Martes 5 de julio, 2022

POLíTICA | 09-06-2022 16:35

De la cárcel al Gobierno: el poder de los ex presos K

Volvieron para ser influyentes. Zannini maneja la estrategia judicial del Gobierno, Boudou asesora a La Cámpora y D'Elía hace de vocero anti K de Alberto. El rol de Cristóbal y los otros casos.

Pasaron del lujo y el privilegio que da el poder a una humilde morada de seis metros cuadrados, dos, sin ventanas ni comodidades. De un día para otro debieron aprender a manejar el encierro, a lavar su ropa y cocinar sus alimentos. Pero los ex presos K pudieron conservar una condición que hoy les brinda grandes beneficios: la lealtad.

Tras la cárcel, empezaron a renacer de sus cenizas. Algunos ya tienen cargos públicos. Otros construyen políticamente desde el llano y hasta se han convertido en consejeros informales de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

De una veintena de ex funcionarios presos que hubo durante el macrismo, sólo queda Ricardo Jaime entre rejas. En medio de la crisis del Gobierno, Amado Boudou, Carlos Zannini, Luis D’Elía y Julio de Vido, entre otros, están encontrando tierra a firme para su relanzamiento.

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Carlos Zannini pasó 107 noches encerrado. En el 2018 consiguió su libertad en el juicio por el presunto encubrimiento de la investigación del atentado a la AMIA y desde de allí regresó al círculo íntimo del kirchnerismo. Con Alberto Fernández electo presidente, supo el lugar que le correspondería: la Procuración del Tesoro de Nación le cayó como anillo lo al dedo. Un lugar desde de donde administrar poder sin levantar el perfil. Justo lo que el “monje negro”, el hombre que creó el movimiento con Néstor Kirchner, siempre valoró.

Desde la Procuración, Zannini accedió al tablero de operaciones de las causas judiciales: enchufa y desenchufa expedientes a gusto. En sus primeros 500 días de gestión resolvió que se pague doble pensión a Cristina y dictaminó devolver la jubilación a Amado Boudou, por ejemplo.

También se concentró en la causa Correo, la que más le preocupa a Mauricio Macri, y en los últimos días le pidió a la Corte Suprema que resuelva “con celeridad” el recurso que planteó, en la búsqueda por conseguir la quiebra de la empresa. Paradojas de la política, ahora es el líder de Cambiemos quien asegura ser un perseguido: “El primer día que llegó a las oficinas, el 11 de diciembre, Zannini pidió ese expediente”, protestó el ex presidente en una entrevista en TN.

No fueron las únicas causas contra Juntos por el Cambio a las que Zannini le dio impulso: querella a Macri y a los ex funcionarios de Economía por el préstamos de 44 mil millones de dólares con el FMI y le pidió a la Justicia que autorice recortar los gastos de coparticipación de la Ciudad de Buenos Aires.

La lealtad inquebrantable tiene su precio: el ex secretario de Legal y Técnica de Cristina es uno de los pocos funcionarios a los que nunca nadie del oficialismo le pidió la renuncia. Además, colocó a sus cuatro hijos en el Estado: incluso al segundo, Franco, el macrismo le había revocado el contrato en Lotería Nacional por no tener “función asignada”, pero rápidamente encontró un nuevo conchabo en el Consejo de la Magistratura de CABA. Hay pleno empleo entre los Zannini. El ascenso de Boudou es aún más sorpresivo. El ex vicepresidente, cuya condena fue confirmada por la Corte, pasó del ostracismo a asesorar a La Cámpora y hasta a ser homenajeado en el Senado.

Muchos de los argumentos que esgrime Boudou en sus charlas con la militancia o en su programa de radio son utilizados luego en los comunicados de la organización que lidera Máximo Kirchner y en las argumentaciones públicas de sus referentes. Incluso, alguna de sus ideas llegaron a la materialidad en forma de proyecto de ley. Una de ellas fue buscar los activos no declarados que se encuentren en el exterior para hacer frente a los pagos de la deuda: la idea, que tomó fuerzas en el peronismo, ingresó al Congreso.

Pero no es todo: la agrupación de Máximo abrió una unidad básica en su honor: “Compañero Amado” se llama y queda en La Paternal.

Después de la prisión, Boudou encontró su revancha. Tiene un límite importante: la prohibición de ejercer cargos públicos que es parte de su condena. Pero él le insiste a sus abogados con discutirla: “Me gustaría que se revierta esa imposibilidad”, les exigió.

GRIETA

No todos los ex presos K buscaron protección bajo el ala de Cristina. Luis D’Elía, por ejemplo, se inclinó por el otro lado del poder. El ex piquetero se transformó en uno de los defensores públicos más vehementes del albertismo, incluso pagando el precio de fustigar a la vicepresidenta y a su hijo, otrora líderes indiscutidos para él.

