Domingo 29 de enero, 2023

SOCIEDAD | 02-01-2023 12:58

La Matanza a cielo abierto: glifosato y muerte

Muertes por intoxicación crónica, cáncer en niños, malformaciones, abortos e infertilidad aparecen en La Matanza. Los pesticidas están presentes en todo el país y llegan hasta en el agua de lluvia.

La Argentina exhibe con orgullo haber sido alguna vez el granero del mundo. Sin embargo la tierra que otrora fuera un paraíso de la naturaleza hoy amenaza en convertirse en un desierto dónde sólo hay lugar para la producción de commodities a costa de la salud de la población. Los efectos nocivos de los agroquímicos no sólo afectan a los trabajadores de la tierra, sino que contaminan el suelo, el aire y el agua del resto de la población. 

Pensar en la actividad agrícola remite a imaginar campos, maquinarias y la variedad de los cultivos típicos del territorio argentino, también implica pensar en los agrotóxicos que indefectiblemente son parte de la escena.

Para ver el impacto del glifosato no es necesario subir a un caballo (o tal vez sí)  o a un tractor porque a escasos minutos de la Capital Federal  el glifosato, se huele, se percibe y destruye casi silenciosamente-

La Matanza, de acuerdo al censo 2010 es la localidad más poblada de la Argentina con 1.775.816 habitantes, con un nombre que la define, que le imprime un destino y que hasta opera como una acta de defunción simbólica, es solo una muestra de una problemática federal.

La Matanza es la prueba de lo que acontece en cada espacio de tierra en la que hay cultivos y se utilizan agrotóxicos y es tomada como el ejemplo de lo que no se debe hacer  en distintos países del mundo.

Gladys vive en "Nicolle", un barrio que nació de facto en La Matanza. Su nombre significa "Ni colectivos" porque ni con servicio de transporte público contaban. Hay un precario centro de salud, una escuela técnica, una primaria y un jardín de infantes. Una sola calle de asfalto llega hasta casi el fondo, a 3 km de la ruta y a cinco cuadras del arroyo Morales, donde está la frontera con el basural. La montaña de residuos está enmascarada bajo una falsa pared de pasto implantado. La otra frontera del barrio es un campo sembrado con soja.

El olor a glifosato es parte del paisaje, se huele, se respira, a los minutos de estar produce picazón en la garganta e irritación en ojos, según cuentan los vecinos la noche anterior habían esparcido el veneno.

—Yo me tengo que estar cambiando de lugar por el problema de salud que tenemos yo y mi hija, que está embarazada y es a la que más afecta el sembradero que está al fondo. El bebé no le crece y ella ya perdió medio pulmón —cuenta Gladys, una vecina que pasó 27 de sus 58 años en el barrio—. Los médicos dicen que le tengo que hacer un estudio que me sale seis mil pesos para confirmar lo que ya sé: entre los venenos que tiran y el Ceamse no puedo respirar. 

Vicenta, delegada del comedor Santa Clara, en el km 35 de la ruta 3, en La Matanza, es quien coordina el comedor, organiza a los vecinos del barrio Nicolle y hasta ofrece una mano para muchos vecinos que no llegan a fin de mes. Relata que “ a veces el agua de la canilla sale amarilla o marrón, a veces parece como con un aceite y con el pozo, que usan la mayoría de los vecinos, pasa lo mismo”. 

El comedor congrega vecinos y multiplica historias. Carolina, mamá de una adolescente de 12 años y de un nene de 5 explica que además de tener que mudarse  por las inundaciones señala el cuerpo de su hija que presenta manchas blancas también padece picazón en la naríz, ardor en la piel y la garganta.

Ana se convirtió en una especie de estandarte para el barrio, es una de las pocas que pudo pagar y certificar que su su familia está intoxicada o envenenada como dicen los vecinos. Según cuenta y preservando su nombre y apellido, sufre amenazas: "Han sucedido situaciones muy difíciles. Hace unos días un hombre vino con preguntas, se hizo pasar por periodista y resultó que trabajaba para el campo de al lado, donde están fumigando", dice. 

