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SOCIEDAD | 15-05-2019 13:09

Robo 3.0: lo que hay detrás de la piratería online

Cada vez más sitios permiten ver series y películas de manera ilegal, sin pagar suscripciones. El increíble caso de "Game of Thrones".

Cada domingo por la noche, los fanáticos de "Game of Thrones" se dividen en dos: los que pagan algún tipo de suscripción a HBO, se sientan frente a la computadora o al televisor y ven el estreno del nuevo capítulo en vivo. Y los otros, los que no utilizan una plataforma oficial y deben esperar hasta que el episodio esté disponible en alguna web de streaming.

La existencia de sitios que retransmiten contenidos no es para nada nueva. Sin embargo, hay algo que sí cambió de forma radical en el último tiempo: hoy, los espectadores ilegales no necesitan conocer palabras raras como “crackear” o “torrent” ni tampoco deben ingeniárselas para encontrar links de descarga o subtítulos. Tampoco deben esperar días para mirar su show preferido sino, como máximo, dos horas. Mucho menos, como en los viejos tiempos, tienen que resignarse con un contenido de mala calidad. Los piratas on demand se instalaron, se profesionalizaron y su existencia transforma a la industria audiovisual del mundo.

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La oferta de los sitios de streaming es incontable. Sin embargo, el caso de "Game of Thrones" puso en relieve la dimensión que tienen estas páginas. Sin ir más lejos, según un informe de MUSO, una empresa que recopila los datos de decenas de miles de las webs piratas más grandes del mundo, el capítulo estreno de la última temporada fue pirateado 54 millones de veces en apenas 24 horas.La audiencia oficial, como contrapartida, alcanzó la cifra de 17,4 millones de espectadores en todas las plataformas que ofrece HBO.

Una pregunta obvia se desprende de los números: ¿es posible frenar la piratería? A pesar de los esfuerzos que hace la industria audiovisual para adaptarse a las demandas de las audiencias y de las legislaciones que tiene cada país para controlar la distribución ilegal de contenidos, los expertos dudan de que vaya a desaparecer. Y, en algunos casos, aseguran que estas páginas terminaron por convertirse en un actor más de un mercado insaciable.

Streaming. Hace algunos años, poder mirar una película o una serie por fuera de las vías oficiales requería que el usuario la descargara de internet, en general, desde torrent, palabra más que conocida en el mundillo de la web. Sin embargo, ese modelo de acceso a los contenidos empezó a ser reemplazado por el streaming: “Ya no tiene sentido descargar porque tenés todo online. El avance de las nuevas tecnologías y el mejoramiento del ancho de banda fue fundamental y hoy podemos mirar con rapidez”, explica Pablo Granate, CTO de Streamweb.

En Argentina, uno de los sitios de streaming más conocidos fue Cuevana. Fue creado en 2009 por Tomás Escobar, un joven de 19 años, y en poco tiempo alcanzó los 15 millones de usuarios por mes. El éxito llevó a Escobar no sólo a las tapas de las revistas y a tener conversaciones con productoras de Hollywood sino también a la Justicia, donde tuvo que enfrentarse a acusaciones por violar derechos de autor.

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Cuevana cerró y Escobar siguió su carrera por otro camino. Sin embargo, la marca, la estética y el modo de funcionamiento del sitio fueron clonados y hoy existen bajo nombres como Cuevana2 o Cuevana3 aunque se desconoce quiénes son sus dueños. En paralelo, una incontable cantidad de sitios similares fueron apareciendo. Son páginas cada vez más fáciles de usar, más intuitivas y algunas ofrecen la posibilidad de enviar alertas según los gustos de cada usuario.

La publicidad es el gran negocio de estos sitios. Poder reproducir un video requiere que el espectador deba abrir por lo menos cuatro ventanas diferentes en las que siempre se publicita lo mismo: webcam eróticas, maneras fáciles –y engañosas– de ganar dinero, videojuegos sexuales, etcétera. Según Granate, hay empresas que se dedican a vender este tipo de anuncios, que jamás se verán en un medio tradicional, a las páginas que cobran por cada click. “No hay una regulación establecida y clara sobre qué tipo de publicidades se pueden mostrar y para qué público. Tiene mucho que ver con el perfil del sitio en el que estemos navegando”, cuenta Beatriz Busanich, magister en propiedad intelectual de FLACSO y miembro de la Fundación Vía Libre.

