Un breve cruce de saludos entre Santiago Caputo y Eduardo "Lule" Menem volvió a poner en primer plano la interna de La Libertad Avanza. El episodio se dio durante la jura de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete, en el Salón Blanco de la Casa Rosada, donde ambos protagonizaron una postal de cordialidad pese a ser señalados como referentes de facciones enfrentadas dentro del oficialismo.
La escena reavivó la pregunta que circula hace meses en Balcarce 50: si el vínculo entre el asesor presidencial y el segundo de Karina Milei puede recomponerse o si los gestos públicos son apenas una puesta en escena para bajar la tensión.
La disputa entre ambos sectores escaló fuerte en mayo, cuando estalló un conflicto en redes sociales a partir de una cuenta anónima que atacó a Caputo y a su colaborador Manuel Vidal. El hallazgo de un enlace vinculado a la cuenta de Instagram de Martín Menem, primo de Lule y presidente de la Cámara de Diputados, encendió la mecha. Caputo llegó a publicar capturas de pantalla en su cuenta de X, lo que derivó en una guerra digital que involucró a Las Fuerzas del Cielo, el brazo de militancia online alineado al asesor.
Como respuesta a esa escalada, el propio Javier Milei intervino para bajar el tono y describió a Caputo como "un hermano", mientras que Martín Menem sostuvo que ese tipo de diferencias "se resuelven en el vestuario". Poco después, Caputo subió a X una fotografía dándose la mano con Lule Menem, en lo que se interpretó como una tregua tras el Tedeum del 25 de Mayo.
Esa reconciliación pública, sin embargo, no logró disimular las diferencias de fondo. Según trascendió, en la Casa Rosada consideran que el vínculo entre ambos sectores sería prácticamente irreparable, más allá de las fotos y apretones de manos que se repiten en cada acto oficial. Las tensiones también se trasladaron a la gestión, con cruces por el armado de listas, el reparto de cargos y la estrategia de campaña tras la derrota libertaria en las elecciones bonaerenses.
La aparición de Lule Menem en la jura de Santilli se dio en un contexto particular: el dirigente riojano había quedado en un segundo plano tras el escándalo de coimas que salpicó a la Agencia Nacional de Discapacidad, mientras Caputo consolidaba su influencia sobre buena parte del organigrama de poder. La designación de Santilli, en reemplazo de Manuel Adorni, reabrió la discusión sobre quién controla la estrategia política de cara a la reforma electoral y legislativa que impulsa el Gobierno.














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