MUNDO | 21-12-2019 09:32

Bolivia: Evo Morales y Jeanine Áñez miden fuerzas

Mientras ella toma medidas que sobrepasan los atributos de un gobierno de transición, los viajes de él plantean interrogantes.

Al proclamarse presidenta de lo que describió como una gestión “estrictamente provisional”, Añez tomó decisiones en absoluto encuadradas con un mandato interino. Afirmó tener “un único objetivo”: la pacificación del país”. Por eso cabía esperar mayor contención en sus medidas.

Sacar del país al personal diplomático venezolano y a los médicos cubanos enviados por La Habana, puede justificarse en la posibilidad cierta de injerencia. Pero reconocer a Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela fue más allá de los límites de un gobierno “estrictamente provisional”.

Una cosa es tomar medidas que puedan servir a “pacificar el país” y garantizar el proceso electoral. Otra muy distinta es adoptar medidas que corresponden a un gobierno de legitimidad plena.

Haber retirado a Bolivia de ALBA y Unasur también excede los límites que debieran restringir el accionar de Añez. Pudo congelar la participación boliviana en ambos foros, pero sin ir más allá.

Esos pasos dados por una presidenta cuya mayor legitimidad la obtuvo del MAS, el partido de Evo Morales, cuando sus legisladores firmaron con ella el acuerdo que establece el proceso electoral, parecen revelar la intención de reconfigurar el escenario político para que sea ese escenario, y no el gobierno que surja de las urnas, el que determine los rasgos del poder que va a imperar de ahora en más.

Bajo el radar. Los pasos inquietantes de Evo tienen que ver con el carácter sorpresivo de los mismos. Había anunciado y escenificado su radicación en México. Continuar su exilio en Argentina era una posibilidad, pero no algo inminente. Sin embargo, tras un viaje a Cuba, también sorpresivo, vino para quedarse sin haber siquiera pasado por México.

Por un lado, tiene razones para acogerse al Estatuto de Refugiados de 1951. Amén de su responsabilidad en las maniobras fraudulentas que estropearon la última elección, por tanto también del caos que estalló como consecuencia, en el marco de la violencia desatada se perpetró un golpe de Estado que terminó dejando el poder indirectamente en manos de la dirigencia extremista que se adueñó de las circunstancias.

Los niveles de violencia alcanzados por la ultraderecha que desplazó a la oposición moderada, sumados a las amenazas contra la vida del ex presidente, justifican recibirlo como refugiado.

Como asilado (su condición en México) tendría más restricciones, pero como refugiado puede hablar de política y dirigir la campaña del MAS. Lo que no puede es organizar sublevaciones en su país.

Volviendo a la pregunta inicial, México anunció que allí se radicaba; luego viajó a Cuba sin anuncio previo y, a continuación, Evo sorprendió a los argentinos con su llegada y radicación. ¿Por qué cada movimiento se realiza de manera sorpresiva? Dado que en el bloque al que adhieren Evo y Cristina Fernández, es en Cuba donde parecen planificarse y decidirse muchas de las acciones y estrategias que aplican gobiernos y dirigencias de otros países, es inevitable la impresión de que el régimen cubano es el que lo decidió, moviendo las fichas en el tablero. Y que Argentina pueda ser un casillero en ese tablero es precisamente lo inquietante.

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Claudio Fantini

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