Domingo 4 de diciembre, 2022

OPINIóN | 17-11-2022 11:10

Nico Monzón, la vida como escuela

La reflexión del Director Regional de Fundación Varkey sobre uno de "Los 10 argentinos del año" distinguidos por NOTICIAS.

Nicolás Monzón tenía 19 años, vivía en Quilmes y un día decidió mudarse a un departamento a CABA, en la calle Carlos Calvo. Allí comenzó a relacionarse con el encargado del nuevo edificio, que al parecer tenía deseos de aprender programación.

Nico asumió esa actitud como un desafío personal y en largas llamadas y conversaciones en planta baja, fue guiando su camino de aprendizaje. Le mandaba material, videos, ejercicios y realizaban prácticas puntuales. Hoy aquel muchacho de la portería se dedica a programar en una de las organizaciones mejor evaluadas del mercado.

Pero esa es sólo una anécdota en la vida de Nico. Luego de haber recibido la distinción que lo ubicó como uno de los 10 estudiantes más destacados del mundo, me tocó acompañarlo por distintos canales de televisión y estudios de radio. Allí empecé a conocer su gran historia.

Nico es matemático. Y creo que lo era antes de estudiar nada: cuando su madre lo llevaba a la plaza, a jugar, él contaba objetos, animales y árboles. Cuando iba a la escuela, en el colectivo, hacía cuentas con las calles y los autos que cruzaba. En la primaria, durante sus recreos, aprovechaba para espiar las clases de secundaria, donde encontraba nuevos elementos que creía que podía aprender. En la feria de Solano, donde vendía medias, ejercitaba el cálculo mental.

Uno podría decir: “el chico maravilla” -como escuché por ahí- pero si prestamos atención, advertiremos que él mismo afirma no haber llegado allí sólo por sus propios medios. Reconoce el esfuerzo de su familia -su padre trabaja doble turno en obras de construcción-, a un gran docente llamado Daniel, a su abuela que un día le regaló un libro sin saber que era para chicos 8 años mayor que él, a Carmen Sicardi, líder de una organización que impulsa a jóvenes. Nico está hecho de pequeñas oportunidades -de él y de su comunidad- que crecieron con su esfuerzo. 

Dije que Nico siempre fue matemático. Ser humilde es tener una visión precisa de nosotros mismos sin estar demasiado centrados en nuestra propia persona. Es decir, ser conscientes de nuestras fortalezas y limitaciones sin dejar de mirar nuestro entorno, lo público, donde esos elementos entran en juego.

Ser humilde no es quedarse siempre callado ni ser invisible. Es saber escuchar, reírse de uno mismo, dar las gracias. Pero sobre todas las cosas, ser humilde es vivir la vida como una oportunidad de aprendizaje para uno mismo y para los demás, una escuela donde se aprende se enseña. Es darse a los demás. Todo eso es Nico Monzón.

 

*Agustín Porres, director regional de Fundación Varkey.

por Agustín Porres*

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