Para Juan Gregorio Pozzo, abogado especialista en nuevas tecnologías y ciberseguridad y ex representante de Cuevana, “el riesgo es que muchas de estas plataformas ilegales, junto a la publicidad, pueden agregar cosas que tienen que ver con accesos no autorizados a los dispositivos. Instalan plataformas que acceden a los datos de navegación o comportamiento, a datos personales o a archivos del sistema. En mi experiencia hemos detectado casos de sitios que ofrecen, dentro de las capas publicitarias, redireccionamientos a páginas que hacen ‘fishing’ o que ingresan archivos peligrosos o dañinos”.

Imparables. A pesar de que pueden conllevar riesgos y de que cualquiera puede leer el cartel de “amenaza detectada” que envía el antivirus cada vez que se abre un sitio sospechoso, los usuarios encuentran en estos sitios algo que lo satisface. Pozzo explica un punto no menor: “Latinoamérica siempre estuvo bastante castigada por la industria hollywoodense porque los estrenos solían llegar entre seis meses y un año después. Estos sitios surgieron por la necesidad de un público numeroso que no tenía las mismas posibilidades de acceso que el norteamericano. Y eso transformó a las productoras que, hace unos años, empezaron a dar los estrenos en simultáneo en Estados Unidos y el resto del mundo para evitar la piratería”.

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Sin embargo, poner mismo día y horario para todas las regiones no fue suficiente. Busanich complejiza el asunto: “Estas páginas subsisten porque hay una necesidad que el mercado no cumple. Primero, no todos están dispuestos a pagar una suscripción mensual. Segundo, hay personas que quieren tener mejor cuidado su derecho a la intimidad. Y tercero porque no todo lo que uno tiene ganas de ver está disponible en estas plataformas. Hay muchas películas viejas, mucho cine internacional, muchos clásicos. Hay mucho para ver y hay un mercado desatendido del cine alternativo, del cine independiente”.

Para Granate no hay un interés fuerte por parte de las plataformas oficiales de detener esto: “El de HBO es un ejemplo ya que no se preocupa en que su plataforma sea lo suficientemente robusta. Con "Game of Thrones" se colapsa. Podés pagar por cien usuarios pero si no contratás más ancho de banda, obviamente que no va a funcionar”.

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El primero en comprender el beneficio del pirateo parece haber sido, cuando no, Bill Gates, quien en 2006 pronunció una frase que sorprendió: “Usen software pirata, pero que sea Microsoft”, pronunció en alusión a los consumidores de India y China. La única forma de ganarle a su competidor Linux era instalando su marca y apelando a un crecimiento a largo plazo. La pirateria, así analizada, puede ser un gran aliado de los gigantes.

Demanda Metallica. En abril del 2000, Metallica demandó al sitio Napster en una corte estadounidense. El motivo: su reciente single “I desappear” había sido descargado por 300 mil usuarios de forma gratuita. El sitio, que tenía apenas un año de vida y había logrado 38 millones de usuarios, desapareció un año después.

La decisión judicial fue vista como un apoyo a la industria tradicional. Sin embargo, los tiempos cambiaron y en una entrevista que dio en en 2018 el baterista de Metallica, Lars Ulrich, reflexionó: “Creo que podríamos habernos educado mejor sobre cómo funcionaba esto y lo que significaba para la gente”. En la actualidad, el músico mantiene una gran amistad con Sean Parker, cofundador de Napster y actual inversionista de Spotify.

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Argentina, país pirata. Como suele suceder con cualquier actividad clandestina, es difícil tener números exactos acerca de cuántas personas comparten y consumen contenido ilegal en internet. Sin embargo, hay espacios como el blog FreakTorrent o empresas como MUSO que analizan los datos y los dan a conocer. Uno de los más impactantes del último tiempo fue el del capítulo estreno de la última temporada de “Game of thrones”, que se pirateó 54 millones de veces en 24 horas frente a una audiencia oficial de 17 millones.

Este asunto, de escala global, tiene una particular penetración en la Argentina. Recientemente, la Oficina del Representante de los Estados Unidos publicó su informe anual especial en el que destaca a los países que no cumplen con las normas de protección de derechos de autor norteamericanas. Nuestro país quedó ubicado en la lista de “Priority watch list” (lista de vigilancia prioritaria) junto a Algeria, Chile, China, India, Indonesia, Kuwait, Rusia, Arabia Saudita, Ucrania y Venezuela.

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