 

Falta de cloacas, agua no apta para el consumo ni la higiene y escasos recursos para adquirir algo tan esencial es parte de la rutina de los habitantes de Nicolle, a la precariedad se le suma la problemática del glifosato.

Tampoco hay posibilidades de analizar el suelo, el agua, ni acudir a un centro especializado para determinar el grado de intoxicación, el porcentaje de veneno en cada cuerpo, no hay posibilidad de confirmar lo que ya saben:  "Mi hijo tiene este veneno y me causa mucho dolor. No pueden fumigar en la puerta de tu casa", relata Ana..
 

Un modelo que avanza desde la dictadura. El problema de los pesticidas no empezó ahora ni el estilo de producción intensiva es nuevo. Desde la década del 70 en el país se comenzó a dar forma a un modelo agrícola que necesitó de un lento y seguro proceso de desmantelamiento de los organismos encargados de controlar las sustancias utilizadas y el efecto sobre las personas. 

Cecilia Gargano, doctora en Historia e investigadora del CONICET., investigó las transformaciones del agro en las últimas cinco décadas. Explica que “en los 70's se comenzó con una forma de producir en la que es cada vez más intensivo el uso de estas sustancias, un paquete químico vinculado a la agricultura donde los propios productos generan problemas para los cuales se generan otros productos que los solucionen, ya que la maleza se torna resistente y cada vez se requieren mayores cantidades siendo más nocivo”.

La Matanza es una muestra de lo que se replica en el país. Vecinos vulnerables carentes de recursos económicos intentan autogestionar soluciones, piden y no son escuchados y la lucha deriva en conformación de grupos que reclaman protección ante autoridades de gobierno, de la justicia y medios de comunicación.

Sin embargo el  modelo impuesto por los laboratorios es sencillo y se mantiene. Se modifica genéticamente a una semilla, se la hace resistente a un agente químico, un pesticida, que mata todo tipo de planta, salvo a la modificada genéticamente. 

De esta forma, al quitar las malezas de la ecuación, los productores creen asegurarse un mejor "rinde". Lo que no se tiene en cuenta es que luego aparecen malezas más resistentes y deben usar más cantidad de herbicidas más fuertes  y hasta hacer cócteles con distintos tipos de venenos. El impacto en el ecosistema no es tenido en cuenta.

El gran dato es la falta de datos. A la falta de un registro de personas envenenadas y a la carencia de datos georeferenciados se le agrega una industria que opera de forma casi silenciosa, puesto que a mayor reclamo por parte de vecinos y damnificados mayor es la  invisibilidad de un negocio que factura millones.

Según la información publicada el 20 de agosto de 2020 en la página web del grupo Los Grobo las ventas de agroquímicos en el país alcanzó en 2019 la cifra de alrededor de USD 2.800 millones, es decir un incremento del 13 % comparado con el 2018.

A su vez, el total de ingresos de las 10 empresas que lideran el ranking (que incluye empresas multinacionales) alcanzó en 2019  los USD 2.260 millones, representando un 80,7 % del total de ventas del mercado.

De acuerdo con el ranking publicado por la revista AgroPages “2020 Latin America Focus” (Foco en América Latina 2020) en Argentina, las cinco empresas más importantes de agroquímicos del mundo, Syngenta, Bayer, BASF, Corteva y FMC, representan el 55 % del mercado. Pero, a diferencia de Brasil, las empresas de agroquímicos locales de Argentina poseen grandes porciones de mercado. 

Las 10 empresas de agroquímicos más importantes de Argentina generaron USD 900 millones de ventas en 2019, y representan un 32,1 % del total del mercado. Atanor, Agrofina, Red Surcos y Rizobacter, cuyos ingresos superaron los USD 100 millones, se ubicaron en los primeros cuatro puestos del ranking.

Litros y litros de glifosato que se traducen en millones y millones de dólares, la otra cara de la moneda  es Gladys,vecina de Nicolle que pasó 27 de sus 58 años en el barrio. - Los médicos dicen que le tengo que hacer un estudio que me sale seis mil pesos para confirmar lo que ya sé: entre los venenos que tiran y el Ceamse no puedo respirar.

