Hijo de la soprano Elcira Ramos y el maestro de música Fermín Favero, nació en La Plata y fue un niño prodigio que desde su infancia comenzó a recibir lecciones de piano, solfeo y teoría musical. A los 17 años Alberto Valentín Favero recibió el premio Nueva Figura, en reconocimiento a su talento incipiente.
Su pasión por la música lo llevó a estudiar dirección coral, contrapunto, orquestación y composición con maestros como Luis Gianneo, Guillermo Graetzer, Mariano Drago, Valdo Sciammarella y Ljerko Spiller. Su carrera internacional comenzó a despegar en la década de 1970, cuando compuso la emblemática “Suite Trane” en homenaje al saxofonista John Coltrane, y comenzó a musicalizar obras de escritores como Julio Cortázar, Mario Benedetti y Pablo Neruda.
Durante más de una década, compartió vida y numerosos espectáculos con Nacha Guevara en países como México, Venezuela, Brasil y España. Su regreso a la Argentina en 1984 marcó el inicio de una etapa prolífica, con proyectos como “Eva”, el musical con letras y texto de Pedro Orgambide para el que compuso la música. A lo largo de su recorrido, también dejó su huella en exitosos montajes como “Cabaret”, “Los Miserables” y “Sweeney Todd”.
En conversación con NOTICIAS, en un descanso de sus actuaciones junto a Nacha en La Carbonera, no habla desde la nostalgia ni desde la épica del pasado, sino desde un presente que lo tiene sumamente activo.
Noticias: ¿Dónde está hoy su base de operaciones?
Alberto Favero: En Buenos Aires. La Argentina es el lugar donde uno tiene más fortaleza. Afuera uno suma experiencias, conocimientos, herramientas, pero la identidad no se exporta. Eso no se reemplaza.
Noticias: Sin embargo, pasó nueve años en Los Ángeles.
Favero: Sí. Buscando otro rumbo, otra exposición. Los Ángeles es una gran vidriera, una boca enorme donde la industria muestra su potencia. Aunque hoy esa palabra hay que revisarla. Cuando llegué, en 2016, ya se respiraba esta sensación de rareza que ahora es evidente. Un mundo convulsionado, siempre al borde del conflicto, con amagos de guerra constantes y una cultura cada vez más acelerada y superficial.
Noticias: ¿La experiencia fue frustrante?
Favero: No, reveladora. Nada dura para siempre. Todo cambia. Y el problema no es el cambio, sino resistirse a él. Cuando las cosas no circulan, se gangrenan. Pasa con el dinero, con la sangre y también con las ideas.
Noticias: ¿Cómo ve hoy a la cultura estadounidense?
Favero: Ellos tienen valores fundacionales admirables. La vocación democrática de sus orígenes es extraordinaria. Lincoln, Jefferson, esos próceres siguen siendo figuras admirables. Pero también hay una pérdida de densidad. Muchas cosas se volvieron descartables. Y eso se nota en la cultura, en la música, en el cine, en el teatro.
Noticias: ¿Por eso la decisión de volver?
Favero: Uno no puede vivir siempre en una vitrina. Hay momentos en los que hace falta volver al lugar donde las cosas duelen de verdad. Donde la historia no es una abstracción ni un contenido de plataforma. Estar afuera de la patria produce un efecto curioso. Algunas cosas se magnifican y otras se empequeñecen. Pero cuando trabajas con materiales ligados a la identidad, a la cultura y a la memoria emocional de un país, eso pega más fuerte. No es patriotismo ni folclore. Es memoria.
Noticias: Usted tiene familia en Estados Unidos, hijo y nietos. ¿Eso tensiona su mirada sobre el país?
Favero: Claro que sí. naTe obliga a no simplificar. Uno no puede caer en la caricatura. Estados Unidos tiene cosas admirables y otras profundamente problemáticas. Como cualquier sociedad. El tema es no perder el espíritu crítico.
Noticias: En el pasado México fue clave también en lo personal.
Favero: Fue vital. Nosotros con Nacha llegamos prácticamente con lo puesto. Dos veces nos fuimos así, y lo poco que quedó después fue robado. México fue generoso, afectuoso. Nos devolvió algo esencial que es el afecto. Eso no es menor cuando uno viene de etapas tan duras.
Noticias: Al repasar su trayectoria, ¿qué lugar ocupan los años 60 y 70?
Favero: Fueron épocas de liberación y experimentación, pero no las únicas. Cada época tiene sus crisis y sus estallidos. El cambio es un proceso antropológico. Siempre está pasando algo, aunque no sepamos ponerle nombre.
Noticias: Musicalizó a Benedetti, Neruda, Cortázar. ¿Cómo se compone sin caer en consignas?
