Martes 21 de septiembre, 2021

SOCIEDAD | 25-05-2020 00:03

La importancia de la Iglesia en la Revolución de Mayo

El clero tuvo un rol clave para que triunfe el alzamiento patriótico. ¿Podrían haber vencido los revolucionarios sin el apoyo de la Iglesia?

“La Revolución de Mayo no podría haber triunfado sin el apoyo de la Iglesia” afirmaba Néstor Auza, uno de los principales estudiosos de la historia eclesiástica argentina, hoy difunto. Cómo fue la injerencia del clero en la gesta del proceso revolucionario y en qué consistió. Hablan los historiadores.

“La sociedad colonial era católica institucional y culturalmente. Si la jerarquía (obispos y sacerdotes) se hubiera opuesto corporativamente a la Revolución, ésta no hubiera podido concretarse” explica Darío Casapiccola, profesor de Historia Contemporánea (USAL) y máster en Historia de la Iglesia Argentina (San Andrés), en concordancia con Auza. “Manuel Alberti, miembro de la Primera Junta, era sacerdote y párroco de San Benito de Palermo. Pueyrredón y Belgrano tenían hermanos sacerdotes también”, agrega.

Claudia Ferri, historiadora (UBA) y miembro de La Izquierda Diario, destaca que la Iglesia Católica ha tenido un rol central ideológico y político en estas tierras desde la conquista de América. Explica que Alberti, además, fue redactor de La Gazeta, el periódico de Moreno. Esto expresa los sólidos lazos entre la Iglesia y la nueva clase dominante. En el Cabildo abierto del 22 de mayo participaron 26 sacerdotes, muchos de ellos provenientes de familias acomodadas criollas e ilustradas. Ferri cuenta que era habitual entre estas familias de la sociedad rioplatense (y un signo de distinción) que el primogénito se hiciera clérigo. Tal como afirmaba Auza, en otros casos las carreras religiosas y el ejército representaban la única posibilidad de ascenso social.

Un proceso poco estudiado es la argentinización del clero. La actividad pastoral y la creación de parroquias estaban en ese entonces acotadas a las disposiciones provenientes de España. Cuando se gesta la revolución, buena parte de las instituciones religiosas estaba en manos del clero nativo. Los historiadores consultados acuerdan que había lógicas diferencias entre aquellos clérigos que pelearon en el bando realista y otros que apoyaron los movimientos independentistas (Ferri). En la sociedad de ese entonces había quienes estaban en una línea más liberal, partidaria de cambios acordes a los vientos que llevaron a la Revolución francesa, y los conservadores, que estaban en la línea opuesta (Casapiccola).

En su momento, Auza declaró que hubo un clero ilustrado que legitimó la revolución, y otro popular que la promovió. Sin ellos que congregaban y convocaban a apoyar el movimiento, el pueblo no lo hubiera hecho, ya que la única revolución que se conocía (la francesa) había sido dolorosa, trágica y sangrienta. La nuestra no fue una revolución que se separó de Dios, ni fue anticristiana. Los ilustrados, los teólogos, justificaron la revolución argumentando que España no tenía títulos sobre estas tierras, que había oprimido y trabado el comercio y desarrollo de la zona. Debieron enfrentar la teoría de que el poder del rey venía de Dios y que resistirla era un atentado contra la divinidad. El clero criollo que había estudiado en las universidades de Córdoba y Chuquisaca y en el colegio San Carlos de Buenos Aires, contaba con una formación suarista; argumentaban que el poder residía en el pueblo.

“En el ámbito religioso dieron lugar a interpretaciones próximas a la tradición pactista, como la que representaba las ideas del jesuita Francisco Suarez. Él se oponía a las monarquías absolutas, y planteaba que el poder temporal del rey no era de origen divino sino que radicaba en el pueblo” agrega la editora de historia de La Izquierda Diario. Sobre la búsqueda de apoyo de la Iglesia al nuevo gobierno, Casapiccola explica que muy pronto se pidió a los párrocos que los sermones fueran "patrióticos", y el hecho de que Belgrano, católico practicante, sacara de circulación al Obispo de Salta por no ser partidario de la Junta de Buenos Aires es una clara demostración de ello.

“Lo que ocurrió en mayo de 1810 fue un proceso de recambio político que llevó al reemplazo de una elite gobernante por sectores criollos e incluso algunos españoles, que a partir de la crisis de legitimidad monárquica iniciada en 1808 vieron la oportunidad de hacerse del poder político”. En ese contexto, afirma Ferri, la Iglesia Católica pasó de ser una fiel defensora del poder real sobre las colonias a alinearse con esta nueva élite criolla. “La Revolución de Mayo no tuvo un contenido anticlerical, por el contrario, buscaron construir un proyecto donde el culto católico tuviera un lugar privilegiado. Los discursos en la misa de los domingos apelaban a instalar la obediencia y el apoyo a los criollos”.

Desde el nacimiento del primer gobierno patrio hasta la actualidad, la Iglesia católica ha consolidado lazos muy estrechos con el Estado. No hace falta ir muy lejos para certificar que esta alianza existió, existe y seguirá existiendo. La celebración del Tedeum (en latín “a ti Dios”), a la cual asisten los presidente de turno cada 25 de mayo, es una clara expresión del legado eclesiástico. “La misa data de esta misma época y expresa la continuidad histórica entre culto y patria, como si fuera algo natural e inalterable” sostiene Ferri. 

En Argentina, el reciente debate por el derecho al aborto legal generó gran impacto en la población. La influencia de esta institución ante los distintos cambios sociales que se dan en la comunidad ha quedado en evidencia una vez más.  El voto femenino, la patria potestad compartida, el divorcio vincular, la educación sexual integral y el matrimonio igualitario son sólo algunas de las leyes en las que la Iglesia manifestó una opinión muy fuerte y un claro mensaje político. “Iglesia y Estado asunto separado” se escucha en las marchas feministas. Esa premisa que entró en el mundo de los pañuelos de colores vistiéndose de naranja, reclama un Estado laico y libre de la influencia religiosa en las decisiones de interés público. Pero para comprender la coyuntura actual y dar lugar a los reclamos de la sociedad con respecto a estas temáticas, resulta vital mirar hacia atrás en la historia y entender qué papel ha tenido el clero desde la gesta de nuestra patria.

*@mpilarpassamont y @marinadiksaitis, alumnas de segundo año de la Escuela de Comunicación de Perfil.

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por Pilar Passamonte y Marina Diksaitis

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