Martes 4 de octubre, 2022

MUNDO | 19-03-2020 20:53

El Rey de los tontos

El abdicado monarca Juan Carlos complica a su hijo Felipe VI. Plata y escándalos.

"Tribulaciones, lamentos y ocaso de un tonto rey” que no es “imaginario”. La triste etapa final de un monarca cuyo reinado había tenido un amanecer luminoso, evoca la entrañable canción de Confesiones de Invierno, el segundo álbum de Sui Generis.

Juan Carlos de Borbón y Borbón fue empujado a la abdicación por una suma de negligencias y ahora, desde el retiro, le complica el reinado a su hijo, en un tiempo por demás difícil para la corona española.

Por culpa de su padre, Felipe VI también atraviesa “tribulaciones” y “lamentos” que podrían desembocar en un “ocaso”, no sólo de su estadía en el trono, sino de la monarquía en España. Estaba recién coronado cuando estalló el escándalo que llevó a la cárcel a su cuñado, Iñaki Urdangarín, y por el que tuvo que retirarle a su hermana, la Infanta Cristina, el Ducado de Palma de Mallorca. Cinco años más tarde, le toca sancionar a su padre, quitándole la asignación del Estado que le corresponde como “rey emérito”. La pregunta que quedó flotando en España es si con eso alcanza. Lo seguro es que la vejez de Juan Carlos contrasta de manera bochornosa con las primeras etapas de su reinado. Siempre hubo controversias. Haber  sido elegido y proclamado por el dictador Francisco Franco, pasando por encima de su padre, que era el heredero en la línea de sucesión, generó sospecha y desconfianza hacia él. Pero su giro copernicano sacudiéndose el legado que le impuso el “generalísimo” y poniendo fin a la dictadura falangista para abrir paso a la democracia, cambió su imagen velozmente. Reforzó la nueva imagen el mensaje público en el que repudió la asonada golpista encabezada por el teniente coronel Tejero durante la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo, en 1981.

La demora de ese mensaje que aisló a los militares golpistas arrojó una sombra de duda sobre la intención inicial del rey Borbón, pero la visión generalizada es la que dejó la intervención que, finalmente, salvó el proceso de transición democrática.

La imagen de Juan Carlos I brilló en Europa y se convirtió en modelo de monarca al servicio del Estado de Derecho y de la democracia. En el apogeo de su prestigio acumuló distinciones internacionales como el Premio Carlomagno, que se otorga en Alemania, y el premio que confiere la UNESCO para promover la búsqueda de la paz.

Todo aquel esplendor comenzó en la última década a quedar sepultado bajo postales patéticas. Por caso, las que lo mostraron en una cacería de elefantes en Botswana o las revelaciones de amantes y de cuentas secretas con millones de euros. A eso se sumaron revelaciones de la Fiscalía de Suiza sobre presuntas comisiones millonarias pagadas por Arabia Saudita al por entonces rey, así como las turbias transferencias realizadas a su amante alemana Corinna Larsen.

El actual rey de España, buscando sacudirse el escándalo que perturba su reinado en un tiempo de grandes desafíos, como el separatismo catalán, renunció a ser heredero de su padre y negó saber que estaba incluido como beneficiario de las fundaciones Zagatka y Lucum, receptoras de abultadas y opacas donaciones.

Que su hijo desista de ser su heredero es un golpe sobre la demacrada imagen de Juan Carlos. Pero no está claro que le vaya a alcanzar a la corona española para sobrevivir a esta tempestad de escándalos.

Felipe VI renunció a heredar dinero y propiedades de su padre, pero posiblemente ha crecido mucho el número de españoles que lo quiere ver renunciar a la herencia que ya había recibido: el trono.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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