Monday 9 de February, 2026

POLíTICA | Hoy 07:20

El análisis de Sturzenegger sobre el acuerdo comercial de Argentina con EEUU

El ministro defendió el pacto con EEUU como clave para bajar costos, ampliar exportaciones y consolidar la apertura económica del gobierno de Milei.

El acuerdo comercial firmado entre Argentina y Estados Unidos fue presentado oficialmente esta semana por el vocero presidencial Manuel Adorni y el canciller Pablo Quirno, pero su interpretación más profunda llegó de la mano de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y uno de los principales ideólogos económicos del Gobierno de Javier Milei.

En un extenso hilo de 13 mensajes publicado en X, Sturzenegger definió el tratado como “el tercer hito de liberalización comercial de este gobierno”, que se suma a los acuerdos con EFTA y con la Unión Europea–Mercosur. Pero el funcionario fue más allá del anuncio: desmenuzó actores, lógica estratégica y consecuencias estructurales del pacto.

La dimensión política

Desde el inicio, Sturzenegger puso el foco en la dimensión política del acuerdo. “La medalla se la lleva en un ciento por ciento el presidente Javier Milei, por su alineación internacional y su segundo (muy debatido) discurso en Davos”, escribió. Según su lectura, ese discurso no tuvo como objetivo “vender los productos de Argentina”, sino “torcer el debate internacional de ideas”.

En esa clave, el tratado aparece como consecuencia directa de una definición ideológica: “Su segundo discurso selló la alianza estratégica e ideológica con los valores de la democracia republicana del mundo occidental”, sostuvo el ministro, adjudicándole al Presidente “todos los laureles” del pacto.

Los arquitectos del acuerdo

El análisis de Sturzenegger también subraya el entramado técnico detrás de la firma. Destaca el rol del canciller Quirno, “que con su determinación y claridad logra convertir cosas complejas en simples”, y del embajador argentino en EE.UU., Alejandro Oxenford, además del equipo de Cancillería.

En el plano económico, señala el liderazgo del ministro de Economía Luis Caputo en el diseño de la política comercial, junto al secretario coordinador de Producción Pablo Lavigne. Y en el corazón regulatorio, el propio Ministerio de Desregulación, con Alejandro Cacace y el armado de normas sobre propiedad intelectual, datos y comercio digital.

Este conjunto de personas es el que logró un tratado que abre importantísimas oportunidades para Argentina”, resumió.

Comercio digital

Uno de los capítulos más novedosos del acuerdo es el de comercio digital. Sturzenegger remarcó que el tratado reconoce a Estados Unidos como “jurisdicción adecuada para la transferencia transfronteriza de datos, garantizando libre flujo de información y confianza jurídica”.

Además, valida firmas electrónicas certificadas bajo la ley argentina, lo que “debería agilizar el uso de la firma digital”. En su lectura, el impacto es estructural: “Argentina da un salto de calidad en su infraestructura digital, sin intervención estatal ni inversión necesaria”, comparándolo con el efecto de la llegada de Starlink.

La conclusión es explícita: “Integrarse al mundo hoy es integrar los datos, no solo las aduanas”.

Propiedad intelectual y patentes

El núcleo más sensible del análisis está en propiedad intelectual. Sturzenegger fue directo: “Argentina está a mitad de camino” respecto de las reglas básicas del comercio internacional. Y atribuyó ese rezago al “accionar de la casta”.

En medicamentos, cuestionó la resolución 118/12 que restringía la patentabilidad, y en semillas, la imposibilidad de patentar innovaciones biotecnológicas. “Tenemos uno de los sectores agrícolas más innovadores del mundo y no protegemos nuestras propias innovaciones”, escribió.

Sobre el agro, fue contundente: “La normalización de la propiedad intelectual en semillas tiene el potencial para duplicar nuestra producción agraria en la próxima década. Es quizás la reforma estructural más importante desde la siembra directa”. Y aclaró: “Se hace un corte: lo que está, está. Ningún productor se va a ver afectado en la manera que hoy hace su negocio”.

La verdadera apertura

Más que los aranceles, Sturzenegger enfatizó el impacto de la convergencia regulatoria. Citando al economista jefe del Banco Mundial, Indermit Gill, recordó que “una tarifa puede afectar el comercio, un estándar directamente lo cierra”.

El acuerdo avanza en el reconocimiento mutuo de certificaciones: “Si un medicamento está aprobado por la FDA, se reconoce su certificación sin necesidad de hacer nada más”. Para el ministro, allí está “la verdadera apertura”, porque elimina “murallas burocráticas” que aislaban al país.

Lógica productiva

En cuanto al acceso al mercado estadounidense, Sturzenegger explicó que no se trató de “abrir por abrir”. La pregunta central fue: “¿Qué cosas está Argentina en condiciones de producir a escala para el mercado americano?”.

El resultado incluye aperturas en medicamentos, cadena aeronáutica, floricultura, madera, minería y textiles. Solo en litio, té negro y hormonas, estimó una ampliación de mercados de “cerca de 300 millones de dólares”.

Además, destacó un punto clave: “Logramos consolidar el 10% como arancel recíproco para todo el nomenclador, el más bajo entre todos los países”, muy por debajo de Brasil.

Mercado interno: apertura como conquista

Finalmente, Sturzenegger rechazó la idea de que la apertura argentina sea una concesión. “La apertura nuestra es una conquista”, escribió. Enumeró beneficios concretos: maquinaria más barata, insumos industriales más accesibles, equipamiento médico, autopartes y una caída sostenida en los precios de la ropa.

Incluso en el sector automotor, donde el impacto cuantitativo es limitado, subrayó el efecto en seguridad vial: “Un parque automotor más moderno es fundamental para salvar vidas”.

En su conjunto, el hilo de Sturzenegger funciona como algo más que una explicación técnica. Es una defensa ideológica del acuerdo con EE.UU. como pieza central de una estrategia de reinserción global, basada en reglas, propiedad intelectual, apertura regulatoria y alineamiento político. Un texto que, más que vender el tratado, busca inscribirlo en un cambio de época.

por R.N.

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