SOCIEDAD | 01-02-2022 14:10

Espiritualidad hippie chic y playera: máximas y prácticas de la nueva tendencia

Clases de yoga en la arena y meditaciones al amanecer frente al mar. La moda de esta temporada en la Costa Altántica.

Zumba, gimnasia aeróbica o voley son modas del pasado. Las actividades que ofrecen la posibilidad de desconexión, autoconocimiento y paz se convirtieron en las preferidas de la temporada 2022. Las clases de yoga en la playa y los encuentros de meditación frente al mar convocan turistas de todas las edades. Y, cada vez más, las marcas, los paradores y los hoteles intentan generar este tipo de espacios entre sus propuestas. La espiritualidad hippie chic llegó a la costa.

Las clases de yoga son el fuerte de los paradores más exclusivos así como de los hoteles, que organizan actividades en los espacios comunes para sus huéspedes. Las meditaciones guiadas, en cambio, son las predilectas de quienes desean tranquilidad al aire libre.

Eugenia Fariña es profesora de ayurvedic yoga en Pinamar y, aunque tiene un espacio en donde da clases regulares a lo largo de todo el año, desde hace tres veranos comenzó a trabajar más fuerte en temporada. Este 2022 la encontró al frente de un proyecto en el parador del Espacio Marketing Registrado, en el balneario El Pájaro y en un hotel en Valeria del Mar llamado “Valeria House”. Reconoce que “el yoga está de moda” y que la visibilidad que tiene la disciplina desde hace un tiempo hizo que se convirtiera en otra actividad turística.

Silvina Lamorte también es profesora de yoga y, en su caso, apostó por las meditaciones destinadas a turistas. Cada martes, jueves y sábado hace una convocatoria abierta para quienes quieran contemplar la salida del sol con una meditación guiada en el balneario Cozumel, en Cariló. Además, este verano organizó una jornada en el Glof Club de Cariló. “Antes, estas eran actividades más hippie y ahora vemos que eso cambió porque tienen un interés muy particular por auspiciarlas, algo que en otros tiempos no sucedía”, cuenta.

Anti estrés

Tanto Eugenia como Silvina coinciden en que una de las señales que prueban la explosión de este tipo de actividades es la variedad de personas que se suman, y coinciden en que este verano hubo una particularidad: se sumaron cada vez más varones a clases que, en otro momento, eran consideradas exclusivamente del universo femenino.

“Hay de todo. En la segunda quincena hubo una nena de 13 años que vino con los padres y una señora de 80 todo el mes. En mis clases anuales hay muy pocos hombres, pero en la temporada vinieron muchísimos más”, asegura Eugenia. “En enero vino una madre con su hija a casi todos los amaneceres y hace unos días apareció un grupo de chicos de veinte años que habían madrugado exclusivamente para la meditación. Me gusta que estén viniendo más varones. En el último encuentro, vino uno de unos 40 años porque su novia le había dado la recomendación y un señor bastante más grande, de unos 60”, agregó Silvina.

La búsqueda de todas estas personas es la misma: encontrar una actividad “anti estrés. En estos encuentros veraniegos se encuentran personas habituadas a este tipo de actividades con otras que se suman por primera vez. Por eso, la búsqueda de las docentes está vinculada a generar un momento que pueda disfrutar tanto un principiante como alguien con experiencia.

Eugenia reconoce, de todas formas, que el modo vacaciones influye en la forma de dictar sus clases. “Nuestra intención es que puedan conectar con su cuerpo y sentirse bien. Lo que hacemos en un balneario no es una clase de yoga pura. Sí trabajamos en posturas, pero dejamos afuera toda la filosofía de la disciplina y toda la teoría porque en este tipo de espacios es muy difícil transmitirla”, sostiene.

“En mi caso, la idea es ir guiando la meditación de la salida del sol para que también las personas se enfoquen en la contemplación. Creo que las pantallas, el ritmo de vida que llevamos y la cantidad de estímulos a los que estamos expuestos hizo que dejemos de contemplar. Estar ahí frente a semejante espectáculo de la naturaleza te recarga de energías”, agrega Silvina.

La jornada que organizó en el Golf Club de Cariló, a diferencia de las que realiza frente al mar, se hizo al atardecer y con música. La consigna era ir vestido de blanco.

Todo público

Tanto las clases de Eugenia como los encuentros de Silvina son gratuitos y abiertos al público. La idea, coinciden, es que los turistas se animen a probar algo nuevo en un contexto diferente al de sus rutinas. En la mayoría de los paradores donde se realizan actividades de este tipo se repite la misma modalidad.

La rentabilidad de estos espacios, en temporada, no viene de la mano de una cuota que tenga que pagar el alumno. Los paradores y hoteles contratan instructores para hacer una diferencia frente a sus competidores y hay cada vez más marcas que sponsorean a los profesores particulares, como en el caso de Eugenia, que, cuando termina cada meditación, les ofrece como regalo a los participantes colágeno de una marca que intenta hacer crecer su visibilidad.

Atrás quedó la moda de los balnearios que ofrecían actividades deportivas bajo el sol con la promesa de quemar calorías. Este año todo el mundo quiere descansar y relajarse.

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Giselle Leclercq

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