OPINIóN | 13-08-2020 10:26

Coronavirus: la importancia de asegurarse vacunas lo antes posible y a menor precio

Las ventajas de tener un acuerdo para producir una de las candidatas más prometedoras. Por qué hacer ensayos clínicos de otro laboratorio y tratar de negociar con todos los que se pueda.

La jugada del presidente Alberto Fernández y del laboratorio mABxience del grupo Insud encaja perfectamente en la película que estamos viviendo. En medio de una pandemia sin precedentes en los últimos cien años, con laboratorios de más de 15 países corriendo para desarrollar una vacuna que permita dejar atrás cuarentenas de todo tipo y color, la trama de acelera, los gobiernos se agolpan ante ciertos mostradores. 

Ya no solamente se trata de investigar y de testear las candidatas vacunales, también de asegurarse dosis para las poblaciones de los diferentes países. Y en ese tren, las naciones más ricas compran por adelantado y financian los desarrollos, aún sin saber si lo que están reservado resultará ser, finalmente, eficaz para prevenir el contagio de la Covid-19.

Así es como un puñado de países ya se han reservado 5.700 millones de dosis de vacunas que todavía no está comprobado sean ideales, pero que por ahora prometen. ¿Quién ha puesto más dinero en tren de garantizarse vacunas para su población? El gobierno de los Estados Unidos, que hasta el momento asignó al menos 10.900 millones de dólares para el desarrollo y la fabricación de una vacuna contra el coronavirus.

Otras naciones, menos pudientes, se pusieron en marcha con el fin de cerrar acuerdos que permitan efectuar la transferencia de tecnología necesaria como para ser elegidos para producir las vacunas una vez que estén aprobadas, o participan de los ensayos clínicos. 

En esta suerte de carrera de los cien metros, los países más pobres, los que no tengan desarrollo científico e industrial, son los que enfrentan el riesgo de quedar muy atrás. Si consideramos que todavía falta finalizar las pruebas, aprobar al menos una vacuna, fabricar miles de millones de dosis y distribuirlas por el mundo, sin dineros ni industria es muy difícil que los menos desarrollados vean a al menos su población de riesgo vacunada antes del 2022, con viento a favor. 

Argentina pelea por un lugar

Por eso, la jugada de la Argentina comenzando testeos clínicos con una de las vacunas que ya está en fase avanzada (Pfizer/Biontech, que comenzó a aplicarse a voluntarios este lunes), acordando con otra de las más prometedoras (la de Oxford/AstraZeneca) para producirla en el país, seguir conversando con candidatas chinas y de otro origen, enviarle una carta de felicitación al presidente ruso Vladirmir Putin, es una estrategia.

Una estrategia para que la Argentina, que está en ese punto medio que incomoda, el de los países que ni son ricos, ni son tan pobres como para recibir donaciones, pueda asegurarse dosis de vacunas a un precio pagable, y antes de los próximos dos años. 

¿Es criticable que Alberto Fernández le haya enviado esa carta a Vladimir Putin, que anunció el registro de su candidata Sputnik V para ya ser aplicada en parte de población? Desde un punto de vista científico, lo es. Porque, en rigor de verdad, lo que Putin describió es un gran ensayo clínico de fase 3 a cielo abierto, polémico porque no ha habido un solo documento científico publicado en revistas científicas que demuestre la eficacia y corrobore la seguridad de la vacuna, desde que fuera dado a conocer un ensayo sobre 78 personas. Es decir, de Fase I.

Por eso las prevenciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la mayor parte de la comunidad científica fuera de Rusia.

Pero lo que Putin hace es política, un gesto para mostrarle a su país (castigado por la cantidad de contagios diarios) y al mundo, que su gobierno está activo. Vladimir arriesgará mucho, si los resultados terminan en un fiasco. Es un movimiento de ajedrez basado en la confianza  de contar con un sistema científico tecnológico más que robusto. 

Y también es política la actitud de la Argentina, que sin arrojarse en busca de acuerdos o ensayos clínicos en el país, congratula al gobierno ruso por el anuncio. Un detalle fuerte pero cauto a la vez. 

Lo importante, hoy, es poner tantos huevos como sea posible en las diferentes canastas que más prometedoras sean en esta instancia. Si producir la vacuna de Oxford/AstraZeneca permite tener, en caso de ser aprobada, millones de dosis a entre 3 y 4 dólares (cuando otros laboratorios las venderán sus vacunas a entre 20 y 35 dólares, algunas de las cuales inclusive requieren dobles dosis) es un paso ganado. Si participar de ensayos clínicos de primera línea permite negociar otros cientos de miles de dosis a precios especiales, será otra pequeña batalla para poder ofrecer vacunas más prontamente a ciudadanos argentinos. 

Son ocho las candidatas vacunales en fase 3 actualmente. Si fuera posible entrar en negociaciones con los 8 desarrolladores, sería bueno intentarlo. Siempre según las condiciones de los acuerdos, obvia decir, pero es lo que hace el mundo actual: correr. Correr para salir cuanto antes de la pandemia, de sus encierros y de la recesión económica. Es por eso que los países más pudientes, por dinero y por desarrollo científico tecnológico, ya reservaron esas 5.700 millones de dosis. Así, poniendo huevos en diferentes canastas. La metáfora no será muy delicada, pero la estrategia sí que es efectiva. 

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Andrea Gentil

Andrea Gentil

Editora de Ciencia, Medicina y Tecnología. Coordinadora carrera de Comunicación Digital, UNaB.

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