Thursday 3 de April, 2025

PERSONAJES | 31-03-2025 04:47

Nicolás Sorín: “La comodidad me pone mal”

Músico, compositor y productor, presentará próximamente un homenaje a Piazzolla. Formación y trayectoria.

El compositor, músico y productor musical argentino Nicolás Sorín, recorrió un largo camino para transformarse en uno de los creadores más renovadores de la música contemporánea. Tras explorar y aprender diferentes instrumentos, en su adolescencia, fue atrapado por el punk. Estudió en la legendaria Berklee College of Music, en Boston y recorrió Estados Unidos con una big band de jazz. En Europa trabajó con Shakira, Alejandro Sanz, Juanes y Jovanotti. Dirigió orquestas como la The London Session Orchestra, la Orquesta Sinfónica de México y la Henry Mancini Orchestra. 

Compuso, entre otras, las bandas sonoras de las películas “Historias mínimas”, “El perro” y “Verdades verdaderas”, sobre la vida de Estela de Carlotto. En 2018, en el Teatro Colón, condujo a más de sesenta músicos que interpretaron la suite “Argentum”, durante la Gala Musical del G20. Un año más tarde, en el actual Palacio Libertad (ex CCK), estrenó su obra “Sinfonía Antártica”, compuesta en sus viajes al continente blanco. Realizó presentaciones dedicadas a los grandes maestros de la música clásica, reinterpretando obras de Bach, Stravinsky, Mozart y Strauss. Recibió varias nominaciones a los Latin Grammy Awards y obtuvo los premios Clarín, Cóndor y Gardel. 

Está casado con Lula Bertoldi, cantante y guitarrista de la banda Eruca Sativa, con quien tiene dos hijos, Milo (4) y Julián (9), ganador del premio Sur por su papel en la película “El cuaderno de Tommy”, dirigida por su abuelo, el cineasta Carlos Sorín.

Pisciano, afable y conversador, recibe a NOTICIAS luego de un ensayo de “Piazzolla en el Coliseo por Nico Sorín”, el homenaje al gran artista que estrenará el martes 15 de abril, en el teatro homónimo.

Noticias: ¿Cómo llegó la música a su vida?

Nicolás Sorín: Con un piano vertical, cuando tenía 4 años. Mi padre era melómano y con el tiempo me enteré que en toda la familia Sorín había músicos que tocaban en orquestas. Mi abuelo tocaba el chello y los domingos se juntaban a hacer quintetos de Brahms o de Schubert. Yo tocaba el piano antes de ir al cole, volvía y tocaba de nuevo. Era como una manera de hacer terapia, una catarsis. Casi como un juego.

Noticias: ¿Tuvo una formación ecléctica?

Sorín: Si, en ese tiempo también entré a explorar guitarra, bajo y batería. Me acuerdo que llegaba del colegio y tomaba clases de guitarra, después de batería con el “Oso” Picardi (Rolando, legendario intérprete y maestro de bateristas). Entré en una época muy punk y quería tocar como Los Ramones. Es un género que todavía sigo amando y pienso que es muy importante a nivel energético, es una cosa muy viva. Tenía mis bandas que se llamaban “Violencia sin razón” y “Excremento”. Fue una etapa de rebeldía. 

Noticias: ¿Cómo fue el paso del punk a la prestigiosa Berklee College of Music?

Sorín: Muy abrupto. Berklee es una escuela de jazz y yo, por más que tenía conocimientos musicales, no tenía ni idea de qué era el jazz. Tenía un disco de John McLaughlin con Al Di Meola y Paco de Lucía y para mí, eso era el jazz. En general, los americanos suelen tener una base aprendida en las escuelas porque es el folclore de ellos. Pero yo no, y en un punto me jugó a favor. Ahí conocí a un profesor que era el trombonista Phil Wilson. Un día me llamó porque yo había compuesto algo llamado “Tango delirio” para big band. Cuando entro a su oficina había una foto de él, muy jovencito, junto a Louis Armstrong y Benny Goodman. Él me apadrinó, me llevó por todo Estados Unidos con su orquesta y me hacía escribir. Aprendí mucho. Parte de eso fue por una cierta irreverencia de mi lado porque yo no venía del mundo del jazz. 

Noticias: ¿En cuál de sus actividades se siente como pez en el agua?

Sorín: Todas me gustan y tienen diferentes protocolos. Creo que, al contrario, busco siempre donde me siento más incómodo. Creo que la comodidad y la fórmula me ponen mal. Trato de combinarlos porque siempre fueron mundos muy antagónicos los míos. Por ejemplo, el año pasado en Niceto armé una punk orchestra con una banda punk delante y atrás trece cuerdas. Tocamos los grandes maestros y reversionamos la Sinfonía Nro. 25 de Mozart. La gente lo conoce porque son hits que han perdurado y pasado el examen del tiempo. Esa formación era como Los Redondos mitzvá. Fue la primera vez que junté mis dos pasiones y se dio muy orgánicamente. La gente hacía pogo en Mozart y no lo podía creer.

Noticias: ¿Es disciplinado o caótico a la hora de componer?

