Domingo 22 de mayo, 2022

POLíTICA | 01-05-2020 00:11

El poder fantasmal de Cristina Kirchner

El crecimiento de Alberto F la puso en segundo plano, pero influye. Su avance contra la Corte y la preocupación por la cuarentena. Quiénes son sus leales.

Cuando Cristina Kirchner eligió a Alberto Fernández como candidato presidencial estaba en una situación asfixiante. Una de sus pocas actividades semanales era visitar los tribunales de Comodoro Py y su hija estaba en Cuba con graves problemas de salud. El peronismo no la quería, los empresarios la despreciaban y los sindicatos la ignoraban. Lo único que tenía era un importante caudal de votos que se veía reflejado en la presentación de su obra, “Sinceramente”, en la Feria del Libro. Aquella marea de seguidores lastimaba a cualquier candidato, pero no alcanzaba para ganar una elección. Sobre esa necesidad surgió el proyecto de Alberto Fernández presidente. Se anunció el 18 de mayo del 2019 y Cristina se convirtió en la gran estratega de la política argentina, dando un paso al costado, muy cortito, para sumar a un candidato más “friendly”, pero condicionado por la falta de electorado propio. Alberto Fernández era un aglutinador de intereses, que podía juntar a Cristina Kirchner con Sergio Massa y los gobernadores sin que termine todo en una discusión por heridas viejas. Logró lo que más temía el macrismo: unir al peronismo.

A casi un año del anuncio de la fórmula presidencial, el escenario político es otro. La pandemia del coronavirus dejó postergada la figura de CFK y colocó a Alberto Fernández en un lugar inmejorable: 79% de imagen positiva y sólo 19 de negativa, según la consultora Opina Argentina. Para tener un punto de comparación, en enero de 2016, cuando Mauricio Macri estaba en su mejor momento presidencial, su imagen positiva rondaba el 70%.

Hoy, la vicepresidenta, en cambio, conserva altos niveles de rechazo: tiene 52% de imagen negativa y 46% de imagen positiva, según la misma encuestadora.

Un año atrás, de acuerdo a ese estudio, Alberto Fernández tenía un 38% de imagen positiva y 46% de imagen negativa, con un alto porcentaje de desconocimiento, mientras que CFK ostentaba más o menos los mismos números que hoy. Es decir que el Presidente está capitalizando la crisis del coronavirus, al igual que el jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, quien también tiene niveles de aprobación que superan el 73%.

Secretos entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof

Hola Cristina. El silencio de CFK es sólo hacia afuera. En privado no deja de hablar con Máximo, Fernández, Axel Kicillof y los intendentes bonaerenses, a quienes llamó de a uno al regresar de Cuba. La lista de llamados incluyó a viejos soldados K de la provincia en la que CFK conserva su capital político, como Jorge Ferraresi (Avellaneda), Mario Secco (Ensenada) y Pablo Zurro (Pehuajó), quienes publicaron el llamado en Twitter con foto incluida, pero también a poderosos alcaldes peronistas del Conurbano perfectamente alineados con Alberto Fernández pero menos adeptos a la conducción de Axel Kicillof.

En algunos casos, el interrogatorio se extendió durante más de media hora: “¿Cómo estás, querido? ¿Cómo ves la situación? ¿Qué te falta? ¿Están llegando los alimentos para los comedores? ¿Cuántas camas tenés? ¿Y respiradores?¿Alcanza tu sistema de salud? ¿Cómo está la recaudación? ¿Qué necesitás?”, preguntó Cristina a cada uno, cambiando el tono según el grado de confianza con el interlocutor. Y al final pidió: “Cualquier cosa, llamame”.

“Cristina está muy preocupada por la asistencia social y por saber si teníamos los recursos para enfrentar esta situación”, contó a NOTICIAS uno de los intendentes del PJ que recibió su llamado. “Quería saber si la asistencia era suficiente”, dijo otro.

Entre los “elegidos” de CFK estuvieron también intendentes menos cercanos, como Fernando Gray (Esteban Echeverría), Gustavo Menéndez (Merlo), Luis Zamora (Tigre), Mariano Cascallares (Almirante Brown) y Juan Zabaleta (Hurlingham), con quien hacía un año que no hablaba. “Fue muy importante que me llamara, lo sentí como un llamado de solidaridad, consulta y preocupación”, contó “Juanchi”, un armador directo del Presidente.

También Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas) y Alberto Descalzo (Ituzaingó) hicieron visibles sus contactos con la presidenta del Senado. Descalzo contó que Cristina estaba no sólo preocupada si no también “ocupada” por la situación económica y social del Conurbano, donde se concentra la mayor cantidad de trabajadores informales (hoy frenados por la estricta cuarentena presidencial) y de asistidos alimentarios, que aumentaron de 8 a 11 millones por la pandemia.

