OPINIóN | 29-12-2022 12:39

Messi no es un ídolo

Tal vez, el astro argentino sí es una persona cualquiera. Aunque se trate del jugador que batió todos los récords en la cancha, afuera es alguien que no se presenta con actitudes de star y de su vida privada conocemos poco y nada.

“Maradona no es una persona cualquiera”, comenzaba una ya vieja canción de Andrés Calamaro. Una de las tantas canciones que se le escribieron a Diego. Que yo sepa todavía Messi no tiene una canción que lo homenajee en el mundo del Rock.

Es que Lionel Messi tal vez sí es una persona cualquiera. Aunque se trate del jugador que batió todos los récords en la cancha, afuera es alguien que no se presenta con actitudes de star y de su vida privada conocemos poco y nada.

A sus 35 años, cada día más cerca de su retiro, después de haberlo ganado todo, Messi por fin obtuvo la copa del Mundo. La que en el ’86, Maradona consiguió a los 25 años. No es mi interés hacer psicología del personaje, sino una reflexión general sobre lo que pudieron implicar esos años de diferencia.

En nuestra sociedad, los jóvenes hablan de “pegarla” para referirse al éxito inmediato. El fútbol es un terreno privilegiado para que muchachos, que a veces provienen de familias con pocos recursos, advengan millonarios en un tiempo veloz.

No conocemos nada de la personalidad de Messi, pero sí lo escuchamos hablar en este período (tras la derrota en el Mundial de 2014) de cómo tenerlo todo no es garantía de nada. Messi no se comportó como un obstinado, no se victimizó, sino que demostró algo que a los argentinos nos cuesta mucho: compromiso con un objetivo a largo plazo y responsabilidad por su imagen pública hacia quienes lo admiran.

En una ocasión, Maradona respondió que él no tenía por qué ser un ejemplo para nadie, que para eso estaban los padres. En una cultura como la nuestra, de padres desautorizados e hijos en banda, Messi dijo todo lo contrario: que él sabía que si bajaba los brazos no era un buen mensaje para los más jóvenes.

“Levantarme, intentarlo otra vez, es el mensaje para los niños que les gusta verme. Eso es la vida, tropezar y volver a levantarse”, fueron las palabras de Messi.

Es que Maradona fue un ídolo, es decir, un semi-Dios, un héroe en el que los demás seres humanos proyectan sus deseos de transgresión y una condición excepcional; en última instancia, una figura trágica, el complemento perfecto para una cultura –como la argentina– que puede hacer del sufrimiento una pasión necesaria.

Messi eligió ser un ejemplo, no un ídolo. Un ejemplo, no en el sentido de un ideal, sino como alguien que transmite su experiencia como fuente de inspiración para otros. Messi es un ejemplo, no alguien ejemplar –porque no aspira a ser más que una persona cualquiera.

¿Puede ser que este sea un momento en que Argentina pueda apostar más al ejemplo que a la necesidad de un ídolo? En un mundo efectista, no está mal recordar que lo que llega rápido puede ser también la anticipación de un derrumbe; que además del éxito, hace falta la madurez para soportarlo.

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por Luciano Lutereau*

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