Martes 7 de abril, 2020

POLíTICA | 21-02-2020 16:39

Intimidad de la interna del Gobierno con los presos K

Gestos extorsivos hacia el Presidente. En el Gobierno temen que lo debiliten. Alianza táctica con Cristina. La insólita ley de impunidad.

Cuando el conflicto empezó a escalar, Cristina Kirchner estaba en La Habana. Había ido hasta allí para visitar a su hija Florencia, y para añadirle otro sello a la gira presentación de su libro. Pero las palmeras cubanas no taparon el bosque. Desde Telegram estaba más que atenta a la cruda interna que se desató alrededor de los presos políticos/políticos presos en el país que cogobierna. Como si fuera la madre de una familia revoltosa, sus colaboradores le enviaban desde Argentina los nombres y las intervenciones de los propios que se sumaban al debate. La vicepresidenta pasaba revista, anotaba las declaraciones y reprobaba las que caldeaban aún más el ambiente, como fue el caso de uno de los subsecretarios más cercanos al Presidente, que recibió una reprimenda por un exabrupto twitero luego de sugerir que “vayan a laburar” los que reclamaban por la libertad de los detenidos. CFK incluso habló con Alberto Fernández sobre la polémica de la semana. “Esto está muy bien, Alberto”, fueron sus palabras textuales, y le adjuntó una nota que escribió el ex "6,7,8" Carlos Barragán, en la que el periodista proponía “una defensa” del mandatario. “No voy a criticar a Alberto porque confío en Cristina confiando en Alberto, y estoy convencido de que ella está detrás de las decisiones estratégicas”, dice el texto, dejando en claro, de yapa, quién manda, al menos para el termómetro de la tropa dura.

CFK le dedicó tiempo y energía al asunto desde Cuba porque sabe, como también lo sabe el Presidente, aún cuando en público diga otra cosa, que lo que ocurre con Julio De Vido, Milagro Sala, Luis D'Elia y Amado Boudou es mucho más que un “debate semántico” (ver columna pág.18). La polémica aflora en forma de las presiones que hacen algunos detenidos para exigir su libertad, bravuconadas que hombres clave del Ejecutivo ven como “extorsivas”, pero la amenaza de fondo es aún mayor. Se remonta al día mismo en que Cristina eligió como candidato a un hombre que muchos miraban con recelo: la pelea es por el poder y por quién lo ejerce en la inestable alianza gubernamental.

El rock de la cárcel. Los que van a visitar con frecuencia a De Vido aseguran que él “ya está hecho”. Que, luego de 30 años ininterrumpidos trabajando junto al matrimonio Kirchner, él no busca más cargos políticos. Dicen, eso sí, que hay varias cuestiones que complacerían al ex superministro. Cuentan que le gustaría que la tobillera negra que lo acompaña, las 24 horas, le permitiera avanzar 50 metros más y llegar hasta la tranquera de la extensa chacra que posee en las afueras de Zárate, para poder así recibir y despedir a sus invitados; que también le agradaría que ese artefacto fuera impermeable, ya que ahora no puede sumergir su pierna derecha en la pileta, o que entre los políticos que lo van a ver haya más presencia de los que ahora están en el poder. “Pichetto y el comunismo vinieron y el PJ no”, es una de sus frases de cabecera. También cuentan que a De Vido le alegraría encontrar algo de paz espiritual, más allá de los momentos de relax que vive cuando va a poner en orden el gallinero de su chacra, o en las frecuentes llamadas que mantiene con Sala y con Boudou.

Pero lo que realmente haría feliz a De Vido es que su histórico enemigo, que ahora es Presidente, moviese las fichas para lograr destrabar su situación judicial. Aunque, juran los que lo visitan, jamás salió de su boca la palabra “indulto” -medida a la que Fernández se opone tajantemente-, la exigencia es transparente: que el Ejecutivo presione a la Justicia para que se destraben sus causas, como la que está condenado a cinco años y ocho meses de prisión por ser considerado partícipe necesario de administración fraudulenta en la tragedia de Once, entre otros juicios que lo persiguen. “¿Cómo es que a Cristina se le cayeron varias causas y a Julio ninguna?”, es la ácida pregunta que hacen sus amigos, en referencia a las buenas nuevas judiciales que le llegaron a la vicepresidenta desde que Alberto ganó.

