"Milei fue a Brasil a gritar como un energúmeno reclamando ver a un golpista preso. Yo fui a Curitiba reclamando la libertad de un inocente. Hoy Luiz Inácio Lula Da Silva es Presidente de Brasil y Bolsonaro está preso por promover un golpe de Estado. Insultar al presidente de un país hermano y principal socio comercial no tiene perdón", sentenció Alberto Fernández en su cuenta de X. El ex mandatario peronista cuestionó severamente al líder libertario, tras las duras declaraciones en el mitin bolsonarista y adjuntó un video de apoyo al actual Jefe de Estado brasilero.
Además el ex Jefe de Estado compartió un video en el que fue entrevistado por periodistas en la época que Lula Da Silva fue detenido por el caso Lava Jato. "La detención de Lula es una mácula del estado de Derecho. A mí me preocupa enormemente que estas cosas ocurran en el continente. Como soy un hombre comprometido con estado de Derecho. Hace 35 años que enseño Derecho", declaró Fernández en ese momento. Lula da Silva, estuvo preso exactamente 580 días en el marco de esa megacausa por corrupción. Ingresó a la sede de la Policía Federal en Curitiba el 7 de abril de 2018 y obtuvo su liberación el 8 de noviembre de 2019.
La liberación ocurrió después de que el Supremo Tribunal Federal (STF) cambiara el criterio constitucional, dictaminando que ningún preso puede empezar a cumplir su pena en prisión tras perder la apelación en segunda instancia si todavía tiene recursos legales pendientes. En 2021, el STF anuló de forma definitiva todas sus sentencias. La corte determinó que la justicia federal de Curitiba no tenía competencia territorial para juzgar los casos. Además, resolvió que el magistrado Sergio Moro actuó con falta de imparcialidad y sesgo político en el proceso, una postura que también validó posteriormente el Comité de DD.HH. de la ONU. Esto le devolvió al dirigente oriundo de Pernambuco la totalidad de sus derechos políticos para volver a postularse a la presidencia.
Más allá del posteo de Fernández, la visita del presidente argentino Javier Milei a Brasil para participar del lanzamiento de la campaña presidencial del senador Flávio Bolsonaro marcó uno de los episodios de mayor tensión diplomática entre Buenos Aires y Brasilia desde el retorno de la democracia en ambos países. Lo que inicialmente había sido presentado por el gobierno argentino como un viaje destinado a participar de la Convención Nacional del Partido Liberal (PL) y respaldar al hijo del expresidente Jair Bolsonaro terminó convirtiéndose en un fuerte enfrentamiento político con el actual presidente brasilero y derivó en una inmediata reacción institucional del Palacio de Itamaraty, que consideró los dichos del mandatario argentino como una injerencia directa en la política interna brasileña.
Milei llegó al estado de San Pablo en medio de una fuerte expectativa política. Durante su estadía fue recibido por dirigentes del bolsonarismo y por el gobernador paulista Tarcísio de Freitas, una de las principales figuras de la derecha brasileña, además de participar en el mitin, donde formalizó su respaldo a la candidatura de Bolsonaro para las elecciones generales del 4 de octubre de 2026. La presencia del mandatario argentino fue interpretada por analistas brasileños como un respaldo internacional de peso para el heredero político del expresidente Jair Bolsonaro, actualmente bajo arresto domiciliario mientras enfrenta causas judiciales vinculadas al intento de ruptura institucional posterior a las elecciones de 2022.
En su discurso, el libertario dejó de lado cualquier tono protocolar y convirtió su intervención en un duro alegato contra el gobierno de Lula y contra la izquierda latinoamericana. "No nos vamos a dejar doblegar por la basura socialista", afirmó ante miles de militantes bolsonaristas. También sostuvo que "los zurdos de mierda están destruyendo nuestros países" y llamó a los brasileños a "derrotar al socialismo" en las urnas para consolidar una nueva etapa política en América Latina. En uno de los pasajes más controvertidos de su exposición volvió a referirse a Lula como un "ladrón", un "presidiario" y un representante de un modelo político que, según dijo, "ha empobrecido al continente". Además cuestionó al ministro del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, a quien calificó de "basura", luego de que la Justicia brasileña le negara autorización para visitar personalmente a Jair Bolsonaro.

