Martes 21 de septiembre, 2021

SOCIEDAD | 05-06-2021 13:09

Pandemia: 8 de cada 10 argentinos tienen problemas de la salud mental

El agotamiento es generalizado y aún más drástico en los hospitales. Creció la demanda por atención psicológica. Casos testigo.

“Problemas de salud mental vamos a tener todos”, lanzó la ministra de Salud Carla Vizzotti en una entrevista televisiva. La rama más tabú de la medicina toma por fin relevancia en la pandemia y el panorama es desolador. Un 80% de la población padece malestar psicológico y la mitad necesita atención profesional, según un relevamiento publicado por el observatorio de Psicología de la UBA. En un panorama inédito en la historia, las autoridades apuestan por el “cuidado colectivo” para contener el estrés generalizado que aumenta sin parar.

Especialistas consultados por NOTICIAS coinciden en que la angustia, irritabilidad, estrés, cansancio y alteraciones de sueño o alimentación son manifestaciones que lejos de constituir un diagnóstico ya forman parte de la “nueva normalidad”. Las capacitaciones en salud mental permitieron a los trabajadores esenciales “ayudar psicológicamente a alguien sin patologizar: simplemente acompañar a la población”, señala a NOTICIAS el psiquiatra y director nacional de Salud Mental y Adicciones, Hugo Barrionuevo. El desgaste generado por el virus, advierte el funcionario, se percibe tanto en los llamados a las líneas de contención como en los programas territoriales como el Detectar. Y también en los contagiados.

Ignacio Amiconi (29) es fotógrafo y desde el 2020 retrata las consecuencias sociales del Covid. Durante la segunda ola se contagió y pasó casi un mes aislado. “Me afectó mucho la incertidumbre, tenía un síntoma y ya estaba esperando el otro y después el otro. No tenía un final”, cuenta a NOTICIAS. “Ahora ya no entreno por si me agito y eso perjudica mis pulmones. Cuando estuve contagiado tuve mucho mal humor, tristeza y hasta llanto, porque tomaba paracetamol y la fiebre no bajaba. Pensás ‘¿cuánto va a aguantar el cuerpo la fiebre? ¿y el dolor de pecho?’ Fue muy difícil”. La médica, docente y comunicadora Sol Ferreyra (32) pasó 13 días intubada por Covid. Cuenta que cuando fue a hisoparse recibió violencia institucional por parte del hospital: “Creo que no es más que el maltrato que ellos seguramente reciben como trabajadores, pero toda esa violencia se traslada al último eslabón que es el paciente”, asegura.

Contención

“No se puede interpretar en términos individuales un fenómeno con causas en un factor externo. Es muy importante ponerlo en clave de lectura colectiva”, opina la psicóloga Julieta Camels, a cargo de la Subsecretaría de Salud Mental en el Ministerio de Salud bonaerense. Y destaca las líneas de escucha telefónicas: “La posibilidad de que alguien escuche tu padecimiento y te ayude a pensar qué hacer es algo inédito en el Estado; ha sido crucial para mucha gente”, asegura. Más que una instancia tratamental, se trata de una “política de cuidado” centrada en la prevención. NOTICIAS consultó específicamente a las autoridades por mediciones o indicadores propios sobre salud mental, pero llamativamente no hay ninguno. Tampoco hay relevamientos sobre la salud mental de médicos y personal de salud. Sin proyecciones a futuro, resulta difícil pensar acciones planificadas: solo se puede gestionar la urgencia.

