Lunes 1 de junio, 2020

MUNDO | 30-03-2020 20:26

La atroz disyuntiva de salvar vidas o sostener economías

Lo que muestra y lo que oculta el dramático dilema de todos los gobiernos.

La economía siempre se puede recuperar, pero las vidas no”, dice una campana. “El remedio no puede ser peor que la enfermedad”, responde la otra campana.

Ambas se refieren al dilema atroz que la pandemia plantea a los gobiernos del mundo entero: priorizar la salvación de vidas o el funcionamiento de la economía.

La primera frase, simple y profunda, no pertenece a un estadista europeo ni a un líder asiático imbuido en sabidurías milenarias. La dijo el presidente del Paraguay, Mario Abdo. Así explicó su posición ante la  dramática disyuntiva que, a simple vista, pareciera dividir a los gobiernos entre sensibles y buenos, por un lado, y malvados con el alma fría por el otro. Pero no es tan fácil. En absoluto. Como dijo el joven presidente paraguayo, la economía se puede recuperar, las vidas no; pero el precio de esa recuperación puede ser exageradamente alto y doloroso para la población.

La atroz disyuntiva de salvar vidas o sostener economías

Para Donald Trump, es un remedio que resulta “peor que la enfermedad”. Con esa frase hecha, el presidente norteamericano expresó de manera muy certera la otra opción en la disyuntiva: mantener la economía funcionando.

El dilema es dramático; shakespeareano. Pero en uno de los lados, el de salvar la economía, aunque hay gobernantes serios, se pusieron algunos demagogos de dudosa sensatez, nula sensibilidad y turbias intenciones, a los cuales la pandemia les puso en evidencia la ineptitud y la negligencia.

Entre los casos más patéticos sobresale Jair Bolsonaro. Acusando de “histéricos” a los que reclaman cuarentena y otras medidas duras para desacelerar el avance del virus, y organizando manifestaciones en las que, desafiante, repartió abrazos y apretones de manos a sus fanáticos, el presidente del Brasil volvió a mostrarse muy lejos de la responsabilidad que implica gobernar.

La atroz disyuntiva de salvar vidas o sostener economías

Nadie debiera sorprenderse. En su larguísima vida política, Bolsonaro jamás dio pruebas de inteligencia ni de sensatez ni equilibrio. Llegó al Palacio del Planalto montando una ola de odio político contra Lula y el PT. Y a juzgar por lo que insinúan algunas encuestas, muchos de sus votantes empiezan a pensar que cometieron un error exorbitante.

La disyuntiva “vidas vs. economía” no es ideológica. Muchos conservadores estadounidenses apoyan la posición de Trump. Pero en la misma vereda también están Mario Cuomo y Bill De Blasio. El gobernador de Nueva York pertenece a una dinastía demócrata y el alcalde de la Gran Manzana es parte del ala partidaria que apoya a Bernie Sanders, sin embargo demoraron todo lo posible la aplicación de la cuarentena con el objetivo de preservar la economía funcionando a pleno.

Al sur del río Bravo, Andrés Manuel López Obrador también se paró en la vereda que prioriza la actividad económica. El problema es que exhortó a los mexicanos a seguir con sus vidas de manera normal, sin cambiar nada y colmando los bares, los restaurantes y “las fondas”. En ese punto el presidente de México dejó a la vista su incomprensión del trance por el que atraviesa el mundo. Además, por momentos su discurso se volvía un divagar errático. Con un aire a Nicolás Maduro hablando de brebajes que curan el coronavirus.

Daniel Ortega también está en la vereda de los pro actividad económica, pero con el agravante de haber convocado una marcha multitudinaria para que los nicaragüenses venzan la pandemia “abrazándose y dándose las manos”; irresponsabilidad que bordea la actitud criminal. 

La atroz disyuntiva de salvar vidas o sostener economías

También protagonizaron largas listas de errores y desmesuras el presidente norteamericano y muchos mandatarios en todos los rincones del planeta. Pero lo impresentable no es equivocarse ni cambiar de posición. Esa es la regla en el escenario de una lucha desconocida.

Probablemente, Boris Johnson hizo bien al cambiar la estrategia inicial que  había impuesto en Gran Bretaña. Primero se situó en la vereda de la economía en funcionamiento, saltando luego abruptamente a la de la preservación de vidas.

Esta es una navegación sin mapas ni brújulas. Contradecirse y corregir no es el problema. El problema es la negligencia, la irresponsabilidad y la especulación política que están mostrando muchos gobernantes.

No está claro que, como plantea el jefe de la Casa Blanca, el remedio sería peor que la enfermedad. En rigor el medicamento al que tanto le teme el magnate neoyorquino que ocupa la presidencia no es el frenazo económico, sino la sobredosis de keynesianismo que implica disminuir las muertes por coronavirus sin provocar muertes por hambre o por la angustia de perderlo todo.

Finalmente cedió a inyectar ríos de dinero. Lo obligaron los mercados que se estaban derrumbando.

Cuando Trump minimizó el peligro que representa la pandemia y mientras demoraba las medidas más enérgicas, ¿estaba pensando en las personas dañadas por una parálisis económica, o en el sector empresarial, al que pertenece? ¿Pensaba en los norteamericanos, o en sus propias empresas?

La atroz disyuntiva de salvar vidas o sostener economías

Su “negacionismo” frente al cambio climático plantea dudas similares. Defiende el status quo en la economía y en la generación de energía, incluso al precio de una contaminación que pone en riesgo el ecosistema. Y no se queda en la retórica: sacó a los Estados Unidos del Acuerdo de París contra el cambio climático. A renglón seguido, llegó esta pesadilla global y Trump llevó el negacionismo al escenario de la pandemia. Sabe que al concluir este trance, la economía mundial habrá cambiado. Es imposible que semejante acontecimiento no agriete los cimientos de sistemas que mostraron tanta debilidad al enfrentarlo.

¿Al asumir la posición que asumieron, gobernantes como Trump y Bolsonaro actuaron focalizándose en doblegar al coronavirus, o en impedir un resurgir del keynesianismo y la retirada de las ortodoxias libremercadistas que hicieron cabeza de playa con Thatcher y Reagan, avanzando de manera sostenida y triunfal?

¿Temen que sea peor el remedio, o temen cambios drásticos en las prioridades de la inversión en conocimiento científico?

Nadie puede responder objetivamente esas preguntas. Tampoco si la posición hostil a la cuarentena de Trump es por lo que dice o para preservar su ticket más seguro hacia la reelección: el crecimiento económico. Pero en la percepción general, a esas preguntas las responde la subjetividad. Y más tarde lo hará la historia. 

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Claudio Fantini

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