Martes 21 de septiembre, 2021

OPINIóN | 08-05-2020 18:25

Jueces Sin Rostro: el peligroso antecedente colombiano que Argentina podría repetir

En 1990 el país latino ideó ese sistema para proteger a jueces y fiscales de los delicuentes. ¿Podría pasar acá? El factor presos liberados.

Caminando la seguridad pública internacional me topé con lo que se dio en llamar la Justicia sin Rostro. Hace más de una década lo vi en los libros y luego pude estudiar su desarrollo in situ. Fue una medida de 1990 que adoptó el Gobierno colombiano –yo trabajé como asesor de seguridad en Medellín- para proteger a Jueces y Fiscales, que queriendo cumplir honestamente con su deber, eran objeto de las amenazas y actos terroristas que perpetraban los narcotraficantes para presionarlos a tomar decisiones que los favorecieran. Existieron 515 atentados a funcionarios judiciales antes de esa medida con 290 de ellos asesinados. En las audiencias su voz era distorsionada y en el expediente de condena no aparecía su nombre, sino un código.

A diferencia de lo que está sucediendo aquí donde no hay un Pablo Emilio Escobar ni un sicario como Popeye, y con un ministerio publico fiscal que en muy alto porcentaje se metió en la trinchera con casco, fusil y código procesal para resistir sugerencias, no creo que observemos la necesidad cierta de salir a cuidar a jueces con miedo a los propios delincuentes que algunos de ellos pusieron en libertad. Quizás el Estado con sus herramientas de seguridad tenga que salir a custodiarlos de la ciudadanía honesta encolerizada, pero sería una imagen lamentable.

¿Cómo explica un juez que libera a presos sin pasarlos por el tamiz de la necesidad cierta, sin cumplir con los requisitos de la ley 27372 denominada ley de la víctima? Nadie se siente con la responsable actitud de dar explicaciones del por qué se libera a individuos que estando encerrados purgando pena, pagando a la sociedad por lo que hicieron, se los deba liberar porque el Covid-19 mató a 300 personas en el país. ¿Por qué motivo no escuchamos al mismo comité de expertos epidemiólogos, infectólogos y sanitaristas que asesoraron al Presidente decir algo sobre las cárceles y la suelta de delincuentes encarcelados?  ¿No había otra idea o pensando mal, la idea era otra?

Es verdad que algunos países latinoamericanos como Chile, Ecuador, Perú y en menor medida Colombia, como lo hicimos nosotros, soltaron y dieron libertad a algunos detenidos, pero en la antítesis encontramos a países europeos donde la pandemia hizo y sigue haciendo estragos y no hubo liberados en tropel.

A nadie escapa el conocimiento que las cárceles de nuestro país tienen superpoblación en general, como todas las de América donde conviven entre 1,5 y 1,8 millones de detenidos desde México a Tierra del Fuego. Ahora, de acuerdo con las informaciones reinantes solamente hay a la fecha 2000 infectados en esos establecimientos carcelarios del cono sur y una escasa cantidad de muertos. Era dable tomar una medida a nivel Latinoamérica de soltar esos presos cuando el índice de contagiados es del 0,0010 %, número este en porcentaje que resulta infinitamente menor al de cualquier otra afección que se da normalmente dentro de los penales, y es casi inexistente si se la compara con lo que nos espera a los ciudadanos que gozamos de libertad en relación con el Covid-19.

Qué decirles a las víctimas, que con angustia ven que un pedazo de su pasado horroroso vuelve a estar a la vuelta de la esquina. Como explicarles, padres a hijos, esposos a esposas, que todo lo sucedido volverá a atormentar sus memorias. Como leí estos días muy acertadamente, será como morir dos veces.

Qué decirles a las policías, a las fuerzas de seguridad, que gastaron tiempo en investigaciones, que pelaron frentes pensando e investigando, que hicieron miles de horas de trabajo de inteligencia delictual, que pasaron días y días detrás del dato o información que les diera certeza para colaborar con el fiscal y tener el proceso exitoso que culminara y llevara a buen puerto la investigación. Como se responderán ellos mismos, que esa justicia a la que le ofrendaron heridos y vidas de camaradas caídos en cumplimiento del deber, esa misma justicia hoy desprecia su trabajo profesional, y, quizás, los obligue a tener que nuevamente arriesgar sus vidas y ocupar nuevas horas en trabajos que ya se habían cerrado. ¿En qué porcentaje volverán a delinquir los presos sueltos? La historia nos lo marcará. ¿Pondremos cara de sorpresa cuando dentro de unos meses vayamos a tocar timbre a sus respectivas casas para notificarlos que deben volver al penal y no los hallemos?

Resulta difícil creer en aquellos que desde el gobierno dicen y manifiestan que están en desacuerdo con la suelta de presos, que es un tema de la Justicia. Que es la Justicia y que ellos nada tienen que ver. Resulta más difícil creer aún que nadie de este gobierno con responsabilidades en seguridad pública saliera a reconocer que esto será un grano difícil de tratar y más de digerir por la sociedad, con consecuencias de Fuenteovejuna en determinadas situaciones. No estamos siendo inteligentes, y mucho menos honestos. ¿Será que tendremos que creer que estamos atados a la frase del tema de nuestra querida Maria Elena Walsh del Reino del revés?

Me dijeron que en el Reino del Revés
Nadie baila con los pies,
Que un ladrón es vigilante y otro es juez
Y que dos y dos son tres.

 

También te puede interesar

por Jorge Vidal

Galería de imágenes

En esta Nota

Comentarios