PERSONAJES | 19-07-2021 14:35

Uki Goñi: “Soy un outsider de todos los mundos”

Periodista y músico, recuerda su llegada a la Argentina, el trabajo durante la última dictadura y la música como escape.

En el documento dice que nació en Washington y que es argentino; que su nombre de pila está lejos del alias que lo identifica desde que tiene memoria; que nació un 17 de octubre, otra casualidad que no le incumbe. Solo de vez en cuando se cumple con tanta prolijidad semejante dualidad poética. Atento y exhaustivo en sus respuestas, entrevistar a Uki Goñi no es problema salvo por el hecho de que crea uno: la dificultad de abordar todas sus caras, las diferentes vidas por las que pasa y esa “suerte” que lo persigue de encontrarse con tesoros a la vuelta de la esquina. 

Periodista e investigador, escribe en el diario británico The Guardian y es autor de “El infiltrado: Astiz, las Madres y el Herald”, sobre el ex oficial de la ESMA, y “La auténtica Odessa: fuga nazi a Argentina”, traducido a varios idiomas y que se convertirá en serie producida por BTF Media, la misma productora de “Maradona, sueño bendito”. Sin embargo, Goñi dice que nunca quiso ser periodista sino músico. Líder y voz del grupo Los Helicópteros (“Radio Venus”, el hit) en los 80, acaba de sacar su primer disco solista “Angel of fire”, disponible en Spotify y Youtube, donde eligió como imagen de tapa una foto de los 17 años, con largos rulos, en su amada Dublin. Criado en los Estados Unidos, México y, sobre todo, en Irlanda, hijo de un funcionario diplomático de carrera y de una profesora de Historia, nació en 1953 en la embajada argentina en Washington y recién a los 21 años hizo pie en una Buenos Aires al filo del abismo.

“Con Willem Dafoe nos hicimos amigos, me conocía como el investigador de nazis. Cuando vino a la Argentina, lo llevé a un lugar muy underground en Palermo. Cuando lo vieron, un grupo de gente comenzó a saludarlo y, de repente, a gritar ‘Uki, Uki’ y a bailar. Willem se sorprendió por el ‘entusiamo por un investigador de nazis’. Y se pusieron a cantar ‘Aquí radio Venus llamando’ y Willem no entendía nada”, dice Goñi sobre sus dos facetas que, sin lograrlo, quiso mantener separadas. “Un día Douglas Vinci, que me había hecho varias notas en la radio con Lalo Mir, me dijo: ‘¿vos sos el del libro de los nazis? ¿sos vos? No puede haber otro con ese nombre”.

Noticias: Difícil de creer las dos caras 

Uki Goñi: Empecé haciendo música y escribiendo poesía en Dublin. Al llegar a la Argentina en el ’75, fui al Buenos Aires Herald para que me publicaran mis poemas. Me dijeron que no pero me dieron trabajo. Y me di cuenta, cuando empezaron a venir las madres con sus denuncias al Herald, que en ese lugar tenía una platea privilegiada al Infierno del Dante, invisible para el resto de la población. Entonces sacrifiqué mi vida artística por esa cruzada detrás de la figura de Robert Cox (el director del diario). Hasta que llegué a los 26 años, la dictadura estaba en el ocaso, ya no tenía una batalla que dar y no quería ver frustrados mis sueños. 

Noticias: Al llegar a la Argentina a los 21 años y con raíces en otro lado, ¿tenía conciencia de dónde estaba? 

Goñi: Pensá que yo venía con todo el training de Irlanda. Los inventores de la guerrilla urbana son irlandeses. Hijos de los héroes de la independencia irlandesa venían a la Embajada, a los cócteles que hacía mi padre, además de muchos políticos y militares. Encontré una foto de mi madre parada al lado de Jorge Vildoza, el que decidía quien subía o no a los aviones de la muerte. Escuchaba en Irlanda hablar de esta locura que era la Argentina, escuchaba charlas acerca de cuánta gente tenía que morir para que las cosas se solucionaran. Nunca fui militante pero sí antifascista. Cuando ocurrió el golpe militar en el ‘76, yo ya era amigo de Robert Cox y ya escribía para el Herald. No es que me agarró de sorpresa, quizás por la distancia con el país, era muy consciente de la violencia subyacente, del racismo oculto que hay en la Argentina.

Noticias: ¿Con sus hermanos pasó lo mismo?

Goñi: Soy el tercero de cuatro hermanos. Hay mucha diferencia de edad con los dos mayores que nacieron en la Argentina y estudiaron allí mientras que yo me fui con mis padres. A mí me criaron los colegios a donde iba, los amigos que tenía y la cultura que vivía. Fui adolescente en los 60 cuando todo fue una revolución. El diálogo con mis mayores era mínimo, ellos hablaban obsesivamente de la Argentina y a mí me sonaba todo a un país antidemocrático con una sucesión de dictaduras, ni quería pensar en ese mundo. Cuando llegué tenía el pelo largo, sufrí horriblemente, me perseguían los patrulleros, me agarraban de los pelos.

