PERSONAJES | 13-08-2021 15:00

Carla Algeri: “El tango es mi lengua madre”

Bandoneonista, compositora y arregladora, es directora de Polo Bandoneón. Raíces, maestros y bandoneones en extinción.

Vive en un loft del edificio Molina Ciudad, en La Boca, donde estaba la vieja fábrica Alpargatas y que Casa FOA puso en valor en 2012. El ambiente amplio iluminado por el sol de invierno, tiene una decoración ecléctica y los instrumentos musicales son legítimos protagonistas, no son adornos. Carla nos recibe amablemente, enfundada en un catsuit de chiffon, dispuesta a contar su rica historia. Bandoneonista, compositora y arregladora, se formó en el bandoneón con el maestro Rodolfo Mederos e integró su orquesta entre los años 2000 y 2005. El tango fue la melodía de su infancia y estaba cantado que sería su destino. “Cuando nací, mis padres pusieron en el Winco familiar el tango ‘Te quiero’, en la versión de Abel Córdoba con la orquesta del maestro Osvaldo Pugliese. A los cuatro años ya estaba estudiando piano y guitarra, impulsada por mi padre, Miguel Ángel (80). Con él comencé a asistir, cada lunes de mi vida —porque papá es estilista de mujeres, cerraba la peluquería ¡y yo faltaba al colegio!— a los ensayos de quien fuera luego mi maestro de piano, justamente Pugliese, que con su orquesta fue y es uno de los referentes más importantes del género. El tango es mi lengua madre. Aquellos lunes con papá en su auto, escuchábamos en la radio ‘Rapidísimo’, el programa de Héctor Larrea, y había un segmento, ‘La tangueada’, en el que pasaban diferentes temas. El juego era que yo adivinara el nombre del tango o el intérprete; fue una inducción tan fuerte que se grabó en mi ADN”, recuerda Carla Algeri

“A los cinco me encontré un día en el conservatorio de música de mi ciudad natal, Burzaco —Almirante Brown— con un bandoneonista que apoyaba su pie en un viejo bebedero. Tocaba ese emblemático instrumento que me cautivó para siempre. Desde ese instante, con mis ojos grandes y mis pocos años, mi único sueño de infancia y durante mucho tiempo fue tocar el bandoneón en un subte de París. Es algo que aún lo tengo pendiente, a pesar de haber visitado esa bella ciudad muchísimas veces” dice. Hoy Algeri es directora de Polo Bandoneón, una entidad que pertenece al Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y que tiene sede en el edificio del legendario Puente Alsina. Fue desocupado y puesto en valor. Su gestión cultural de amplio espectro, la cuenta como responsable de la redacción para la UNESCO del proyecto Tango Patrimonio de la Humanidad; es disertante en la Academia Nacional de Historia y Comunicación —donde expone sobre la música como elemento esencial de la comunicación y expresa la importancia de difundir ese patrimonio— y Miembro Honorífico de la International Art Council United Nations of Arts. En pocas palabras, está enrolada en la convicción de promover la cultura y es nuestra embajadora infatigable, que se presenta en conciertos y genera encuentros sin fronteras.

Noticias: Su amor por el tango es un bien de familia, un legado. 

Carla Algeri: Pasé toda mi adolescencia sin poder compartir el amor por mi música con ninguno de mis amigos. Sólo disfrutaba del tango con mi padre y sus amigos. En el patio de mi casa el tango estaba presente en cada encuentro familiar, ya que era usual reunirse, hacer música, cantar y bailar. Por parte de mamá llegaba el folclore. Mi abuelo Sebastián, fue restaurador y músico de órganos de tubo, trabajaba en las iglesias ejecutando música académica y como barítono. Crecí entre acordes populares y partituras de música clásica. 

Noticias: Cursó Ingeniería en la Universidad de La Plata. ¿Se recibió y qué pasó con el tango?

Algeri: Pasada la adolescencia, en plena carrera de Ingeniería, fui yo misma la que le hice una huelga al tango, como una rebeldía, a un género que sentí que se extinguía, casi sin solución. Mi círculo tanguero era cada vez más pequeño y comenzaba a sentir hasta discriminación… y no me recibí de ingeniera. 

Noticias: ¿Cuándo empezó a tocar el bandoneón?

Algeri: El bandoneonista Alejandro Barletta —que era vecino— introduce el primer bandoneón en mi casa, allá por 1986. Y papá se lo compró. Si bien tenía mucho interés por aprender a tocarlo, el asunto se demoró más de diez años. Recién en 1998, después de desarrollarme en otra actividad profesional, decidí que era el momento para reconciliarme con la música y el tango. Y elegí el bandoneón.  

Noticias: ¿Cómo llegó a ser alumna de Rodolfo Mederos y definirse como bandoneonista?

