Viernes 23 de octubre, 2020

OPINIóN | 16-10-2020 14:44

Alberto, Cristina y el elástico concepto de la lealtad peronista

De cómo el Presidente y su vice pasaron de traicionarse a volverse a elegir. La magia de amalgamar lo incompatible.

En vísperas de un nuevo 17 de octubre, el primero desde que el peronismo volvió al poder tras el paréntesis de cuatro años de Macri, conviene preguntarse qué entienden por lealtad los actuales conductores del movimiento. Uno de ellos –en teoría, al menos– es Alberto Fernández, el Presidente al que su vice eligió a dedo para que encabezara la fórmula. La otra es ella, que aseguran que tuvo ese gesto de renunciamiento porque estaba convencida de que no lo lograría por sí sola debido a los muchos enemigos que se había ganado en sus años de poder. Lo curioso, hablando de lealtades, es que Cristina Kirchner optó por un compañero que en los tiempos previos, cuando estaban enfrentados, la había castigado con más dureza que cualquiera de sus opositores. Y con el que ella, a su turno, también se desquitó sin ahorrar en saña.

Veamos el archivo, que es implacable. Tras la salida de Alberto como jefe de Gabinete, tras la guerra perdida contra el campo, él la calificó de las peores maneras: que actuaba “como una adolescente” y vivía “en su mundo dual”, que era “cínica” y “cínicamente delirante”, que sufría “una distorsión de la realidad”, e incluso que había sido la “instigadora” de la muerte del fiscal Nisman. Parecía imposible volver desde ese punto, pero la lealtad peronista todo lo puede.

Ella también le pegó a Fernández donde más le duele: lo trató de lobbista de “la corpo”, de traidor y hasta de “vocero” del Grupo Clarín, todas horripilantes palabras en el léxico K. Y sin embargo, ahora es su vice.

Él la enfrentó con cuanto peronista se animara a discutirle el liderazgo a ella: primero lo intentó con Daniel Scioli –que al final nunca sacó los pies del plato–, luego le ganó una elección con Sergio Massa en 2013, y por último, en 2017, lo secundó a Florencio Randazzo para dividirle el voto peronista y hacerla caer ante el macrista Esteban Bullrich. Es decir que cuando no le ganó, igual logró que ella perdiera.

Pero acá están, juntos otra vez. Y rodeados por Massa, Scioli, Randazzo, Moyano, Felipe Solá y otros “traidores” consumados o potenciales que en el pasado se fueron o amenazaron con irse.

La magia única del peronismo consiste en amalgamar todas sus piezas cuando así lo cree necesario, por más incompatibles que ellas parezcan entre sí. A eso es lo que los compañeros llaman lealtad, aunque no coincida con la definición del diccionario.             

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Franco Lindner

Franco Lindner

Editor de Política, columnista de Radio Perfil y autor de "Fernández & Fernández" (Planeta).

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