Fernando Esteche, que estuvo dos años detenido por el Pacto con Irán, fue el único que se animó a poner en palabras la bronca con Fernández. “Nos molesta que haga de cuenta que no tiene nada que ver cuando todos sabemos cómo funcionan las cosas. ¡Dé órdenes a sus delegados en el Consejo de la Magistratura! ¡Envíe proyectos de ley para que se repare esta injusticia!”, dice el ex dirigente de Quebracho. Un lawfare pero para los “buenos K”, algo que podría tomar forma si el proyecto de ley que presentó la senadora oficialista María Eugenia Catalfamo, junto a otras cuatro legisladoras, se aprobase. El polémico borrador de esa ley de impunidad, que en los pasillos del Senado que preside CFK apodan “ley anti lawfare”, propone declarar “nula toda resolución judicial que ordene la detención o prisión preventiva cuando se verifique la publicación de contenidos por parte de medios de comunicación masiva que pudieran haber afectado la percepción pública”. “Ojalá que sea rápidamente aprobada y se pueda revisar con memoria verdad y justicia todas las causas, inclusive las que se dan como obvias, como el accidente de Once”, dice desde la cárcel D'Elía, uno de los que caldeó los ánimos asegurando que es un “preso político del actual turno democrático”. Quizás tenga suerte: la mayoría en el Senado es del Frente de Todos.

D'Elía también cuenta que, el martes 18, se juntarán peritos oficiales y de parte para dictaminar sobre el estado de su salud -tiene dos bypass, dos epistemas y es insulino dependiente- y la pertinencia de que siga o no tras las rejas. Quizás el dirigente social, el único de los cuatro “presos políticos” sobre el que no pesa ninguna denuncia de corrupción, se convierta en el primer beneficiado luego del debate nacional. Sin embargo, tanto él como Boudou afirman que lo que buscan es “un juicio justo”, a diferencia de Sala, que no le importan las formas: “Que lo resuelva”, le exigió a Fernández, quien siempre la defendió y que incluso tiene pendiente en su agenda presidencial ir a visitarla en breve.

Preparen, apunten, fuego. Hay que entender la ansiedad de los presos. La victoria del peronismo alimentó sus sueños de libertad, y la realidad confirmó alguna de sus pretensiones: Cristóbal López, Fabián De Souza (ver entrevista pág. 102), Gerardo Ferreyra, César Milani, y Esteche salieron de prisión antes de fin de año. No sólo eso, sino que la balanza que inclina el parecer K empezó a cambiar drásticamente.

Un repaso por lo que ocurrió durante el macrismo confirma el giro. En 2017, el kirchnerismo, bajo la orden de Cristina, ni siquiera fue a la sesión en la que se votó el desafuero de De Vido para defenderlo. “El acto más humillante de toda la historia del peronismo”, lo llama Guillermo Moreno, cercano al ex ministro, quien en su momento disparó munición gruesa. “Me entregaron”, decía De Vido. El hecho no es menor, ya que muchos de los que hoy hablan de los “presos políticos”, como Eduardo “Wado” De Pedro, Horacio Pietragalla, Andrés Larroque o Rodolfo Tailhade, eran entonces diputados pero no fueron a evitar que el ex ministro cayera en desgracia. “Te pido perdón por el cagadón que me mandé”, le dijo Tailhade a De Vido en su primer encuentro post detención, palabras similares a las que usó Larroque cuando a él le tocó el turno de verlo. Pero los “cagadones” no terminan ahí: CFK jamás lo fue a visitar, ni se comunicó con él ni su familia, no lo defendió en público ni en las más de 600 páginas de su libro, y ni siquiera lo saludó cuando se lo cruzó en una audiencia judicial. “Ellos, en esos momentos, esperaban otra actitud de Cristina”, aseguran íntimos de los detenidos, y Maximiliano Rusconi, abogado de De Vido graficó la bronca: “Si Julio es culpable, Cristina también”.