 

El problema es del chancho y del que le da de comer. Guillermo Grau, médico del Hospital Fernández perteneciente a la sección ambiental del del área de Toxicología y jefe de unidades sanitarias y ambientales en Lomas de Zamora, afirma al respecto: "nunca hay que esperar que vengan los pacientes y estudiarlos, es muy perverso. Es por eso que existe la toxicología regulatoria, la tecnología ambiental, hay que buscar en el ambiente, hay que buscar en los animales y en el agua. Hay que buscar el producto y si está por arriba del valor límite umbral, se acabó. De ahí que es importante cumplir con las normas en términos de contaminación ambiental. Eso implica controlar a los importadores, controlar a los fumigadores, controlar al productor y controlar al político.”.

No es sólo el núcleo sojero, es todo el país. Los casos se multiplican por todo el territorio nacional. Los centros de salud desestiman los primeros síntomas y cuando un caso es grave lo derivan al centro de alta complejidad más cercano. Los casos aún más severos o irónicamente más afortunados son enviados a Buenos Aires.

A 250 kilómetros de La Matanza  se ubica la ciudad de Pergamino. En 1997 fue declarada "Capital Nacional de la Semilla" y la problemática parece calcada . Sabrina Ortiz, al igual que Ana de La Matanza, también sufre junto a su familia los efectos de agroquímicos. Sólo en la causa iniciada por Sabrina se registraron más de 70 afectados, y en el barrio Santa Julia se contabilizaron 53 casos de cáncer en sólo 8 manzanas.

—Yo vivía frente a un predio donde se sembraba soja y donde se aplicaban distintas sustancias sin ningún control, sin ningún tipo de cuidado para la salud de las personas. En 2011 me encuentro embarazada de 5 meses, empecé a tener todas las manifestaciones clínicas, mareos, náuseas, dolor de cabeza, vómitos, contracciones, brotes en la piel y quemazón en la nariz, la boca y la garganta. Perdí ese embarazo. 

Piel que se deprede del cuerpo y se la diagnostica como piel atópica, abortos, infertilidad, accidentes cerebrovasculares, procesos inflamatrios, problemas respiratorios son síntomas y diagnósticos. Sabrina relata que “detectaron en mi hijo 120 veces más de sustancias tóxicas de lo que puede tolerar su cuerpo y 100 veces más en mi hija quien por mucho tiempo utilizó silla de ruedas”.

 

Mercedes Mendez hace 30 años que trabaja como enfermera en el hospital Garraham. Ella recibe a los chicos del interior cuyas familias, con mucho esfuerzo, pueden juntar los recursos para atenderse en la ciudad de Buenos Aires. 

En el año 2011 comenzó con la junta interna del sindicato  ATE a hacer reuniones para concientizar y coordinar sobre el aumento de casos. "El 2011 fue el año bisagra. Falleció en Goya, Corrientes, Nicolás Arévalo, de 4 años, su prima Celeste tiene una insuficiencia hepática y la pueden salvar porque pudo llegar a un hospital de alta complejidad. Ambos vivían frente a una tomatera. Tiempo después nace una niña poli malformada. Yo hice una denuncia en la Defensoría del Pueblo, ellos hicieron un relevamiento ambiental y las condiciones eran pésimas. 

La Matanza es la muestra pero las pruebas abundan, sobran. Ya no es una novedad la diversidad de consecuencias máxime al cabo de tres décadas. Cáncer, malformaciones, daños genéticos, disruptores endocrinos son las palabras que predominan en el testimonio  de Mercedes.
 

