LIBROS | 16-04-2020 23:01

Un nuevo paso de la construcción

“Catedrales”, de Claudia Piñeiro. Alfaguara, 334 págs. $ 899.

Sobre la novela anterior de la autora, “Las maldiciones”, se escribió que no era una novela negra sino política, sobre lo negro de la política. Claudia Piñeiro es conocida como autora de policiales, pero no solo muestra una saludable flexibilidad dentro del género, sino también audacia para dejarlo de lado. A veces de manera total, como en uno de sus mejores libros, el autobiográfico “Un comunista en calzoncillos”. En otros casos, como en “Las maldiciones”, se esfuman los códigos de la novela negra, pero sigue en pie el suspenso, o el “thriller”.

Es lo que pasa en “Catedrales”. Ya en las primeras páginas hay un crimen atroz, o más bien sus restos. La estructura de una familia es destruida y dispersa por el hallazgo en un basural del cadáver descuartizado, quemado y violado de uno de sus miembros más jóvenes.

Sin embargo la propia estructura del libro posterga la continuidad del dato. Necesitan pasar treinta años para que al fin se devele la verdad. El lector irá sabiendo lo que ha pasado (tanto entonces como después) a través de seis voces. Cinco son integrantes de la familia. El único “extraño” es Elmer, un pintoresco “criminalista” (no “criminólogo”, como se encarga de aclarar él mismo).

El resto del libro hace combinaciones tanto con el melodrama, como con el relato gótico victoriano. Un personaje central pierde el dominio de su mente después de que una estatua de ángel le cae encima al enganchar su base con la campera: una idea digna de Wilkie Collins.

Más centralmente, la novela está escrita contra la religión católica en su forma convencional, rígida y totalitaria de reaccionar, que pone en tensión extrema los vínculos familiares, y los destruye. Claudia Piñeiro conoce el terreno: no sólo se crió en una familia católica, sino que además hizo su educación en un colegio de ese tipo. En ese mismo centro, superponiéndose, está el tema del aborto ilegal (el que existe en Argentina), con una precisión casi didáctica en sus efectos fatales.

El lector avanza por lo tanto en un territorio difícil. Cada voz aporta su nueva visión, a veces semidestruida, confusa, como ocurre con Marcela, que ha perdido la memoria anterógrada (o reciente) al recibir un golpe. Si ese lector espera el esquema de la novela policial, puede quedar desorientado cuando adivina al culpable mucho antes de lo común. Con habilidad, Piñeiro le entrega a cambio un leve desplazamiento del culpable concreto del horror, y sobre todo una descripción minuciosa del modo en que el cuerpo de la adolescente de hace tanto tiempo fue descuartizado, quemado, destruido.

En el título, en la referencia a Raymond Carver que declaró en alguna entrevista, en la dedicatoria (“A los que construyen su propia catedral, sin dios”) y sobre todo en la línea de un poema de Borges (“Que cada hombre construya su catedral”) late el deseo, la necesidad de que alguna vez las tensiones del fanatismo cedan. Los personajes habitan distintas etapas de ese proceso, desde Julián (el padre), comprensivo y sufriente, hasta Carmen (la hermana mala), implacable y feroz. Aparte de ellos, Claudia Piñeiro construye la trama, sin zonas de confort ya conocidas, arriesgando en la construcción de su propia catedral literaria.

 

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Elvio E. Gandolfo

Elvio E. Gandolfo

Crítico de Libros.

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