Aunque dicen que el contacto es permanente, el Presidente se esforzó por remarcar que también él habló con Cristina en esas 48 horas de intensos llamados hacia la provincia. “Presidente, nos dijeron recién que estaba hablando por teléfono, ¿alguna comunicación importante?”, le preguntó en una entrevista por la TV pública su directora, Rosario Lufrano, a quien Fernández conoce desde que la eligió interventora del canal cuando era jefe de Gabinete de Néstor Kirchner. “Estaba hablando con Cristina, que no habíamos hablado en todo el día, y le estaba contando un poquito algunas cosas y algunos comentarios que me había hecho ella de comentarios que le llegaron, de cosas que había leído. Siempre hablamos y siempre intercambiamos opiniones”, respondió el mandatario al “centro” de la periodista y funcionaria nacional.

Pocos días después, Cristina se reunió con el Presidente y él mismo lo hizo saber: “Vino a visitarme a Olivos para trabajar sobre algunos temas puntuales. Hablo con ella siempre. Somos amigos, hay que entender también eso, ¿no?”, dijo en diálogo con Radio Ciudad. Reconoció que CFK llegó con ideas, porque “siempre tiene cosas para aportar”, y que tienen miradas diferentes sobre la estrategia para contener la propagación del virus, como saben todos puertas adentro. “A veces estamos de acuerdo, a veces no. Pero yo siempre la escucho con mucha atención, por su experiencia y capacidad, es una mujer de una gran capacidad y de una gran inteligencia”, intentó minimizar Alberto las diferencias.

Liderazgos. En Buenos Aires, la mayoría coincide en que “Cristina sigue siendo la líder natural en la provincia” y explican que el silencio que mantiene hacia la opinión pública es parte del aporte que está haciendo contra la pandemia. “Así como se corrió para ganarle a Macri, ahora tomó la postura que necesitamos para mantener la unidad y darle gobernabilidad a Alberto, que se convirtió en el comandante en jefe de la pandemia”, resume un experimentado intendente. La magnánima frase que le escucharon a ella es: “No puede haber dos cabezas en medio de una crisis”.

En la provincia, las explicaciones de los más cristinistas al silencio de la líder son halagos: “Si no habla no es porque no tenga nada para decir, sino porque es una estadista”, dice uno de ellos. Y agrega: “No existe el fantasma de Cristina, lo que percibe hoy la gente es que Alberto es el conductor”. Y fue ella quien lo eligió. Aunque lo cierto es que, descolocada por la pandemia, detrás de sus últimos movimientos se transparenta la intención de recobrar la iniciativa política: pelea con la Corte, charlas por lo bajo con los intendentes, críticas a la cuarentena y avanzada por los “presos políticos” en busca de inmunidad judicial (ver recuadro). 

Cristina, Alberto y Horacio

Kicillof es otro capítulo. No hay consenso sobre el accionar del economista preferido de CFK, a quien amadrinó en la campaña y sigue de cerca en la gestión. Intendentes opositores pero también propios lo critican en off por sus excesivos controles sobre las cajas municipales, la “falta de conducción política”, su perfil muy técnico y poco pragmático, y hasta su “equipo de inexpertos”.

“¿Sabés lo que pasa con las críticas al gobernador?”, preguntó a NOTICIAS un intendente del team Kicillof con ganas de explicar la cuestión: “Todo tiene que ver con la guita y Axel no es mago. Heredó una provincia complicada y lucha permanentemente ante el Presidente para conseguir recursos, porque sin recursos no le podés dar ninguna respuesta que le sirva a los intendentes”.

En defensa del gobernador y su jefa política, también marcan diferencias de criterios a la hora de asistir a sectores afectados: “Alberto le dio ayuda a los privados y Axel creó un fondo para ayudar a pagar los sueldos municipales”. Es el Fondo Especial de Emergencia Sanitaria para la contención Fiscal Municipal de $ 1.000 millones que Kicillof creó con aportes de rentas provinciales y, sobre todo, con giros del tesoro nacional.

Cristina coincide con los intendentes que ya imaginan un futuro igual o más difícil de afrontar que el pico de contagios de Covid-19: “Lo que viene va a ser la pandemia de la economía”, resume uno de ellos. Y agrega que también existe una infodemia destinada a complicar al Gobierno, liderada por “el macrismo residual y oligopolios mediáticos que quieren meter mecha para que esto se incendie”.

A ese grupo minúsculo también lo acusan por las furiosas críticas contra los médicos cubanos que llegarán a la provincia por la buena relación de CFK con el gobierno de esa isla que le brindó tratamiento a su hija (ver nota en página 72). “Si hubieran sido uruguayos estarían todos aplaudiendo”, dice un cristinista para marcar el contenido político de la queja. 

Fantasmal. El silencio que eligió Cristina empezó en los primeros 15 días de la cuarentena, cuando decidió aislarse apenas regresó de Cuba con su hija, a pesar de que ese país no era considerado de riesgo. Los mal pensados relacionaron ese silencio con otras reacciones similares del kirchnerismo, como cuando sucedieron las tragedias de Cromañón, en 2004, o de Once, en 2013. En ambas situaciones, la política comunicacional del Gobierno fue preservar la figura presidencial.

