Jueves 15 de abril, 2021

PERSONAJES | 03-04-2021 00:10

Mauricio Wainrot: “En Argentina pesa más el ego que la inteligencia”

El coreógrafo argentino prepara dos espectáculos en simultáneo, en Montevideo y en Buenos Aires. La visión de este creador cosmopolita.

Verborrágico sin filtro, filoso, energético, Mauricio Wainrot no para nunca. Montando “Un tranvía llamado Deseo” para el Ballet del SODRE de Montevideo, controla los ensayos de “Piazzolla”, un programa con el que el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín porteño celebrará a partir del próximo 28 de marzo los 100 años del nacimiento del compositor. Un ojo en cada lado: la ubicuidad caracteriza la personalidad carismática del coreógrafo, cuya raíz plantada en el seno de una familia de inmigrantes polacos está siempre presente en la conversación. 

Conoce el mundo de la danza desde los dos lados del mostrador: como bailarín que ha sido y como director y coreógrafo de múltiples elencos internacionales. Más de cincuenta compañías de Suecia, Francia, Bélgica, Canadá, Alemania, Israel, EE. UU, China, entre muchos otros países, ostentan casi doscientas obras de Wainrot en sus repertorios. Y como si fuera poco, también fue Director General de Asuntos Culturales de la Cancillería Argentina, durante el gobierno de Mauricio Macri.

Noticias: Siempre se vuelve al primer amor, en su caso, el Ballet del San Martín.

Mauricio Wainrot: El San Martín es mi casa, pero también lo es el Colón, hice la escuela allí. Trabajar con Teresa Berganza, Beverly Sills, Richard Tucker, tener a esa gente adelante siendo estudiante, fue increíble. Que Olga Ferri formara un grupo y me invitara a formar parte de él. Todo eso me lo dio el Colón, extraño no trabajar allí.

Noticias: En esa época, era de “los clásicos”.

Wainrot: Sí, era amigo del recordado José Neglia, que me pasaba a buscar en su Falcon antes de las siete de la mañana y nos íbamos a pintar al Parque Pereyra Iraola. Pero Oscar Araiz me invitó a formar parte del Ballet Contemporáneo del San Martín y dejé el Colón, Vasil Tupin que era mi maestro se enojó mucho porque creía que yo tenía una carrera en lo clásico. John Neumeier me ofreció un contrato para el Ballet de Hamburgo, pero no me quise ir. En esa época no había tantos bailarines jóvenes, y yo era alto, lindo, varonil, así que evidentemente tuve golpes de suerte.

Noticias: Volvamos a la actualidad y hablemos sobre “Piazzolla”.

Wainrot: Incluye mis obras “Cuatro estaciones de Buenos Aires”, el dúo “Escualo” de “Estaciones porteñas” y “Libertango”, además de “Ahí viene el Rey” de Ana Itelman. La compañía estrenó “Libertango” en 1984, junto con “Anne Frank”, y luego lo monté para otras compañías en el exterior. Piazzolla vino al estreno y le encantó, nos hicimos amigos. 

Noticias: ¿Y “Un tranvía…” en Montevideo?

Wainrot: Fue como si el tiempo se hubiera detenido un año exacto. El estreno de “Un tranvía…” en el SODRE estaba programado para el 12 de marzo de 2020, por la pandemia hubo que suspender las catorce funciones programadas, y las retomamos el 18 de marzo de este año. Es una obra con muchos bailarines, y el Ballet del SODRE está integrado por muchos extranjeros que durante este tiempo volvieron a sus países y hubo que contratar a otros. La gente se desvive por ir al estreno y yo me desvivo por ir a la última función, donde el intérprete entendió todo mejor. “Un tranvía…” es una obra que me ha dado muchos momentos inolvidables. 

Noticias: ¿Cómo pasó este último año?

Wainrot: Viví muchos años en Montreal, y el 2020 fue lo más parecido a eso. Cuando estuve allí, con inviernos que duraban ocho meses y veinte grados bajo cero, entre el frío y la soledad pude crear muchas obras importantes. El año pasado estuve muy activo, se dieron muchas obras mías en la plataforma ‘Cultura en casa’, con más de 200.000 visualizaciones. ¡200.000! ¡Son tres canchas de River llenas mirando mis obras! También estuve participando a favor de los artistas independientes en Chile, los ensayos por Zoom, en fin, muchas cosas. Me jubilé hace dos años, pero estoy tan activo como siempre lo fui, y ni la cuarentena me detuvo.

Noticias: ¿Qué piensa acerca de la reinvención de la cultura a partir de la pandemia y el aislamiento?

