ritual: sensibilizar el papel, preparar emulsiones, exponer la imagen al sol y aceptar que la luz también decide. Busco recontextualizar estos procesos antiguos para llevarlos al territorio de mis preguntas contemporáneas.
Trabajo temas como identidad, migraciones, duelos y memorias femeninas. Manchas, fallas y veladuras se vuelven metáforas de lo que la memoria no alcanza a nombrar.
La cianotipia, con su azul profundo, es para mí un espacio emocional: mar, origen, lo que se hunde y lo que regresa. La solarigrafía y la estenopeica me permiten pensar el tiempo extendido: imágenes que se construyen durante semanas o meses, donde la huella del sol y del paisaje se acumula en silencio.
Bordar la imagen: el hilo como escritura
El bordado aparece en mi trabajo como un gesto de reconciliación con el pasado y con mi propia historia. Técnica asociada a lo femenino y al ámbito doméstico, al tiempo lento de lo íntimo, al incorporarlo a la fotografía busco cuestionar y revalorizar esos saberes.
Cuando bordo, el hilo atraviesa la superficie y la vuelve cuerpo: la resistencia del material y la tensión del gesto forman parte del proceso. Cada puntada es un acto de atención y cuidado.
Así, la imagen deja de quedar fija en el plano y se expande hacia lo tridimensional. El hilo subraya, corrige o contradice lo que la fotografía muestra, funcionando como una segunda escritura: una forma de re-tejer historias.
@lucicalabrino.pintura
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por CONTENT NOTICIAS















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