El corrimiento de CFK se reflejó incluso en su cuenta de Twitter, donde abandonó los largos hilos y las reflexiones sobre el ordenamiento mundial para limitarse a publicar efemérides durante el mes más convulsionado de la Argentina. El único mensaje que dio relativo a la pandemia fue el publicado el 20 de marzo, el día que comenzó el aislamiento social preventivo y obligatorio decretado por Alberto. “Les quiero pedir que se cuiden y que cuiden a los demás respetando el aislamiento preventivo en sus casas. Los y las quiero mucho”, escribió desde La Habana.

Con el paso de los días, Cristina decidió dar algunos golpes de efecto. El primero fue a través de Máximo Kirchner, aprovechando el enfrentamiento de Alberto Fernández con Paolo Rocca por el despido de 1.450 trabajadores de Techint, que colocó al Presidente en el lugar histórico del kirchnerismo de enfrentamiento con los empresarios. Así, el hijo de CFK avanzó con la idea de un proyecto de ley para las grandes fortunas. Entre las versiones que surgieron del proyecto, trascendió que el impuesto extraordinario sería para aquellos ricos con más de US$ 3 millones y alcanzaría a 12 mil contribuyentes. Lo que no se aclaró es si esos US$ 3 millones se calcularán sobre el patrimonio total o sobre las tenencias en esa moneda. Porque si se tomase el patrimonio completo, el propio Máximo podría entrar en la lista. En su última declaración jurada, de 2018, sus bienes a valor fiscal ascendían a $ 143 millones (más de US$ 2 millones si se toma el cambio oficial). Y el valor real de su patrimonio está muy por encima de los US$ 3 millones.

El impuesto a los ricos que impulsó CFK disparó controversias dentro de la coalición de Gobierno, empezando por el diputado Sergio Massa y el propio Alberto Fernández, quienes tienen muchos amigos dentro del establishment. Entre ellos están el banquero Jorge Brito y la familia Eskenazi, dos de las grandes fortunas del país. Massa ya le adelantó a Facundo Moyano que el proyecto no será aprobado por Diputados, donde no hay mayoría del oficialismo en las comisiones que deberán discutirlo.

Cristina, para sumar polémica, arremetió contra un viejo enemigo suyo como la Corte Suprema, exigiéndole una suerte de aval para que el Senado pueda sesionar de manera online y que lo que allí se legisle no sea impugnado en futuras presentaciones. El tema aún está por resolverse, pero el procurador general ya dictaminó en contra del pedido de CFK. En esta discusión también terció el ex juez de la Corte Raúl Zaffaroni, uno de los asesores legales de la ex presidenta: “Creo no equivocarme si digo que se trata de una cuestión política no judiciable, o sea, que en función de la separación republicana de los poderes, ni la Corte, ni ningún juez podría entrometerse en lo que es exclusivo de otro poder del Estado”, afirmó en un reportaje con Página/12. Sin embargo, en su respuesta también amplió una idea que se acerca más a la búsqueda que está haciendo la directora jurídica del Senado y también abogada de Cristina, Graciana Peñafort. “Si la Corte resolviese de esa manera, quedaría claro que en el futuro no sería viable ninguna objeción a una ley en base a la forma en que el Congreso decidió sesionar, con lo cual, en este aspecto, se otorgaría seguridad a las leyes que se sancionen”, argumenta. La discusión sigue abierta y en la oposición lo ven como una forma tramposa de ganar tiempo para que el Gobierno legisle por decreto. Mientras tanto, la oposición denuncia que el Gobierno abusa de la situación para mantener el Congreso cerrado.

Cristina Kirchner

Poder. La fuerza de Cristina no está solo en el Conurbano. Dentro de la administración que comanda Alberto Fernández tiene un grupo de incondicionales que se formaron en las artes de administrar el Estado durante la era K. El ejemplo más claro es el del ministro del Interior Eduardo “Wado” De Pedro, el dirigente de La Cámpora al que Alberto sentó a su derecha en las últimas conferencias.

El diputado Eduardo Valdés suele repetir una idea sobre la relación entre Alberto y CFK: “Una forma de medir la temperatura de la relación es saber si ‘Wado’ de Pedro, Kicillof y Máximo Kirchner están yendo seguido a verlo a Alberto. Si eso sucede es porque el vínculo con CFK está extraordinario”. El aporte de Valdés resulta invalorable para analizar la relación entre el Presidente y su vice de aquí en adelante.

La pandemia descolocó a Cristina. Un segundo plano que desde su entorno intentan explicar como una ayuda para no opacar la figura presidencial.

Habrá que ver si, luego de que pase esta crisis, CFK sigue manteniendo ese lugar de colaboradora fantasmal o intentará fortalecer su espacio. Sus movidas detrás de escena permiten conjeturar que todavía se ilusiona con 2023.

por Daniela Gian y Rodis Recalt

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