viernes, febrero 21, 2020

MUNDO | 29-12-2019 08:16

2019, año de furia juvenil

Los protagonistas de las protestas son jóvenes. Del feminismo a los antisistemas y las marchas contra el calentamiento global.

El rasgo del 2019 han sido las protestas. Una ola contestataria recorrió el mundo, plagando ciudades de barricadas y batallas campales entre manifestantes y fuerzas represivas. No se trata de una rebelión contra tal o cual sistema político o modelo económico. Se trata de un fenómeno transversal, que sacude democracias liberales y despotismos de diferente caladura; economías abiertas y estatismos populistas.

Las barricadas arden en la empobrecida Caracas y en la elegante Barcelona; en la humilde Quito y en la opulenta Hong Kong; en la pujante Santiago y en la devastada Bagdad.

Los catalanes protestan por el pasado opresivo al que los sometió el centralismo castellanizante de Franco; los hongkoneses contra el futuro que les impondrá las leyes totalitarias de China; los chalecos amarillos empezaron su protesta contra un aumento de los combustibles en Francia, y el feminismo ganó las calles en América Latina con el #niunamenos y la campaña por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

En Teherán la represión dejó más de cuatrocientos muertos, mientras en el Líbano caía el primer ministro Saad Hariri en el marco de protestas que apuntaron principalmente a Hizbolá y exigieron el reemplazo de los gobiernos religiosos por un Estado secular.

En Irak, cayó Adel Abdelmahdi, sacudiendo al gobierno de coalición predominantemente chiita y populista.

Hasta en la remota Kazajstán estallaron protestas. No se salvó de la ola contestataria ni siquiera ese país centroasiático que gobernó el déspota Nursultán Nasarbayev desde la era soviética hasta 2019, cuando dejó el gobierno, pero no el poder, imponiendo una ley que prohíbe criticarlo mientras viva  y aún después de su muerte.

Por la república caucásica de Georgia también pasó esa ola que en África derribó tiranos como el sudanés Omar al Bashir y el argelino Abdelaziz Bouteflika”.

La protesta es el rasgo de este tiempo y la juventud es la protagonista. ¿Por qué? Porque más allá de las causas puntuales contra las que se rebelan, hay una motivación común: la incertidumbre sobre el futuro que depara la vertiginosa aceleración de la evolución tecnológica.

Todas las generaciones sienten incertidumbre por no poder vislumbrar el futuro, pero los jóvenes son los que habitarán ese tiempo incierto. Por eso se movilizan buscando lo que las clases dirigentes no pueden ofrecerles: certezas. Mediados del siglo 20 también fue un tiempo de furia juvenil. Pero aquellos jóvenes se rebelaban porque creer en el futuro, mientras que los de hoy se rebelan por temerle. 

A los del siglo pasado los rebelaban sus certezas, a los actuales sus incertidumbres.

Que sea una adolescente (Greta Thunberg) la imagen de la lucha contra el cambio climático, tiene una explicación similar a la del protagonismo juvenil en la ola de protestas. Como los más jóvenes tienen más tiempo de incertidumbre por delante, son ellos los urgidos a rebelarse contra las elites políticas que no pueden ofrecer certezas.

Del mismo modo, son los niños y adolescentes los que más tiempo vivirán en un planeta con más desiertos, más fenómenos atmosféricos devastadores y menos hielos polares. Por eso es una niña la principal imagen de la exigencia a los gobiernos de más acciones contra el cambio climático. Y un dato revelador es lo que despierta esa niña en quienes niegan el calentamiento global. Los “negacionistas” sienten por ella un odio visceral.

Una señal de que la mayor parte de la razón está del lado de quienes reclaman acciones contra el cambio climático, es el extraño caso del odio a Greta Thunberg. Sus rasgos particulares y sus formas de crear conciencia mundial la convirtieron blanco de un aborrecimiento oscuro y viscoso.

Millones negacionistas la insultan en los medios y en las redes, evidenciando que se trata de un sentimiento retorcido. No puede ser razonable el sentimiento que se permite agredir con insultos y crueles burlas a una niña.

Resulta tan inconcebible como alarmante que Donald Trump se haya burlado cruelmente del síndrome que padece. El Asperger incluye dos rasgos: un cociente intelectual elevadísimo y una incontinencia en la expresión de emociones.

La activista sueca fue denostada también por Jair Bolsonaro. Cuanto odio deben sentir por ella para que, desde la investidura presidencial, dos adultos cometan la irresponsabilidad de estigmatizar a una adolescente. Esos señalamientos pueden generar agresiones directas, ya que las redes muestran a millones de fanáticos descargando sobre ella una violencia verbal desproporcionada.

Los pronunciamientos de personas notables tienen un efecto reproductor cuando expresan odios o fanatismos. En Estados Unidos, un lunático masacró mexicanos movilizado por la descripción de una “invasión” de “ladrones, asesinos y violadores” ingresando desde México que Trump repite desde la campaña electoral.

Lo más grave que puede pasar si Thunberg estuviera equivocada, es que se tomen medidas que no hubieran sido absolutamente necesarias. En cambio, si los equivocados son los negacionistas del cambio climático, la especie humana avanzaría hacia su autodestrucción.

Hay demasiado consenso científico sobre la necesidad de eliminar todo lo que produce efecto invernadero. Pero los negacionistas, sean presidentes o no, coinciden en describir el activismo ambientalista como parte de una conspiración izquierdista.
Lo curioso es la connotación ideológica del odio a Greta. El negagionismo es ultraconservador. Entiende la lucha contra el cambio climático como una confabulación marxista. La repudiable es la izquierda que defiende regímenes calamitosos como el chavismo, y totalitarismos como el soviético, el maoísta y otros que plagaron el siglo 20. Pero una izquierda que defiende la preservación del hábitat no tiene por qué ser repudiada. En su vereda también hay liberales y centroderechas emocional y mentalmente sanas.

No parecen sanos los que aborrecen a quienes advierten sobre el efecto invernadero, denunciando que detrás de ellos hay lobbies pro energías sustentables.

Detrás de todos los movimientos hay lobbies. Los del petróleo, el carbón y otras formas contaminantes de producción energética también financian voceros y congresos, como hacen todos los grupos de presión en todos los órdenes. Pero el conservadurismo negacionista sólo encuentra despreciable a los de las energías renovables.

En esa vereda predominan adultos conservadores como Trump y Bolsonaro. En la otra, predominan los jóvenes. Igual que en las protestas que sacuden el mundo entero.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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