Sorín: Disciplinado en el sentido que siempre estoy pensando en la composición, pero muy caótico a la hora de hacerlo, busco el caos. A veces el accidente o lo imprevisto me lleva a algo. Estoy aquí, el gato salta en el piano, toca algo y voy a buscarlo. Trato de buscar fuera de la disciplina. Pero después, cuando estoy componiendo, me levanto a las siete de la mañana a terminar. 

Noticias: ¿Cómo se le ocurrió viajar dos veces a la Antártida y una vez al Ártico?

Sorín: En el caso de la Antártida, fue una invitación de la Dirección Nacional del Antártico. Fui a escribir música, con partituras y un tecladito. Ahí nació la “Sinfonía Antártica”. Tuve un primer mes increíble, los pingüinos saltaban, el cielo era rosa, todo muy Disney y yo escribiendo una cosa medio minimalista, al estilo de Philip Glass (compositor estadounidense), que maridaba perfectamente con el lugar. Es como estar en otro planeta. Pero un día, levantando una caja de víveres, con 30° bajo cero, me agarró una parálisis en el brazo. Fue una pesadilla, me inyectaban calmantes y estuve veintitrés días sin dormir. Ahí abandoné la sinfonía y logré componer “Monster”, un tema que se refiere a cuando estás a punto de pasarte al otro lado de la locura. Después pude volver otra vez a la Antártida, con el brazo recuperado. Me di cuenta de que cada cinco años me tengo que ir a cagar de frío a algún lado para escribir música (ríe). El año pasado estuve en el Ártico y el Polo Norte, en una cabaña, con una moto de nieve, en medio de la nada, viendo cómo dialogaban la luna y el sol. 

Noticias: ¿Imagina una vida sin música?

Sorín: ¡Ay! ¡Qué difícil! Soy de escuchar muy poca música, le pongo mucha intensidad al momento de mi trabajo y a veces, necesito el silencio, que se apague todo un poco para volver a escuchar. Todos mis viajes son para ir a buscar esos lugares remotos y hostiles, en los que aparece el silencio y la partitura en blanco. Es como una especie de limpieza catártica donde puedo encontrarme. En mi último viaje de tres semanas a la Puna en carpa, fui con un camarógrafo para documentarlo. Hice un experimento parecido en el Ártico, y de ahí salió “Diario ártico”, un documental que subí a mis redes. Tuve la suerte de conocerlo acá a Anthony Bourdain (chef y presentador de TV), estar en su programa, comiendo un asado de obra y me gustaría poder hacer algo como él reflejando viajes y música.

Noticias: ¿Qué significa Astor Piazzolla en su vida?

Sorín: La primera vez que lo escuché, en realidad lo vi. Tendría unos 13 años y vi al Octeto Electrónico haciendo “Libertango”, en un programa de TV, creo que italiano o francés. Es un video que anda dando vueltas con esos colores pastel de la época donde arranca Gubitsch (Tommy, guitarrista), con una remera floreada, bigotes, pelo largo, se van sumando los otros músicos y cuando entra Astor, te vuela la peluca. Para mí fue como ver a Black Sabbath o Deep Purple. Me partió la cabeza esa impronta rockera y la música. A veces me pongo a pensar, ¿cómo puede ser que exista esta música?, ¿cómo puede ser que a alguien se le haya ocurrido esto? Es tan personal, tan raro, tan genial. Así que escucharlo fue realmente un shock.

Noticias: Pensar que acá, cuando actuó en el Luna Park, le tiraban monedas.

Sorín: Creo que fue injustamente criticado. Mi tesis, de todo esto, es que no hace falta venir del tango para tocar Piazzolla. Cuando tocamos en el ex CCK, lo invité a Pipi Piazzolla (Daniel, nieto de Astor) y le dije: subime o bájame el dedo, no pienso perder mi amistad con vos. La música de Astor tiene otra cualidad, uno cierra los ojos y es imposible no imaginarse acá, en el centro de Buenos Aires, con sus colectivos y edificios. Pero me ha pasado de estar tocando en Itabira, un pueblito de Brasil, donde tal vez poca gente sepa quién es Piazzolla y a la gente se le empiezan a humedecer los ojos al escuchar “Adiós nonino”, que es como un himno. 

Noticias: ¿Qué piensa de las nuevas corrientes musicales más populares como el rap, el trap o la cumbia?

Sorín: Hay buena y mala música en todos los géneros. No te puedo decir que haya uno que no me gusta porque sería una mentira. Por ejemplo, Rosalía (cantante y compositora española), estuvo coqueteando con el reguetón. En general es un género que está mal visto, pero ella, a través de sus letras, ha elevado la vara. Pienso que no es un problema de género, sino del artista y si busca o no la excelencia.

Noticias: ¿Qué opinión tiene sobre la polémica y los tuits entre el presidente Milei y algunos intérpretes?

Sorín: Me parece casi tragicómico que alguien con un país con tantos problemas, esté dedicando su tiempo a eso. A pegarle a gente joven, en su mayoría mujeres, es triste.

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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