Domingo 27 de noviembre, 2022

OPINIóN | 08-11-2022 09:45

"Te armamos una Secretaría": el Estado botín de guerra

Las declaraciones de Leandro Santoro hacen referencia a una práctica política que no es novedosa, pero que llama la atención en un contexto dónde la marea bajó.

“Te armamos una secretaría”. Frase textual del legislador nacional por la ciudad de Buenos Aires Leandro Santoro que alude a un ofrecimiento por parte del entonces jefe de gabinete de la administración Fernández, Santiago Cafiero. Vale decir, esta no es una práctica política aislada ni novedosa sino que llama la atención en un contexto dónde la marea bajó y tanto las bajezas de la clase dirigente como la chatarra estatal están a la vista. No es que ello no haya ocurrido antes, sino que en aquellos momentos que nuestro país está bendecido por un ciclo internacional de exuberancia financiera o de materias primas volando por las nubes, todo ese agujero negro queda bajo el nivel del mar. Por un rato nuestras miserias se van a dormir, in honorem Joan Manuel Serrat.

En tal sentido, resultaba difícil que este tipo de conductas políticas cayeran bajo la lupa del escrutinio social en circunstancias de éxtasis y apogeo como la que vivió Argentina en 1993 de la mano de la convertibilidad con la pobreza tocando un pico mínimo de 27%. O cómo volvió a ocurrir en 2013 al calor del batacazo electoral de Cristina Kirchner y el ciclo expansivo de las commodities apagándose con una métrica de pobreza similar a la que disfrutó efímeramente el menemismo durante los locos, para otros malditos, años 90. No obstante, el contexto hoy es otro. En primer término, la pobreza ronda hoy el 40%.  En segundo lugar, hay un proceso inflacionario que casi ningún economista estima hoy por debajo del triple dígito versus salarios que varían año contra año por debajo del 70% aunque con algunas excepciones que alcanzan a la aristocracia sindical que negocia convenios por arriba del 100%, Hugo Moyano conducción.

En este marco, no solo queda bajo un potente reflector la anécdota relatada por Santoro sino un interminable listado de privilegios, abusos y de acciones quizás legales pero ilegítimas de nuestra dirigencia que, en el fondo, desnudan un problema de mucho mayor gravedad: en un contexto dónde nuestro país pide a gritos un liderazgo y un rumbo perdido desde comienzos de los años 70, predomina un comportamiento dirigencial orientado a usufructuar beneficios, las mieles del poder, más que a administrar responsabilidades encuadrables dentro de un paradigma de gestión orientado a los resultados. En vulgares términos futbolísticos, no te voy a hablar de las condiciones a cumplir para jugar de número 5, de 10 o de arquero sino del puesto que te voy a inventar para que ninguno de nosotros quede afuera. Si no nos presentamos con 11 sino con 200 jugadores no importa. El objetivo es que estemos y permanezcamos. ¿Por el impacto de nuestro laburo? ¡Eso no! Siempre será rezando a que no se resfríe nadie en Wall Street o, como en Plata Dulce, a una cosecha salvadora.

Las dos polarizaciones cruzadas

¡Que la historia de Santoro no vaya a quedar como una anécdota suelta! Desde Córdoba vino la semana pasada la noticia de un accidente que involucró al presidente de la legislatura provincial desplazándose en un auto de alta gama que la justicia distribuye a otros funcionarios públicos, de variada extracción partidaria, en una suerte de cadena de la felicidad dónde a ningún dirigente le toca administrar ningún modelo gauchito de gama media como un Fiat Argos o un Renault Sandero sino que ¡oh casualidad! el bolillero judicial siempre les canta BMW, Audi o alguna otra joya mecánica de esas que vemos en películas como El Transportador o Rápidos y Furiosos. A esta altura de la velada, ¿cómo resistirse a parafrasear el viejo adagio italiano? “Se non è vero che esiste una casta politica, è ben trovato”. Si no es verdad que existe una casta política, igual está bien imaginado. Punto a favor de Javier Milei.

De bonus, la discusión de Juan Grabois en la cola de ingreso al país en Ezeiza tras un viaje a Roma pinta un cuadro completo de situación. Ojo, que quede claro que aquí no hay ninguna discusión respecto a gustos, preferencias u oportunidades, inclusive es previsible que el dirigente social lo esté haciendo en calidad de miembro del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano. En todo caso, es totalmente previsible que en este contexto social del país un dirigente tan identificado con la militancia a favor de los desposeídos no pase la lupa del escrutinio público en una cola de un aeropuerto internacional. ¿No será quizás un buen momento para que quienes administren costosas responsabilidades internacionales no lo hagan vía una excelente cuenta de Zoom profesional de U$S 14 por todo concepto? Vale para la Cancillería por supuesto.

En resumen, rumbo a 2023 es muy factible que terminen operando dos polarizaciones cruzadas. En primer término, una que estuvo muy operativa a partir de 2008 en particular, luego del conflicto con el campo: kirchnerismo versus macrismo (o antikirchnerismo). En segundo lugar, una que es transversal a la primera: casta versus gente de a pie (o anticasta). Es decir, en el estado de situación actual, no le alcanzará a quienes quieran desafiar a Cristina con ponerse la camiseta antikirchnerista tal como ocurrió en 2015 y algo menos en 2019, sino también que deberán mirar hacia una segunda polarización en alza y cuyo termómetro es el crecimiento de Milei en las encuestas: está creciendo en gran parte de la sociedad la idea de que hay una dirigencia política, empresarial y sindical transversal a todo el arco político que explica la decadencia del país a partir de sus abusos, prebendas, subsidios y rentas de todos los colores. En esa zona, se resolverá la próxima elección 2023 y el futuro del país por supuesto.

 

 

(*) Analista Político

También te puede interesar

por Daniel Montoya

Galería de imágenes

En esta Nota

Comentarios