Aunque ella sigue sin pronunciarse de forma directa, cerca de los presos piensan que la “actitud” de la vicepresidenta hoy es otra. De esa manera leen el apoyo a su causa de incondicionales, de “soldados” de Cristina, como Oscar Parrilli, Axel Kicillof, De Pedro, Larroque, o el intendente de Avellaneda y vicepresidente del Instituto Patria, Jorge Ferraresi, entre otros. “Hay una cuestión lógica: ella no puede hablar de lawfare en su caso y desconocerlo totalmente en los otros, y, además, si De Vido es corrupto ella también. Por eso ahora salen los cristinistas a defender a los presos”, explica un hombre que esta semana fue a visitar al ex ministro. La entronización de Alberto, un hombre con el que varios de los presos tienen una mala relación histórica, terminó de acercar a las partes: es más fácil para unos criticarlo a él en cambio de a Cristina, y es mejor para los cristinistas mostrarse en desacuerdo con el Presidente en un tema tan “noble” como el de los “presos políticos”. CFK es su renovada aliada táctica.

“Por eso están tan ansiosos: ven que pasan cosas, pero no salen libres”, continúa el amigo de Julio. Entre los que "pasa” hay detalles no menores: este año Sergio Massa llamó a Milagro Sala, que también habló con Fernández. Incluso, desde el Foro de Presos Políticos, aseguran que el Presidente habló con Alessandra Miniccelli, la esposa de De Vido.

“Cuiden al Presidente”. Hay políticos que fueron parte del gabinete de Néstor Kirchner, que ahora volvieron al Gobierno, que juran que la leyenda es real. La historia cuenta que, en algún momento de 2007, el entonces jefe de Gabinete le puso una sóla condición a Cristina, que se preparaba para asumir su primer mandato, para aceptar continuar en su cargo: que le pidiera la renuncia a De Vido. Juran que ella aceptó, y que incluso el entonces ministro lo sabía, pero que Néstor, en lo que sería un adelanto del doble comando que continuaría hasta la muerte del ex presidente, intervino a último momento y forzó la situación a favor de su íntimo amigo. Dicen que desde entonces el odio entre Fernández y De Vido es personal y mutuo.

Incluso, hasta poco antes de asumir el cargo, Alberto contaba en privado que el ex ministro, y también Moreno, eran los “ejemplos” de lo que el kirchnerismo “había hecho mal”. Una suerte de símbolo de lo “malo” desde donde construir un relato nuevo. Entre eso, el pasado de enemistades, y que Fernández acababa de bajarse del avión luego de una gira exitosa por Europa cuando el tema estalló, fue que surgió la bronca que habitó por estos días en el despacho presidencial. El lunes 10 por la mañana, incluso, colaboradores íntimos intentaron calmarlo y le imploraron que no saliera a tirar más leña al fuego. No pudieron con el ADN impulsivo del Presidente. “Les pido a los nuestros que no sean tontos, esto es un debate semántico, saben lo que pienso”, dijo esa mañana el Presidente, y reavivó la interna.

Hoy el Gobierno es un laberinto. Muy cerca del Presidente hierven contra las presiones de De Vido, del que piensan que no es casual que reavive el tema en unas semanas complicadas por el pago de la deuda y con una visita del FMI en el país. “Lo que hace es extorsivo. Manda el mensaje de que o lo liberás o te arma quilombo”, cuenta un íntimo amigo de Fernández. “¿Con qué lo puede extorsionar Julio? Está detenido y sin poder. Esas son fantasías del Gobierno”, le retruca un abogado que suele pasar por la chacra de Zárate.

Pero el debate es más profundo. La línea que divide a los que piensan que hay presos políticos de los que no es clara. Entre los primeros está el kirchnerismo duro, que incluye a dos ministros de Fernández, y en el otro, políticos que durante años estuvieron enemistados con CFK, como Felipe Solá, Santiago Cafiero, Gabriel Katopodis, o el propio Alberto. “Nos rompe las pelotas que ministros nuestros salgan a contradecir al Presidente en público”, asegura un hombre con despacho en la Rosada. La bronca, en especial, es con la ministra de la Mujer, Elizabeth Gómez Alcorta. Alberto se reunió con De Pedro y zanjaron la discusión, igual que con Cafiero, el gran apuntado por De Vido. Dentro del Gobierno admiten que el ministro “la pifió” con sus dichos.

Sin embargo, la sensación flota en el aire. “Hoy el Presidente quedó debilitado. No te pueden contradecir tanto, a poco de asumir. Hay que cuidarlo”, dice un histórico de Fernández, y también hace referencia a la polémica con Sergio Berni, a quien no se ve con mucho futuro en el cargo. “Es que el peronismo está en ebullición”, sintetiza Moreno. Ahí está la verdadera amenaza de los detenidos: agigantar las internas de un gobierno dividido.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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