domingo, diciembre 8, 2019

MUNDO | 30-11-2019 16:26

Tensión mundial: estallidos en cadena

El dominó de protestas sociales, sus causas internas y los complots externos en medio de la “guerra fría” chino-norteamericana.

Según Henry Kissinger, la guerra comercial entre Estados Unidos y China podría desembocar en un conflicto equivalente a la Primera Guerra Mundial. La gran deflagración de la segunda década del siglo XX fue, fundamentalmente, resultado de la puja por el liderazgo y la hegemonía sobre los mercados entre los grandes imperios de entonces. Hoy, las dos mayores potencias económicas se están deslizando desde la competencia hacia la confrontación. Y lo que disputan es la hegemonía en la economía global y el liderazgo tecnológico, además de la influencia sobre las regiones estratégicas del planeta.

Aún en la vejez, la inteligencia y la experiencia del secretario de Estado que negoció con Chou En-lai  el abrazo entre Nixon y Mao Tse-tung le permite interpretar con claridad el tablero internacional. Allí, Kissinger está viendo situaciones similares a las que desembocaron en la guerra de 1914 y también un fenómeno similar al que dominó el escenario mundial en la segunda mitad del siglo pasado: la Guerra Fría.

Uno de los rasgos de la Confrontación Este-Oeste fue el enfrentamiento indirecto de las dos superpotencias enfrentadas, Estados Unidos y la Unión Soviética, conspirando para desestabilizar gobiernos aliados de la contraparte.

Aquella pulseada comenzó a dirimirse, precisamente, cuando Nixon y su astuto canciller lograron asegurar que el otro gigante comunista, China, por entonces atrasadísimo en los terrenos económico y tecnológico pero con la población más grande del mundo y un espacio geopolítico de inmenso valor estratégico, permita cerrar el cerco de aislamiento a la URSS.

Si se está incubando una nueva Guerra Fría, como sostiene Kissinger, entonces norteamericanos y chinos podrían estar moviendo sus fichas en el tablero mundial, en muchos casos, siendo arrojandos fósforos sobre combustible social para que ardan los gobiernos aliados de unos y de otros.

Tensión mundial

De tal modo, detrás de las masivas protestas que están sacudiendo países como en efecto dominó, es posible que haya manos ocultas de Washington y de Beijing. Lo novedoso es que podría existir una alianza secreta entre China y Rusia. La potencia euroasiática, con una economía débil pero a la vanguardia de las ofensivas con espías y ejércitos de hackers para urdir complots y manipular procesos electorales respondiendo a intereses del Kremlin, como debilitar la OTAN y dividir a los europeos, podría estar actuando con la venia de la República Popular China para debilitar la influencia norteamericana en Latinoamérica, desestabilizando a los gobiernos aliados de Washington.

Casos. Lo que no es novedoso es la mano de la Casa Blanca detrás de los movimientos para desestabilizar a gobiernos de la vereda opuesta. Es posible que, entre otros casos, Washington aportara al golpe contra Evo Morales posibilitado por las inmensas protestas contra lo que se percibió (con sobradas razones) como un fraude electoral. También a las revueltas en Hong Kong y a las masivas manifestaciones en la República Islámica de Irán, que el régimen teocrático sofoca con represión sangrienta y cortando internet.

Del mismo modo, seguramente el eje Moscú-La Habana-Caracas aportó lo suyo a las protestas que sacudieron Ecuador, Chile y después Colombia. De hecho, la mano experta del Kremlin se percibe detrás de los “chalecos amarillos” que siembran barricadas en París, así como también en el tembladeral catalán que intenta dividir España, y en las urnas que dispararon el Brexit convulsionando a Gran Bretaña y debilitando a la Unión Europea.

Pero en ninguno de esos casos la conspiración externa es la causa de las protestas. La acción exterior busca incrementar caos y violencia con fines desestabilizadores, pero lo que vuelca las multitudes a las calles es alguna injusticia local persistente y dolorosa.

Las protestas estallaron de manera espontánea en Venezuela, Nicaragua, Chile, Ecuador, Bolivia y Colombia. Igual que en las manifestaciones que sacuden Taiwán, Beirut y Bagdad, además de Teherán, en todos los casos hubo alguna gota colmando un vaso. Siempre una injusticia o situación insostenible detona el estallido social, sobre el cual después operan los conspiradores profesionales.

Tensión Mundial

En Venezuela, las causa de las masivas protestas que duraron meses fueron las calamidades que impone una dictadura ruinosa; en Nicaragua, la reforma al sistema de seguro social; en Ecuador, los costos de producción agropecuaria en los territorios montañosos; en Chile, la desigualdad que el sistema educativo reproduce a partir de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza promulgada por Pinochet en 1990; en Bolivia, las manganetas de Evo Morales para continuar en la presidencia eludiendo la Constitución y la voluntad expresada en las urnas; y en Colombia, las medidas económicas apuntadas a mantener (como en Chile) un puñado de familias como dueñas de la riqueza y el poder, además de la pasividad de Iván Duque ante las masacres de campesinos indígenas.

La represión lleva dos años imponiéndose en Venezuela, donde el régimen usa los grupos paramilitares llamados “colectivos” para incrementar su acción criminal. También Daniel Ortega lleva largos meses usando la represión que incluye paramilitares y fuerzas de choque. Mientras que en Chile, Bolivia, Ecuador y Colombia, la represión policial-militar es brutal y deja decenas de muertos.

Curiosamente, en Bolivia, Jeanine Añez había tenido una proclamación ilegítima, pero su gobierno de facto consiguió cierta legitimación al alcanzar un acuerdo parlamentario con el partido de Evo Morales (que podría haber actuado a espaldas de las directivas de su líder) para realizar elecciones sin la candidatura del ex presidente y de García Linera, su vice.

La derrota de los conspiradores externos sería que la nueva Constitución que los partidos chilenos acordaron redactar tenga los instrumentos para superar la desigualdad, principalmente mediante sistemas de Educación y de Salud que reproduzcan equidad; que de las elecciones acordadas en Bolivia por el poder de facto y el MAS surja un gobierno que acepte los límites constitucionales y que no destruya las valiosas transformaciones económicas y sociales que produjo Evo Morales, y que en Colombia terminen las masacres de indígenas y las políticas anti-igualitarias, sin que se instale un gobierno cómplice del régimen residual chavista.

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Claudio Fantini

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