El mandatario argentino sostuvo además que Brasil necesita "volver a ser un país libre", reivindicó la construcción de una "ola azul" conservadora en la región y aseguró que la elección presidencial brasileña tendrá un impacto decisivo para toda América Latina. Durante su exposición insistió en que el bolsonarismo representa "la esperanza de millones de brasileños" y elogió a Flávio Bolsonaro por continuar "el legado de su padre".
La respuesta del gobierno de Lula fue inmediata. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil convocó al embajador argentino en Brasilia para exigir explicaciones oficiales y, posteriormente, llamó a consultas al embajador brasileño en Buenos Aires, Julio Bitelli, en una de las medidas diplomáticas más severas adoptadas entre ambos países en los últimos años. Itamaraty calificó las declaraciones de Milei como ofensivas hacia el presidente de la República, hacia el Poder Judicial y hacia las instituciones democráticas brasileñas. El canciller Mauro Vieira describió el episodio como "sin precedentes" en más de dos siglos de relaciones diplomáticas entre ambos países.
La condena también alcanzó a otras autoridades brasileñas. El presidente del Supremo Tribunal Federal, Edson Fachin, defendió públicamente la independencia del Poder Judicial frente a las críticas formuladas por el mandatario argentino. El ministro de Hacienda, Fernando Haddad, respondió con dureza y calificó a Milei como "el payaso del presidente argentino", profundizando aún más el intercambio de agravios entre ambos gobiernos. Lula Da Silva, en cambio, evitó responder personalmente a los insultos, aunque desde su entorno dejaron trascender que el presidente consideró las expresiones de Milei incompatibles con la tradición diplomática entre los dos principales socios del Mercosur.

La prensa brasileña dedicó una amplia cobertura al episodio. Los principales medios coincidieron en que se trató de una intervención inédita de un jefe de Estado extranjero en una campaña presidencial brasileña. El diario O Estado de S. Paulo analizó la visita como una apuesta de Milei por fortalecer un eje conservador regional y advirtió que el viaje profundizó el aislamiento diplomático entre Brasilia y Buenos Aires, poniendo en tensión una relación estratégica sustentada por el comercio bilateral y el Mercosur. Por su parte, Valor Econômico enfocó sus análisis en las posibles consecuencias económicas de la crisis, remarcando que las diferencias personales entre ambos mandatarios contrastan con la necesidad de preservar una relación comercial que continúa siendo fundamental para las economías de ambos países.
El viaje también se inscribe en el contexto de una elección presidencial que aparece como una de las más polarizadas de la historia reciente de Brasil. Los comicios se celebrarán el 4 de octubre de 2026 y, en caso de que ningún candidato alcance la mayoría absoluta de los votos válidos, habrá una segunda vuelta prevista para el 25 de octubre. Además de elegir presidente y vicepresidente, los brasileños renovarán el Congreso Nacional, las gobernaciones estatales y las asambleas legislativas.
El oficialismo llega encabezado por Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca un nuevo mandato respaldado por el Partido de los Trabajadores y por la coalición que gobierna desde 2023. Del otro lado, Flávio Bolsonaro se convirtió en el principal candidato del bolsonarismo luego de que su padre quedara impedido de competir. Senador por Río de Janeiro desde 2019 e hijo mayor del expresidente, construyó su campaña sobre un discurso de combate al crimen organizado, reducción del Estado, liberalización económica y defensa de las banderas conservadoras que caracterizaron al gobierno de Jair Bolsonaro.















Comentarios