Un lucha en guardapolvos. Así como se reiteran los síntomas se reiteran las estrategias de denuncia y de lucha. Mercedes cuenta que ante la falta de respuestas “empezamos a hacer estos ateneos como un puente entre los profesionales del interior, los científicos y los damnificados. Como hace 3 años las maestras fumigadas con las que empapelamos las paredes del hospital con los dibujos que hacen los alumnos. Retrataban lo que ven los niños, como pasan las máquinas, los animales muertos o vomitando. Toda escuela rural a esta altura ya está traspasada por los tóxicos”

La recopilación de datos es fundamental para tener una estadística, tomar conciencia de la dimensión del problema y saber qué medidas adoptar. El trabajo de Mercedes pone en evidencia a un Estado que, lejos de estar ausente, está presente y adopta una política activa para silenciar las voces que encienden las alarmas. Municipios, gobernaciones y organismos nacionales amedrentan con despidos y dejando sin recursos a médicos, docentes y científicos que vienen demostrando hace más de dos décadas que el veneno está en todas partes y sus efectos ya perdurarán en varias generaciones de argentinos. 

Damián Verseñazzi es médico especialista en Medicina Legal y Forense, director del Instituto de salud socio ambiental en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. En un censo de salud realizado con sus alumnos en varios pueblos del interior del país se registró 225.000 casos que vinculan la utilización de agrotóxicos con el deterioro de la salud de la población.

 "Entre el año 2009 y 2019 para la práctica final de la carrera de medicina creamos ¨campamentos sanitarios¨. Recorrimos 40 localidades de Santa Fé, Entre Ríos, Córdoba y Buenos Aires. Realizamos un relevamiento epidemiológico casa por casa y así construímos una estadística de salud. Lo primero que nos llamó la atención era que nuestros resultados no coincidían con los datos que estaban registrados en el país” explicó

“Según los datos oficiales la principal enfermedad crónica era la hipertensión seguida por la diabetes. Nosotros en cambio encontrábamos trastornos neurológicos como el Parkinson o Alzheimer en personas de 50 años, hipotiroidismo, infertilidad, nos llamaba la atención la cantidad de abortos espontáneos. En estos pueblos el cáncer era la principal causa de muerte, o la segunda. En localidades de cinco mil habitantes había muerto en promedio una persona por mes de cáncer. Un impacto muy fuerte fue cuando una señora nos dijo ¨Acá ya no nos morimos de viejos¨".

Según el profesional "el 90% de los damnificados vivían a menos de mil metros de áreas de producción de transgénicos asociados a agrotóxicos. A partir del año 97 hay un corte muy claro con la aparición de abortos espontáneos y malformaciones y justamente 15 años después hubo un incremento exponencial de la curva de cánceres".

 

Verseñazzi y su equipo no fueron ajenos a las persecuciones por investigar y demostrar que un país está siendo envenenado. En  octubre de 2016 fue convocado al tribunal internacional de La Haya para declarar en el juicio que se hizo contra Monsanto. Al regreso le habían puesto cadenas en la puerta de la oficina donde guardan todas las pruebas.

Hubo una presión internacional muy fuerte y les devolvieron ese material, sin embargo ese incidente no fue noticia en los medios nacionales.  Agrega que: “finalmente en 2019 nos rajaron a todos y los ¨campamentos sanitarios¨ fueron eliminados."

 

De todas maneras el trabajo de Verseñazzi y su equipo sirvió para el desarrollo de proyectos de ley para la regulación del uso de agrotóxicos: "En la provincia de Santa Fé cinco veces perdieron estado parlamentario proyectos de ley para la regulación en función del cuidado de la salud de la población y no de la salud de las corporaciones. Cinco veces los senadores de la provincia no trataron los proyectos".
 

El veneno que cae del cielo. Los laboratorios no contestan preguntas sino a través de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE). Su director ejecutivo, Federico Landgraf, respondió por escrito que "sólo está expuesta de manera directa la persona que realiza tareas agrícolas". "Todos los productos fitosanitarios son evaluados por el SENASA y recién una vez que concluyen que estos insumos no prestarán un riesgo para la salud si son aplicados como indica su etiqueta, son aprobados", continúa el escrito, "Es importante destacar que no hay sustancias inocuas, sino formas seguras de utilizarlas. Es decir, según CASAFE, el problema no son los pesticidas sino su "mal uso".

