Lunes 1 de junio, 2020

MUNDO | 31-03-2020 20:40

EE.UU. vs. China: tensión inomportuna

Es la primera guerra de la historia en la que el mundo enfrenta un enemigo común. Trump y Xi Jinping se atacan en la misma trinchera.

Mientras ocurre la primera guerra de la historia en la que el mundo entero enfrenta un enemigo común, los dos liderazgos más poderosos se enzarzan en una inoportuna escalada de tensiones.

A la aterradora sensación de estar atrapados en una pesadilla se suma la desoladora certeza de que los gobernantes de los dos países más fuertes se enfrentan, en lugar de cooperar entre ellos para que sus formidables fuerzas, sumadas, puedan vencer lo antes posible al fantasmagórico enemigo que ataca al mundo.

La clave es entender que se trata de la primera guerra que no enfrenta a países entre sí, porque es un ataque contra todos. En este escenario inédito, lo razonable es que Donald Trump levante las sanciones que reimpuso a Irán y el embargo a Cuba que él endureció.

No se trata de que esos países tengan buenos regímenes, se trata de que  tienen poblaciones. Y en la guerra del mundo contra su enemigo común, lo razonable es priorizar las personas, no los castigos a regímenes ni las diferencias políticas.

Si Trump tuviera un orden de prioridades razonable, incluso entendería la oportunidad que este trance global le da a su país para mostrarse sensible y útil. Xi Jinping fue más inteligente y envió ayuda médica a muchos países, que le agradecieron en voz alta.

Con una mirada inteligente, Trump vería lo desolador que resulta para el mundo atacado por el “enemigo invisible”, escucharlo hablar del “virus chino”. El presidente de la potencia más poderosa, chicaneando al país con el que debiera coordinar acciones conjuntas.

Por cierto, el gobierno chino no respondió adecuadamente. Al contrario, avaló una teoría conspirativa (quizá hasta la impulsó) según la cual Estados Unidos creó el coronavirus en su territorio y militares lo plantaron en Wuhan, quizá con el objetivo de sembrar el caos en el centro de producción de tecnología 5G de telefonía movil. O sea, acusa a Washington de un ataque genocida biológico en la guerra por el liderazgo económico y tecnológico mundial.

Lo único evidente es que China y Estados Unidos están en la misma trinchera, atacándose en lugar de unir fuerzas. Que hayan iniciado una escalada de tensión en el momento menos oportuno resulta preocupante por los antecedentes.

Durante la guerra de Kosovo, en 1999, la OTAN bombardeó desde el Adriático la embajada china en Belgrado porque, supuestamente, daba información satelital estratégica a las fuerzas serbias de Slobodan Milosevic. Y en el 2001 hubo otra crisis militar. Se produjo cuando un avión espía norteamericano EP-3 fue interceptado por cazas chinos que le causaron un aterrizaje forzoso en la isla Hainan. Washington demandó la devolución inmediata de la nave, pero Beijing se tomó el tiempo necesario para estudiar esa importante arma de espionaje aéreo.

Bill Clinton y George W. Bush en el lado norteamericano, y el entonces líder chino, Jian Zeming, caminaron por aquellas cornisas.

Después llegaron las acusaciones de espionaje chino y la guerra comercial. Y en la antesala del bombardeo de chicanas y teorías conspirativas, ocurrieron las expulsiones de periodistas. Estados Unidos expulsó a sesenta periodistas a los que acusó de espiar para el gobierno chino, y Xi echó a los principales corresponsales estadounidenses.

Hoy a Trump y Xi Jinping les toca la excepcionalidad de liderar a los dos músculos más poderosos del planeta, en la única ocasión de la historia en que la guerra no es de países contra países, sino del mundo contra un enemigo común. La historia los obliga a coordinar acciones. Pero la primera reacción de esos músculos fue atacarse entre sí

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Claudio Fantini

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