Favero: Desde la emoción. En “De qué se ríe” recorrí exactamente el mismo camino emocional que Benedetti. La indignación fue la misma. Uno ve una tapa de diario, una sonrisa obscena en medio del desastre, y se pregunta: ¿de qué se ríe? Esa pregunta no es ideológica, es humana. Y trasciende épocas.
Noticias: Muchas de esas canciones nacieron en contextos políticos extremos.
Favero: Claro. Pero no nacieron para bajar línea. Trabajamos desde la emoción. Por eso no se sabe si nació primero la música o la letra. Cuando eso ocurre, la obra respira sola y envejece mejor. Con Nacha tenemos un vínculo artístico que se volvió político porque fue honesto. Nunca perdimos de vista el objetivo estético. Cuando aparece el tercer elemento que es el público, se genera una vibración muy fuerte. Y eso no se fabrica. Eso sucede o no sucede.
Noticias: ¿Por qué volver ahora con ese material?
Favero: Porque es histórico. Porque es sangre, sudor y lágrimas de una época y de un pueblo. No hacerlo sería negarlo. Hay una responsabilidad con la memoria, sobre todo cuando todo invita al olvido rápido. Esas canciones ya no nos pertenecen. Son del pueblo. De dominio público emocional. Uno ya no es dueño de eso, apenas fue un canal.
Noticias: ¿El arte tiene una responsabilidad política explícita?
Favero: El compromiso es inherente. No se declama, aparece. Si un tema es vital para una sociedad, le importa a todo el mundo. ¿Por qué no le va a importar al artista? Chopin con Polonia, Verdi con Italia, Víctor Hugo con su tiempo. El artista no puede hacerse el distraído cuando la historia aprieta. El arte no está para mensajear, está para incomodar.
Noticias: ¿Cómo ve el presente cultural argentino?
Favero: Lo veo fragmentado, como el pensamiento contemporáneo. Hay talento, pero también mucha ansiedad, mucho ruido. Todo quiere ser inmediato. Falta tiempo para decantar. Falta silencio. La música urbana es parte de ese fenómeno. No la demonizo. Es un síntoma. A mí me interesa la belleza, no como adorno sino como experiencia transformadora. El arte no está para manipular ni para mensajear. Para eso está el correo.
Noticias: ¿Entonces la belleza sigue siendo un valor político?
Favero: Más que nunca. La belleza es resistencia. Es un acto de libertad en un mundo que tiende a la brutalidad.
Noticias: ¿Siente que hoy la cultura está más fragmentada que antes?
Favero: Absolutamente. Y no solo en la música. En el pensamiento, en el lenguaje, en la política. Todo es fragmento, impulso, reacción. Falta continuidad. Falta respiración. Y el arte necesita tiempo.
Noticias: No reniega de lo nuevo.
Favero: El arte es libre. Siempre lo fue. Pero la libertad no implica ausencia de profundidad. A mí me interesa lo bello, pero no en el sentido decorativo. Me interesa aquello que toca la sensibilidad humana y deja una huella. Eso puede ser áspero, incómodo, incluso maldito al principio. El arte no viene a salvar a nadie. No tiene pretensión de manipular ni de convencer. No trabaja para “mensajear”. Eso es otra cosa. El artista dice: “Esto está pasando”. Prestemos atención.
Noticias: Su formación musical aparece como una columna vertebral de su pensamiento.
Favero: Sin duda. Mis maestros fueron determinantes. Ljerko Spiller (violinista, profesor de música y director de orquesta croata nacionalizado argentino) fue uno de mis grandes faros culturales. Extremadamente culto, con un humor extraordinario. Enseñaba desde la alegría. Yo descreo profundamente de la idea de que la letra entra con sangre. Entra con felicidad. El aprendizaje también es un acto político.
Noticias: ¿Siente que hoy el legado de ese aprendizaje está en riesgo?
Favero: No sé cómo está ahora el panorama educativo en música de cámara, en formación profunda. No lo conozco. Pero sí sé que yo tuve un privilegio enorme. Trabajé con personas auténticas, con conocimiento real, con una manera de transmitir que no era autoritaria sino profundamente humana. Eso hoy no abunda. Lo primero que tiene que hacer un maestro es generar alegría. Eso también es una posición ideológica.
Noticias: ¿Le teme al paso del tiempo?
Favero: No. El cuerpo es un templo. Y la experiencia, si se la usa bien, también.
Noticias: ¿Cómo le gustaría que lo recuerden?
Favero: Como alguien que trabajó para que la gente pudiera estar un poco mejor. No para dar respuestas, sino para abrir preguntas. Eso ya es bastante.
Noticias: ¿Qué sigue sosteniendo su impulso creativo?
Favero: La curiosidad. Y la experiencia. Nosotros estamos acá para experimentar. Para vivir. No sabemos qué hay después. Esto sí lo sabemos. Y mientras tanto, si uno puede contribuir a que la gente viva un poco mejor, aunque sea por una canción, ya es suficiente.






















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