En la trampa también cayeron los productores, que con sus campos completamente saturados de tóxicos ya no pueden prescindir de las semillas modificadas genéticamente para producir. El modelo cierra perfecto para los laboratorios, pero para nadie más. La situación toma otra dimensión cuando se empieza a encontrar trazas de pesticidas en lugares donde nunca se fumigó. Ya no es el aire, el agua de red o el agua de pozo, como sucede en los pueblos, el veneno nos llega a todos desde el cielo. 

Damian Marino. investigador del Conicet y profesor asociado en el área de ambiente de la Facultad de Exactas de la Universidad Nacional de La Plata  comprobó que los plaguicidas ya están presentes hasta en el agua de lluvia.

"A partir de estimaciones, el 8% de lo que se comercializa retorna por vía atmosférica. Se usa mucho más de lo que se puede degradar y eso lo hace pseudo persistente. Es una exposición generalizada, nadie está a salvo, aparece en el agua de consumo de red, en el aire, en las grandes ciudades. A cada argentino le corresponden 10 litros de agroquímicos por año. Y justamente el drama está en las exposiciones crónicas, las que se dan en todos los territorios, que son concentraciones que no te matan en el día, pero que a largo plazo sí, te generan estrés biológico y problemas celulares", enfatizó

Debate. Juan Romero es docente en el barrio Nicolle y en 2019 fue electo concejal por el Polo Obrero. Conoce la historia de cada damnificado y asevera que : El medio ambiente no es un tema de preocupación de Fernando Espinoza en particular".

Como edil presentó un pedido de informes y un proyecto de ordenanza. “Con el articulado fuimos bastante claros en cómo debe ser la regulación, la distancias, los recipientes, cómo tiene que adecuarse el campo que quiere utilizar este tipo de sustancias, el manejo del producto en los camiones, el guardado. La situación es tan grave que eso rápidamente debería volver al recinto y discutirse la ordenanza. El problema es que en La Matanza tiene una mayoría cómoda el oficialismo. Desde Juntos por el Cambio elevaron formalmente un pedido de informes pero no manifestaron una posiciónal respecto", señaló

Laura Greco, concejal de Juntos por el Cambio, escucha a los vecinos que tienen serios problemas de salud y explica:"toda esta realidad que tenemos con este agrotóxico viene de la mano de la necesidad de la gente. El barrio se fue expandiendo y se siguió sembrando y fumigando. Yo presenté una minuta el 2 de marzo pidiendo al ejecutivo que por favor sacara una norma que controle el uso de glifosato. Están comprometidos los kilómetros 35, 36 y 37. Esto sucede en el tercer cordón de La Matanza, en los barrios más profundos de La Matanza, allá donde nada es visible".

Tras varios intentos de comunicación con el intendente de La Matanza respondieron desde la secretaría Privada de  la Municipalidad. Se negaron a concretar una entrevista para abordar la temática de agrotóxicos, la respuesta fue: "es una denuncia muy grave" y que en breve “la oficina de medio ambiente tomará cartas en el asunto''. Todavía no ha ocurrido nada. 

Mientras tanto se acerca el mediodía en el barrio Nicolle y Vicenta vuelve al comedor para preparar la comida para los chicos. Al ver la canilla de afuera se queda pensando y agrega:

—A veces el agua también sale blanca o con pedacitos de cosas como si fueran renacuajos-

Son pedazos de carne que vienen del arroyo —agrega sin dudarlo Gladys—, una vez para frenar un poco las inundaciones y vinieron a limpiar el arroyo, sacaron autos y cajones con muertos, son los del cementerio que cuando no tienen lugar los tiran al río.

Lo que fue el granero del mundo hoy es ejemplo del mal uso de los agrotóxicos. Muchos países miran y analizan a Argentina para hacer todo lo contrario respecto al uso de pesticidas. No es necesario ir al campo, alcanza con llegar hasta  La Matanza que es solo una muestra de lo que acontece en todo el país para ver que es una matanza lenta, silenciosa, a cielo abierto y a la vista del mundo.

 

*Guillermina Rizzo y Jorge Gutiérrez fueron alumnos de la Escuela de Comunicación de Perfil. Esta nota fue el trabajo final de la materia "Periodismo de investigación".

por Guillermina Rizzo y Jorge Gutiérrez

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