Wednesday 22 de May, 2024

POLíTICA | 19-02-2023 08:25

El peligro de que se rompa Juntos por el Cambio

Los principales dirigentes están atentos a garantizar la unidad de la coalición. Las advertencias de Carrió, Macri y Pichetto.

Que se doble, pero que no se rompa. Ese es el objetivo de Juntos por el Cambio para la campaña que llevará a la oposición hasta las PASO. El peligro es que la feroz batalla por convertirse en candidatos termine por hacer volar por los aires a la coalición opositora.

Eso advirtió Elisa Carrió antes de tomar la decisión de volver del retiro: “Voy a ser candidata”, anunció. Y argumentó con extraña lógica: “Lo voy a hacer para garantizar la unidad de Juntos”. Como si una candidatura más además de las que ya hay (Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, María Eugenia Vidal, Facundo Manes, Gerardo Morales y la posibilidad latente de que incluso se sume Mauricio Macri) pudiera fortalecer a la coalición en vez de seguir debilitándola. El propio Macri también se muestra preocupado por el nivel de agresividad y suele hablar con sus interlocutores de que los dirigentes deben garantizar una campaña sin golpes bajos. Todos asienten, pero nadie está del todo convencido de que pueda suceder.

Reglas. El 14 de agosto, una vez que hayan sucedido las PASO y la lista de candidatos se haya reducido a uno por coalición, se habrán acabado las disputas. Los dirigentes tendrán que tragarse las polémicas que hayan lanzado contra sus pares en plena campaña para acompañar al ganador. Pero falta mucho para ese momento: un semestre de tensiones puede ser demasiado.

Para que la alianza opositora no se quiebre, algunos de sus dirigentes trabajan en un conjunto de reglas que amplíen el reglamento interno, donde están los lineamientos generales. Una especie de acuerdo electoral, pero al que todavía no han adherido todos. Las caras visibles de este compendio de normas son Gerardo Morales por la UCR y Elisa Carrió por la Coalición Cívica.

El punto más relevante que le exigen al PRO es que, a diferencia de la gestión de Mauricio Macri, haya una “coalición de Gobierno”, no sólo electoral y parlamentaria. Es decir, que los partidos que conforman el espacio tengan real poder en Casa Rosada.

Hay otros puntos que todavía son objeto de debate. Uno de ellos es la idea de las “fórmulas cruzadas” para generar un sistema de contrapesos en Juntos. De hacerse realidad, sería otra diferencia con respecto a la elección 2015, donde triunfó el PRO con Macri y Gabriela Michetti. De esa manera, no se van a resentir los partidos políticos.

Por expreso pedido de Carrió, en el acuerdo electoral tiene que haber transparencia en el financiamiento de la campaña. Es algo que desvela a la líder de la Coalición Cívica y que genera trastornos en su equipo de trabajo en cada año electoral, ya que tienen que cuidar al extremo cada detalle. Si un dirigente los invita desde el interior, averiguar todo sobre ese candidato; si viaja en un avión privado, que el dueño no haya sido denunciado por la ex diputada. Un trabajo difícil.

El tema del financiamiento es algo que también preocupa al ex presidente Macri. En su caso, por las diferencias que nota entre los dos aspirantes del PRO: Horacio Rodríguez Larreta, que tiene al gobierno de la Ciudad como plataforma de lanzamiento; y Patricia Bullrich, que debe recurrir a almuerzos y cenas con empresarios para reunir los aportes necesarios.

De hecho, en el larretismo protestan por lo bajo por los gestos que tiene el ex presidente con la titular del PRO en su afán por equilibrar las cosas. De todas maneras, Macri no sólo se preocupa por los aportes de campaña. En las visitas que Larreta y Bullrich tuvieron a Cumelén, repitió una premisa: que la disputa sea sin chicanas. Además de candidato en estado latente, él quiere ser el fiscalizador de la contienda.

La tensión también irá en aumento en el radicalismo. Ni Morales ni Facundo Manes dan el brazo a torcer y aspiran a la presidencia. El jujeño había propuesto una interna para definir la candidatura del centenario partido, pero no lograron acordar los términos. “Ya asumimos que iremos a las PASO con más de un candidato”, se lamentan cerca del gobernador. En el otro rincón también hay enojo: “El problema de Gerardo es que no sabes si te habla como líder del partido o como candidato. Se mezcla todo”, señalan cerca del neurocientífico. Reina la desconfianza entre ambos.