“La fantasía de dejar la profesión está circulando mucho entre el personal de salud. Esto va a dejar secuelas inmediatas, sí, pero también va a ser como la guerra de Malvinas, donde quedaron los veteranos padeciendo traumas de la guerra. La situación es muy dura”, describe Juan Carlos Tealdi, cirujano y director del Comité de Ética del Hospital de Clínicas. Amelia Franchi, médica e integrante del Comité de Bioética del Hospital Eva Perón, complementa esta mirada: “Desde la medicina estamos al límite, pero también del otro lado están desesperados. El equilibrio es muy difícil de resolver”, lamenta. Nunca antes el personal de salud necesitó contención como en este pico de la segunda ola, con las camas al límite y pacientes internados cada vez más jóvenes. “De todos los recursos sanitarios, el más crítico es el humano”, define Pablo Maciel, secretario general de CICOP, gremio de profesionales de salud de la PBA. Habla de pluriempleo y desgaste, algo tristemente usual, sobre todo, en médicos intensivistas. La pandemia invirtió el escenario: los que cuidan ahora tienen que cuidarse y no es algo a lo que estén acostumbrados. Los aplausos primero y la sobreexigencia después, el temor a contagiarse o contagiar a sus familias, la pérdida de amigos, colegas y pacientes son hechos que prometen dejar secuelas a largo plazo.

Y todo parece apuntar a que las secuelas del Covid también. Ferreyra tuvo “muchos olvidos y falta de concentración'', y dice que reconstruyó su internación “a partir del relato doloroso de familia y amigos. Hasta que un día tuve que pedirles que dejen de contarme lo que habían pasado, prefería seguir pensando que dormí como un bebé”. Desde que salió no paró de recibir mensajes en sus redes de personas que atravesaron lo mismo consigo mismas o con un familiar: “Eso a veces hace que me quiebre, llore, incluso hasta me da culpa y pienso ‘¿por qué unos sobrevivimos y otros no?’. Preguntas que jamás tendrán respuesta”. Tanto ella como Amiconi destacan que la enfermedad los hizo valorar más su propio cuerpo, y hasta la vida diaria. En el caso de Ferreyra, estuvo a punto de ser traqueostomizada pero no llegó: “Uno no lo piensa, pero usa su voz para un montón de cosas. Cuando me cayó la ficha de lo afortunada que fui, la valoré mucho más, y salí del hospital diciendo: voy a empezar canto”.

“Vivimos efectos post pandémicos, o de cronicidad, en medio de este tsunami que sigue siendo la segunda ola: es un momento doblemente difícil”, apunta Barrionuevo. Por cada contagio o internación, las manifestaciones en la salud mental se replican y afectan a personas del entorno. La pandemia obligó a poner sobre la mesa la carga emocional que implica vivir en este momento histórico. Habilitar la palabra y la escucha activa -entre amigos, familiares, colegas y con profesionales- pareciera ser la instancia de salud mental más necesaria en medio de la catástrofe sanitaria.

Lazos del Poli

El Policlínico San Martín de La Plata tenía una “terapia humanizada” desde mucho antes de la llegada del Covid. Las familias visitaban e incluso despedían a sus seres queridos. Con la pandemia eso se interrumpió, como tantas otras cosas, y a medida que avanzaron las flexibilizaciones los trabajadores apostaron de nuevo a ese encuentro. “Quisimos restablecer los lazos que las circunstancias epidemiológicas interrumpían, incluso propiciándolos entre el equipo de salud, los compañeros de trabajo”, explica a NOTICIAS la psicóloga oncológica y referente del espacio, Andrea Vidal. El objetivo de Lazos es acompañar “a pacientes, familias y equipo de salud”. Esto último se hace a través de encuentros presenciales y virtuales. Vidal asegura que desde el año pasado tuvieron que “inventar, en este escenario incierto, prácticas que restablecieran la posibilidad de contacto” en la comunidad del “Poli”, ahora en un escenario “de mayor cansancio, agotamiento y un ánimo triste” por el desgaste generalizado. “El año pasado había más requerimiento a nuestro equipo por situaciones de pacientes y familiares, y ahora no tanto. Estamos más atentos a cómo están los compañeros, a cómo estamos como equipo de salud”, explica Vidal.



Salud mental en números:

son los primeros meses de pandemia relevados por la UBA en clave de salud mental.

80% de las personas encuestadas vive con malestar psicológico

54% de ellas reportó consumir alcohol, y la cifra crece mes a mes

43% aseguró necesitar algún tipo de atención psicológica

5% aumentó la cantidad de personas en riesgo de trastornos psíquicos

 

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Mariana Sidoti Gigli

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