OPINIóN | 12-06-2020 15:41

La banalización #EsRacismo

La campaña del Inadi desnuda una realidad: la lucha contra los prejuicios es larga y necesita más ideas que palabras escandalosas.

¿Se puede aconsejar a alguien no decir “negro” usando la palabra “negro”? ¿Conviene hacer una advertencia contra la discriminación utilizando las mismas expresiones que los discriminadores, por ejemplo, “villero” o “indio”?

El sólo hecho de escribir el término es incómodo. Así debe haberse sentido quien ideó la campaña para redes de Inadi, #EsRacismo. En sus diferentes piezas gráficas, un matrimonio respetable se queja de que una chica pobre use la cama de hospital que les corresponde a ellos; una pareja se aparta ostensiblemente de un joven indigente que se sienta en el mismo banco; una mamá le dice “indio” a su hijo en forma despectiva y un señor insulta a otro usando en la misma frase los términos “negro, villero y vago”.

La cuestión del racismo es tan compleja como la del patriarcado, porque no se trata solo de palabras sino de modelos de pensamiento que se instalan con la educación y están arraigados socialmente.

Pero es verdad, también, que empieza por las palabras. Una disputa básica de la lingüística surge de la llamada “hipótesis Sapir-Whorf”, que instala Benjamin Whorf a partir de las ideas de su célebre maestro, Edward Sapir. ¿Determina el lenguaje la forma en que pensamos? ¿Qué relación hay entre nuestras vidas y lo que podemos expresar con la lengua?

La idea de Sapir fue debatida durante todo el siglo XX y casi desterrada de la consideración a la luz de las últimas teorías lingüísticas. Pero algo de lo que pensaban estos dos pioneros de la disciplina es verdadero. El sólo hecho de cuidar al máximo no transmitir a los chicos esta clase de expresiones contribuiría, sin duda, a morigerar los prejuicios.

Sin embargo, como decíamos antes, la discriminación va más allá de las palabras y se exhibe en otras actitudes: la desconfianza, el rechazo físico, el trato despectivo y hasta cuestiones aún más sutiles, como no considerar a alguien para un ascenso por su color de piel o usar el nombre de una etnia para descalificar a una persona.

A veces son conductas inconscientes. No tenemos demasiado control sobre estos esquemas de pensamiento en los que fuimos educados y están grabados a fuego en la memoria. Desterrar estas ideas es un trabajo de educación, porque la ignorancia y la simplificación son los peores enemigos del prejuicio.

¿La campaña del Inadi ayuda o empeora las cosas? La titular del organismo, Victoria Donda, atribuyó a nuestra incapacidad para aceptar que somos racistas, el revuelo que causó la campaña. “Solo pretendimos exponer los estereotipos”, explicó en declaraciones públicas.

El impacto es cierto. La violencia del mensaje también. Pero el escándalo no parece el mejor método para enfrentarse a ideas erróneas, sino otras ideas que iluminen aspectos desconocidos de la realidad a los prejuiciosos. Una frase del I Ching ilustra muy bien este proceso virtuoso: “la única manera de luchar contra el mal es un enérgico progreso en el sentido del bien”.

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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