Caudillos. El análisis de la situación que vive Juntos por el Cambio es similar en todas las mesas de trabajo. Es que a Alberto Fernández le fue tan mal en la gestión que son muchos los que se subieron a la carrera presidencial. “Estamos repletos de caciques”, dice risueño uno de los armadores de la oposición. Eso también preocupa. 

“En este momento Juntos por el Cambio está en dificultades. Tiene que analizar la teoría del liderazgo”, dijo Miguel Pichetto en una entrevista con TN días atrás. Y agregó: “Tenemos que tener consolidado un liderazgo importante. El líder y la propuesta son los dos grandes temas de la lucha por el poder”.

Desde el interior también llega esa exigencia. Es que al no haber definiciones, se desordenan los armados opositores en las provincias: de hecho hay distritos donde Juntos por el Cambio podría quebrarse y otros donde ya hay ruptura (ver recuadro). "Si hubiese un liderazgo consolidado a nivel nacional podés incidir, ayudar y ordenar las provincias. Si lo tenés abierto, se pierde gravitación”, agregó Pichetto al respecto.

Con la excusa de “garantizar la unidad” de Juntos por el Cambio es que Carrió se subió a la contienda electoral. “Lilita” anunció los primeros días de febrero que decidía volver del retiro y postularse para que no haya “un debate a muerte” en la oposición. “No pretendo ganar”, concluyó luego. Una extraña manera de presentarse.

Eso sí, más allá del anuncio prematuro, la líder de la Coalición Cívica avisó que recién en mayo empezará la campaña. Otros equipos de trabajo estiman que la carrera oficial comenzaría en marzo, con los lanzamientos de los precandidatos.

El peligro de que la interna se vuelva feroz es no sólo provocar la implosión de la coalición, sino también descuidar al verdadero rival: el Frente de Todos. “No se puede subestimar al Gobierno”, se repite en cada una de las reuniones. Todos están de acuerdo, pero la tensión hace que la lucha intestina de Juntos concentre gran parte de la atención.

Sanción. Para evitar conflictos mayores, a fines de enero los presidentes de los partidos que integran la alianza opositora firmaron un acuerdo en la sede porteña del PRO. El comunicado se titula: “Se sancionará a los dirigentes de la coalición que incumplan la resolución de la Mesa Nacional que establece las reglas internas". Concluye el texto: “En caso de incumplimiento de la resolución que establece el reglamento interno de la Mesa Nacional y las estrategias nacionales y provinciales, los dirigentes que no cumplieran serán sancionados y no podrán utilizar la siglas de Juntos por el Cambio en alianzas, colectoras o lemas”.

Una semana después, el 6 de febrero, en una nueva reunión de la coalición se resolvió armar una mesa política para debatir las tensiones que surgieran de las candidaturas. El encuentro no estuvo exento de chicanas: que la UCR se alió con un senador K en Río Negro y que el PRO no apoya a Juntos en Neuquén, entre otras.

Días antes, la larretista Florencia Arietto había cruzado a Bullrich en un programa de tevé. “Patricia pide utilizar el ejército y después, cuando haya una montaña de muertos, los van a condenar por violencia institucional. No funciona así”, dijo, previo a meterse con un tema delicado para la precandidata del PRO: “No se puede dejar muertos en todos los desalojos como Maldonado en Cushamen y Nahuel en Mascardi”. Bomba.

Bullrich respondió, Arietto pidió disculpas, Fernando Iglesias la insultó por privado y la tensión escaló una vez más. Fue apenas una muestra del fuego amigo que puede incendiar la campaña.

El año pasado ocurrió un cruce entre Macri y Manes que preocupó. El ex presidente dijo que Hipólito Yrigoyen había sido populista. Luego el neurocientífico contestó que quien había hecho “populismo institucional” fue él. Entonces el PRO acusó al radicalismo de querer romper Juntos y viceversa. Un festival de incriminaciones.

En la oposición confían en la madurez de sus dirigentes. Pero están atentos a marcar los límites para que la coalición no explote en la campaña que comienza. La premisa es que el fuego amigo no incendie a Juntos por el Cambio.

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Carlos Claá

Carlos Claá

Periodista político

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