Algeri: Deseaba que mi maestro fuera un compositor, arreglador, intérprete, director, solista y además, haber tenido que ver con la música de Pugliese. Le conté a mi maestro Néstor Ibarra —músico— y me dijo, “Mederos, creo que es el único”. Y aunque no sabía tocar el bandoneón, le pedí el teléfono a Lidia, la esposa de Pugliese. Luego de pensarlo y repensarlo, una mañana de mayo lo llamé. Concretamos una primera cita y los encuentros se repitieron por tres años consecutivos. Llegué a clase con mi bandoneón negro nacarado, doble A, de 1929, como el primero que tuvo Rodolfo, regalo de su madre y que había perdido. ¡Fue tan emocionante! Ese día había comenzado mi historia como bandoneonista, arregladora, directora y solista. Tenía 27 años, estaba casada y tenía dos hijos.

Cierra los ojos —“para ver la música por dentro”, dice— y se descalza cuando “empuña” el bandoneón, porque a veces se siente Juana de Arco en su lucha superadora de obstáculos. Ganó varias batallas y se consagró como la primera mujer bandoneonista que llegó al teatro Colón, como solista de orquesta sinfónica, en un homenaje al escritor Ernesto Sábato. Pero ¿qué fue de Algeri más allá de la música? Trabajó en De-dé, la famosa casa de moda del diseñador Sergio Finet, sobre la calle Maipú. Cerca estaba la sastrería Flamers, en la calle Florida, de Carlos Barín.  Carla y Carlos se enamoraron y se casaron. Juntos y cuando estaba abierta la importación, fueron representantes en Argentina de Valentino (1994-1996), Versace (1996- 2002), Salvatore Ferragamo y Max Mara (1998-2002) y ella, además, fue responsable de producto y compras en Art Med S.A. (1993-2002). Sus hijos, Sebastián, ingeniero (26) y Nicolás, abogado (25) heredaron su amor por la ingeniería y por la música, “porque Nico toca la guitarra y a veces componemos juntos”, dice. 

Noticias: ¿Es verdad que no hay bandoneones, que son una especie en extinción?

Algeri: Es así. Las fábricas alemanas desaparecieron con los estruendos de la Segunda Guerra y los grandes bandoneones son alemanes. Se hace fabricación de posguerra pero nunca se logró ese sonido de entonces, las voces son de aluminio y el bandoneón es más parecido al que se usa en el folclore. En los últimos años, en Bélgica, aparecieron fábricas y acá en el país también se hacen intentos. Tenemos muy pocos luthiers, pocos fabricantes de fuelles… 

Noticias: ¿Cuánto cuesta un buen bandoneón?

Algeri: Una fortuna, de dos a tres mil euros los viejos, desafinados, que podés conseguir en un anticuario. Los nuevos, unos ocho mil y no justifica… porque son bandoneones de estudio, no llegan a ser de concierto.

Noticias: ¿Por qué dice usted que el bandoneón es el instrumento representativo de nuestro pueblo? ¿Los coyas de Humahuaca se sienten representados?

Algeri: Bueno. Te invito a que veas y escuches el bandoneón carpero, el jujeño o el chamamecero. Por algún motivo parece ser que no hay bandoneón sin tango, ni tango sin bandoneón… Pero la mirada es más amplia.

Noticias: ¿Qué es Polo Bandoneón?

Algeri: Es un centro cultural fundado como compromiso ante la UNESCO para hacer real el contenido de la presentación del Tango Patrimonio de la Humanidad (2009). Allí están los grandes maestros dando clases gratuitas para todo aquel que se acerque, no importa la edad. Para principiantes o quienes quieran especializarse. Traen su bandoneón o le prestamos. Tenemos mil alumnos aún en pandemia. Queremos generar el concepto de la luthería, crear nuevas composiciones donde el bandoneón sea eje y formar orquestas.

Noticias: ¿Todo lo que se escucha es buena música? Rap, trap, reggaeton, hip hop…

Algeri: Hice cosas lindas con esas músicas, con jóvenes rapeando y la orquesta sinfónica sonando. Hay que permitirse hacerse preguntas que te generen despertares… Son géneros y subgéneros que representan la música de una comunidad. Es patrimonial, tienen un origen y hay que respetarlo para preservar la raíz cultural.

Noticias: ¿Por qué Piazzolla no fue aceptado en sus comienzos?

Algeri: Decía que su música tenía que sonar a siglo XX y mucha gente no estaba preparada para escucharla; a Bethoven le pasó algo parecido. Y la gente le tiene temor a los cambios, se enoja y se resiste… los que queremos transitar por algo nuevo, apoyamos; los que no pueden, ofrecen una gran resistencia. Por eso la cultura tiene que formar públicos para la comprensión, y aceptación de lo distinto. Para sacar los miedos.

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Sissi Ciosescu

Sissi Ciosescu

Periodista.

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