Noticias: ¿Y por qué vino?

Goñi: Obligado por mi familia, porque estaba muy dominado por el mandato familiar de que era argentino. Me decían que si no venía, iba a quedar como un desertor del servicio militar que se hacía a los 21. Estudiaba Literatura inglesa en el Trinity College pero mi familia se oponía a que estudiara en Dublin. No tenía cómo pagar la Universidad y como tenía muy buenas notas de secundaria me permitieron estar un tiempo limitado, tampoco podía trabajar porque no tenía visa de trabajo, se me complicó mucho y al final dije: “Tengo que enfrentarme al hecho de que soy argentino”.

Noticias: Lo que cuenta se puede asociar en parte a las “Historias desobedientes”, los hijos y nietos de represores que tomaron distancia de sus familias

Goñi: Hice una nota con ellos. Me sentí profundamente identificado. Por mi trabajo en el Herald, en mi familia me decían que yo estaba defendiendo comunistas. Yo no me veo como desobediente, creo que los desobedientes son ellos, los que niegan la realidad.

Noticias: Usted vive en Argentina. ¿En qué momento empezó a sentirse parte?

Goñi: Podría decir como John Lennon, “he's a real nowhere man” o, como Facundo Cabral, “no soy de aquí, ni soy de allá”. El papel del pasaporte es una trampa cuyo único propósito es que tengas lealtad a un territorio para exprimir tu energía vital. Cuando iba al colegio en los Estados Unidos cantaba el himno norteamericano, cuando vine a la Argentina a los 7 años, canté “Oíd mortales”; a los 9, fui a México y aprendí “Mexicanos, al grito de guerra”; el único himno que no pude aprender es el irlandés pero lo puedo tararear. Y cada cual estaba convencido de ser el mejor país del mundo y yo pensaba que todos no podían ser los mejores. Excepto Irlanda que sí, puede ser el mejor. Para mí, es muy relativo eso de la nacionalidad. 

Noticias: ¿Qué le gustó de acá?

Goñi: El desafío de enfrentar las verdades que el argentino niega. Como que no hay negros, que no hubo. Hay muchas familias que están sacando a la abuela negra del closet y yo he jugado un pequeño rol es eso, con mis notas. Y algo más me gusta, esa especie de libertad de las normas. Los europeos tienen normas muy estrictas. Esta libertad que tenemos en la Argentina de tener un amigo y poder llamarlo “negro” sin que eso signifique racismo. Esa libertad es oxígeno para alguien que creció con reglas muy estrictas de comportamiento. Sería ideal poder encontrar un término medio.

Noticias: ¿Cómo llega al mundo de la música?

Goñi: Soy un outsider de todos los mundos que visité. Hoy no tanto porque hay toda una generación de músicos que se inspiraron en Los Helicópteros, estoy más aceptado como figura de culto que en aquella época. Mis primeros contactos fueron de casualidad, conocí a Claudio Gabis, el guitarrista de Manal, a Javier Martínez y a Moris, ellos me alentaron mucho. Después conocí a los de Virus, a Viudas e hijas, que eran muy diosas e inalcanzables, a Miguel Cantilo y Punch. Entablé una amistad de pasillo con Federico Moura, teníamos en común componer canciones cortas, muy bailables, con letras que no referían a la dictadura, ni al mundo poético de Spinetta. No queríamos dejar que los militares nos robaran la juventud. 

Noticias: ¿Conoció a Charly García?

Goñi: Creo que fue quien navegó esa ola de la manera más brillante. En el ’83, cuando Alfonsín asumió, hubo un gran concierto en Plaza Italia. Salimos nosotros y tocamos todos nuestros temas divertidos y después Charly salió con “Los amigos del barrio pueden desaparecer”. Lo miraba y pensaba: “Y yo que estuve en la panza de la bestia, amenazado y con el Falcon verde tras la puerta, canté algo escapista como Radio Venus. Y él que estuvo en otra, ha escrito la canción más perfecta sobre la dictadura que alguien puede llegar a escribir”. Al estar tan adentro, no lo pude hacer, intenté hacer un par de canciones pero me resultaba demasiado doloroso y tenía miedo que se me viera como lucrando con el dolor de las Madres. Charly escribió la canción y eso habla de que el duende se mete dónde y cómo quiere. Y también la importancia de tener distancia. A mí me ha facilitado mucho el tener distancia con la Argentina para escribir lo que escribo. Como me dijo Horacio Verbitsky, uno de los pocos periodistas que me dio una mano importante, que yo tenía la ventaja de poder ver a la Argentina como un extranjero y con el conocimiento de adentro de un argentino.

 

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Leni González

Leni González

Periodista.

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