Wainrot: La cultura debe ser vista de otra manera a partir de lo que pasó el año pasado, de un modo necesario, imprescindible, no es un adorno o un florero. La cultura ha ocupado un lugar importantísimo y estratégico en la espiritualidad de la gente. La gente se cura con cultura, es crecimiento. Los dos años que fui funcionario estuve abierto a todos los artistas, a reunirme con ellos, de todas las extracciones políticas. Odio que la cultura se politice, como cuando era chico y vi un ballet chino con las bailarinas en puntas y con metralletas en las manos, eran las bailarinas de Mao. El arte siempre fue contestatario.

Noticias: ¿Cómo ve la cultura argentina hoy?

Wainrot: La cultura es universal, importa la calidad intrínseca de cada cosa. Nunca con el peronismo hubo esa apertura, por eso “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Tuve muchos problemas con mi elección política. En mi familia hubo más de veinte muertos por los nazis entre abuelos, primos, tíos, por eso no puedo ser peronista, porque Perón apoyó a los nazis. Leo y me ocupo mucho de ese tema. En la Argentina pasa lo mismo que en Montreal: todos los artistas son oficialistas. Y no se puede ser pro sistema, el arte siempre tiene que tener un costado crítico. A pesar de haber sido funcionario del gobierno anterior, disentí con (Horacio) Rodríguez Larreta cuando dijo que los mayores adultos no podían salir sin permiso. Publiqué una nota por eso, ¡trabajé con cincuenta bailarines y no podía ir al supermercado! 

Noticias: ¿Cuál siente que es su lugar en el mundo? 

Wainrot: Llegué a diferentes lugares en el mundo de la mano de la suerte. Mi papá siempre decía que es mucho mejor encontrar que buscar, y a mí siempre me han encontrado, hasta mis amores me han encontrado. Con Carlos Gallardo nos encontramos y fue mi pareja durante treinta y dos años. No es casual que en el estreno de “Anne Frank” en el 84 haya estado mi queridísimo amigo sueco Ulf Gaad, director de la Ópera de Gotemburgo. No nos conocíamos aún, pero se enamoró de la obra. Yo tenía ya cuarenta años y no pensaba que me iba a ir de la Argentina. Me ofreció veinte mil dólares para hacer un programa completo con tres obras mías, yo era director del Grupo de Danza Contemporánea del San Martín, y me fui. A partir de allí estuve quince años en el exterior. Soy una persona de atar lazos, hablo cuatro idiomas, así que eso me ayudó muchísimo. 

Noticias: Pero fue solo el comienzo.

Wainrot: Sí, mi otro gran amor fue el Ballet Real de Bélgica, donde durante once años hice una obra muy grande, y donde me condecoró el rey por mi aporte a la cultura belga. En la Argentina no tengo nada de eso, ningún reconocimiento oficial, tampoco los espero porque no es fácil hacer las cosas aquí, porque los egos son mucho más importantes que la inteligencia, y eso es terrible. Trabajé con Maurice Béjart en su escuela Mudra de Bruselas, dando clases y montando coreografías. Amo Londres, viví varias veces allí. Mi mundo era el mundo; vivía muy feliz en Bélgica pero me nombraron director de Les Ballets Jazz de Montreal y allá fui. En realidad, estaba muy poco tiempo allí porque con la compañía hacíamos doscientas funciones de gira. Era un trabajo que no me gustaba: solo podía crear una o dos obras por año y el resto hacíamos funciones. En la primera gira, vinimos a Buenos Aires, La Plata, Rosario, Santa Fe… Para mí era un orgullo venir a mi país como director de una compañía extranjera. Estuve en muchos lugares, pero me gustaba Bélgica, Carlos me esperaba siempre allí, era mi lugar en el mundo. Kive Staiff fue quien me “repatrió” y me trajo al San Martín como director y coreógrafo residente, volví a la Argentina y me quedé.

Noticias: Se lo ve siempre de buen humor, con alguna ironía a flor de labios. ¿Cuál es su secreto?

Wainrot: El secreto de mi buen humor es… mi mal humor. Vivo muy angustiado con todo lo que leo, todo lo que pasa. El buen humor me ayuda a sacar el efecto del mal humor que tengo muchas veces. Soy de pedir disculpas a la gente por hablarle mal, a veces puteo, a veces soy muy frenético, pero de inmediato reacciono y pido perdón, porque sé que lo que más hay que cuidar es el alma de la gente, de los artistas, de tus amigos, de tu familia, de todos. Hay que escuchar siempre.

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Patricia Casañas

Patricia Casañas

Periodista crítica de danza.

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