Martes 29 de noviembre, 2022

SOCIEDAD | 05-01-2022 14:30

Los cuatriciclos y Pinamar: el porqué del drama de nunca acabar

La temporada recién arranca y ya murieron dos personas. El problema de la municipalidad, el negocio multimillonario de las automotrices y los misteriosos dueños de la arena de la tragedia.

Pinamar es sinónimo de muchas cosas, según a quien se le pregunte. Pero hay algo con lo que cada vez se hace más difícil no asociarla: los cuatriciclos y las tragedias en sus médanos. En la última semana ya hubo dos muertos -más uno herido de gravedad-, que vuelven a repetir la película triste de todos los veranos y que ahora amenaza con agravarse. Hoy no hay una sola persona, en especial los locales, que no hablen con bronca o con dolor del tema. Pero atrás del drama de nunca acabar hay mucho más que la imprudencia al volante: hay una municipalidad atravesada por problemas legales y políticos, un negocio multimillonario de las automotrices y también unos dueños misteriosos que prefieren mantenerse en el anonimato a pesar de la sangre acumulada en su arena.

Detrás de escena. El pinamarense promedio calcula que el número suele ser siempre uno. Un muerto por un accidente de cuadriciclo en cada temporada, una estadística hecha a ojo pero que suele acercarse a la realidad. Pero en lo que va de este verano ese número ya se duplicó y amenaza con no detenerse, agravado por la ocupación plena que tiene la ciudad esta temporada y que se nota también en la cantidad de “cuatris” que circulan por la zona de la tragedia.

Pinamar, además, es un caso especial comparado con el resto de las ciudades de la Argentina. Desde José Luis Cabezas en adelante -pero también hacia atrás, vía Menem y su Ferrari- cualquier cosa que ocurra en sus médanos tiene una repercusión nacional. Fue lo que pasó con las últimas dos muertes por accidentes de cuatriciclos, tragedia que llenó las tapas de todos los medios del país y que dio para un largo debate en la redes sociales. La mayoría de las críticas tienen un destinatario: la municipalidad de la ciudad que comanda Martín Yeza. “¿Por qué Yeza no prohíbe los cuatriciclos? Siempre pasa lo mismo en Pinamar”, era el comentario que más se repetía en los usuarios.

“Está bien, sacó un decreto y los prohíbo. ¿Y después que pasa? ¿Van a dejar de andar en cuatri porque yo lo escriba en un papel? Sacar un decreto es lo más fácil del mundo pero no resuelve los problemas. Los que van ahí saben que está mal lo que hacen, y que una madre ponga a sus hijos en riesgo es hasta contrainstintivo, y sin embargo pasa”, se defiende el intendente en una entrevista con NOTICIAS. Desde la municipalidad hacen este cálculo: por día van entre 20 y 25 mil vehículos por día a “La Frontera”, el inmenso médano en el límite norte de Pinamar, que está pegado a lo que se llama “La Olla”, un desierto de arena que es propiedad privada -que en la práctica está separado de “La Frontera” por carteles que advierten del riesgo de meterse ahí y nada más- y que es donde se corren las picadas y ocurren las tragedias. A “La Olla”, calcula el municipio, entra alrededor del 10% de los turistas que están en la Frontera, o sea 250 cuatriciclos o UTV, una especie de 4x4 adaptadas para la arena. “Son vehículos que van a muy alta velocidad. Es un tema de derecho penal: para prevenir una situación no podes empeorarla. Si está en riesgo la vida de una persona que va en cuatri, ¿Qué pasa si mandamos a alguien a perseguirlo y se accidenta? No podés, en aras de prevenir, empeorar la situación original. Además, son vehículos que salen hasta 65 mil dólares, valen más que la camioneta más tope de gama del mercado. El Estado no tiene vehículos de ese nivel”, se defiende Yeza. Lucas Ventoso, el secretario de Seguridad, agrega: "Además la Provincia nos dejó cuatro patrulleros para toda la costa pinamarense. Es imposible así".

Acá entra el problema del gris legal. La zona de “La Olla” es propiedad privada, que pertenece a Gualtieri SA, ligada a un misterioso empresario -que en los noventa, vía una cercanía con el entonces poderoso Eduardo Duhalde, fue un contratista importante del Estado- de nombre Victorio Gualtieri. En Pinamar cuentan que el hombre, de extremo perfil bajo, jamás se metió con el drama que ocurre en esas tierras para evitar quedar pegado al tema: de hecho, ni a él ni a la empresa ni a la municipalidad le llegan denuncias cuando ocurren las tragedias, ya que los que están ahí dentro corriendo picadas están trasgrediendo propiedad privada. Lo que hace Gualtieri SA tiene alguna lógica empresarial: esa arena, que hoy no vale tanto, podría ser mañana la zona más exclusiva de Pinamar, a medida que avance la urbanización con el paso de los años, exactamente lo que ocurrió con el barrio conocido como Pinamar Norte. La intendencia también se ampara en este gris legal para esquivar los dardos. “Técnicamente nos metemos en tierra privada cuando entramos ahí.  Es una encrucijada que no es fácil de resolver”, dice Yeza, mientras que sus críticos, por lo bajo, aseguran que prefiere no molestar a los potentados de la zona para evitar inconvenientes.

Es que también hay un mega negocio atrás de esto. Para dimensionar el tamaño hay que pensar que Polaris, la marca más conocida de UTV, vende más de sus productos sólo en Pinamar que en todo Estados Unidos o todo Brasil. Y no sólo eso: las automotrices de 4x4 apuestan fuerte a la temporada en esta ciudad, y de hecho hay más de una que pone acá el stand más grande -y más caro- de toda Latinoamérica. Cualquier movimiento -político o social- que afecte este negocio repercutiría de una manera u otra en todo lo que es la temporada pinamarense, los meses de trabajo de los cuales después vive toda la ciudad. Además de la imprudencia de los que manejan los cuatricilos, es por todo esto que también ocurre el drama de nunca acabar.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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