Vivimos hablando de cambio. En las organizaciones, en los equipos, en los negocios y en la vida. Y aunque el cambio siempre existió, hoy sucede con una velocidad y una intensidad que muchas veces desbordan cualquier capacidad de previsión.
Reducción de estructuras, ajustes, incertidumbre económica, redefinición de roles, presión por resultados. Todo cambia. Y frente a eso aparece una frase repetida casi como un mandato corporativo: “Hay que adaptarse al cambio”.
Una especie de “cállate y seguí haciendo”, como un mantra de supervivencia organizacional que maquilla la resignación de una manera elegante.
Una obediencia emocional disfrazada de madurez.

El problema empieza justamente ahí, porque adaptarse implica resignarse. Implica intentar convencerse de algo que todavía duele, negar lo que incomoda o forzarse a estar de acuerdo con situaciones que generan miedo, cansancio o ambigüedad.
No hay que adaptarse al cambio.
Hay que aceptar el cambio.
Aceptar no significa estar de acuerdo. Tampoco significa entender todo lo que sucede. Significa reconocer que existen cosas que exceden nuestro control.
Las organizaciones no pueden controlar el mercado. Un directorio no puede controlar todas las variables externas. Un gerente no puede controlar cada decisión estratégica. Y un líder tampoco puede controlar cómo reaccionan emocionalmente todas las personas de su equipo.
La aceptación aparece cuando dejamos de pelear contra lo inevitable y empezamos a elegir dónde sí poner nuestra energía.
Porque siempre existe un espacio de libertad: la actitud frente a lo que ocurre.
La diferencia entre adaptación y aceptación es profundamente emocional. En la adaptación suele haber resignación, desgaste , obligación y enojo en olla presión. En la aceptación aparece serenidad. Aparece claridad. Aparece la posibilidad de elegir qué luchas vale la pena dar y cuáles simplemente necesitan ser reconocidas como parte de la realidad.
Aceptar es decir: “Esto no me gusta. No estoy de acuerdo. Pero hoy no está en mis manos evitar que ocurra”.
Y desde ahí, decidir.
En tiempos de cambio, esa diferencia no es semántica. Es humana.
Andrea Mónaco
Es Contadora Pública egresada de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). Se certificó como Coach Ontológica y en su tarea combina el mundo de las organizaciones con el del coaching ontológico.
Es autora del Libro “El Coach que las organizaciones necesitan” donde inspira a generar conversaciones que fortalezcan la confianza y permitan la construcción de realidades nuevas. Abriendo posibilidades y sosteniendo vínculos sólidos y así expandir la capacidad de transformación en directivos y equipos de trabajo.
Linkedin: Andrea Monaco
Instagram: andream.monaco
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