D’Elía pasó unos mil días detenido y otros tantos en domiciliaria, hasta que en agosto del 2021 consiguió la libertad. El hecho no pasó desapercibido: cortó la tobillera electrónica con un cuchillo ante una multitud y dio un discurso.

Desde entonces se ha convertido en un exégeta del Presidente, a quien considera “un extremista de la moderación” y un “buen tipo”. Incluso fue recibido por Alberto Fernández en la Quinta de Olivos. Nada mal para uno de los dirigentes más vapuleados de la gestión kirchnerista.

Con la misma efervescencia que en otro momento defendía a Cristina, D’Elía hoy la critica: le pidió que no “delarruice” a Alberto y le reprochó que en sus “tres años preso por kirchnerista, nunca levantó el teléfono” para llamarlo. También fustigó a Máximo: “No tiene la densidad, estatura y volumen político de su papá”, lo cruzó.

Tampoco el ex ministro de Planificación Julio De Vido logró volver a refugiarse bajo el ala de la vice. Si bien no se muestra tan crítico como D’Elía, debe buscar por su lado para recomponer la carrera, tras haber estado preso por la Tragedia de Once.

Por eso acaba de presentar partido propio junto a Fernando Esteche, otro ex detenido K.

Si bien el peor momento parece haber pasado para los dirigentes que debieron caminar con frecuencia los pasillos de Comodoro Py, hay causas que aún siguen lejos de cerrarse. De hecho, hay varios juicios orales a punto de empezar: a esta altura de la gestión de Alberto Fernández, es un dato que preocupa.

La representación de la prisión sigue siendo una constante en el kirchnerismo. El último en poner la imagen de una penitenciaría fue el ministro de Desarrollo Territorial, Jorge Ferraresi: “Cuando termine este gobierno algunos vamos a ir presos y otros volverán a dar clases en la universidad”, se victimizó en un discurso en su distrito, al que él podría regresar como intendente tras haberse tomado licencia en el 2020.

TRABAJADORES

El fenómeno Ave Fénix no es exclusivo de los políticos. También los sindicalistas más cercanos al kirchnerismo trabajan en renacer de sus cenizas. Juan Pablo “Pata” Medina es el ejemplo más paradigmático. Acusado de extorsión, el ex jefe de la UOCRA ahora espera el juicio en libertad. Pero incluso se dio el lujo de colocarse en el papel de víctima, luego de que se conocieran ciertas irregularidades de ex funcionarios del gobierno de María Eugenia Vidal y los empresarios que lo denunciaron. La contracausa que inició, conocida como Gestapo, lo convirtió en un abanderado impensado del Lawfare. El flamante justiciero aún no logró recuperar el poder sindical, pero sigue intentándolo.

Quien fuera el gremialista preferido de Cristina Kirchner, Omar “El Caballo” Suárez, reapareció en los últimos días ante la mirada pública. Almorzó junto a otro caído en desgracia, el ex ministro de Salud Ginés González García, en un restaurante de San Telmo y se expuso a que lo fotografiaran. La polémica se encendió otra vez: el ex titular del SOMU tiene prisión domiciliaria y no debería moverse de su casa.

Tras haber estado detenido, Suárez apeló al manual K de victimización: hasta llegó a denunciar en los medios que el macrismo quería cometer “un genocidio”. “Si ganaban las elecciones, no solamente nos metían presos, nos mataban a todos”, indicó tiempo atrás.

Desde que salió de prisión, el ex titular del SOMU busca ser reincorporado como afiliado a su gremio.

El caso de Marcelo Balcedo trascendió la soberanía nacional. El ex titular del SOEME, cuya flota de autos de lujo se convirtió en una de las imágenes más icónicas de la corrupción, pasó de denunciado a denunciante. Es que acaba de demandar al Estado uruguayo porque le “hicieron perder un negocio multimillonario”. Pide ser resarcido con 22 millones de dólares por dos aviones que le confiscaron en el país vecino. Otro sindicalista envalentonado.

Sin nada que perder, y en medio de internas constantes en la Casa Rosada, los ex presos K volvieron al ruedo. A río revuelto, ganancia de los pescadores que demostraron lealtad hasta en las peores circunstancias. Aguantaron ser humillados e ignorados, incluso hasta por sus propios compañeros, pero otra vez se sienten cobijados por el Gobierno. Es que el poder genera cierta adicción y hacía mucho tiempo que ellos tenían abstinencia.

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Carlos Claá

Carlos Claá

Periodista político

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